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El fact-checking no salvará a las redes sociales de las fake news

¿Seguiste las últimas elecciones presidenciales de Estados Unidos a través de las redes sociales? Si es así, es posible que notaras un cambio importante en plataformas como Twitter: el fact-checking de varios tuits, con el objetivo de intentar asegurar la veracidad de la información contenida.

El tablero de juego está dispuesto: el coronavirus, la pandemia, los negacionistas, las protestas de Black Lives Matter, los conspiranoicos, elecciones, populismos, etcétera. Toda una suerte de desinformación inunda las redes y algunas de las grandes empresas tecnológicas decidieron hacer frente con un sistema de fact-checking y el uso de la inteligencia artificial. ¿Funciona?

El derecho a la libertad de expresión

Cuando hablamos del derecho a la libertad de expresión, debemos tener muy presente que nuestra libertad de expresar algo no nos exime de nuestra responsabilidad de asegurar la veracidad y madurez de nuestras afirmaciones. Como ciudadanos, somos y debemos ser capaces de comunicarnos a la altura de las circunstancias, evitando toda aquella información que no haya sido contrastada o donde las fuentes sean desconocidas.

La inmediatez de las redes sociales y su anonimidad inherente son un obstáculo para un debate reposado y para el uso de información con fuentes fidedignas. Hasta el momento, cualquiera ha podido subir material a las redes sin la necesidad de contrastar nada. Los límites eran el discurso de odio, contenido altamente sensible, contenido ilegal, amenazas y otras barreras rojas.

¿Quién debe categorizar una afirmación como discurso de odio? ¿Quién debe censurar las redes? ¿Hasta qué punto? ¿Con qué objetivo? ¿Cuál es la barrera que separa la libertad de expresión de la censura? Pues bien, el debate sigue abierto y, sobre todo, después del fact-checking que Twitter implementó en su red, donde saltó en más de una ocasión con los mensajes del candidato republicano a la Casa Blanca, Donald Trump.

El ejemplo de Twitter y la inteligencia artificial

En este tuit, Donald Trump se hacía partícipe de la decisión de Twitter respecto a sus tuits en plenas elecciones.

Twitter está ahora interfiriendo en las elecciones presidenciales. Dicen que mi declaración sobre las papeletas por correo, las cuales conducirán a una corrupción y fraude masivos, es incorrecta, basada en el «fact-checking» por Fake News CNN y el Amazon Washington Post… […] Twitter está oprimiendo la libertad de expresión, y yo, como presidente, no toleraré que ocurra.

En toda esta algarabía de opiniones a favor del fact-checking, opiniones en contra y acusaciones de censura por aquí y por allá, se levantan varias voces que abogan por un control de la inteligencia artificial. Así, dicen, se garantizaría que la información que se comparte es verídica, basada en datos analíticos y lógicos que comparan estudios, gráficos e información para determinar si lo que se comparte en una red como Twitter es verdad o tiene algún fundamento

Otra propuesta es la utilización de un software o algoritmos automatizados para controlar las noticias falsas a la vez que la mano humana hace acto de aparición, algo similar a lo que está ocurriendo en estos momentos. Sin embargo, incluso así, se hace tremendamente complicado separar recursos lingüísticos irónicos, el contexto de la información compartida y otros factores que una IA podría malinterpretar, llevando a un descontrol total de la información a la que accedemos en red.

De todas maneras, la IA se basa en el aprendizaje de la información que recibe. Podríamos decir coloquialmente que come solo de lo que le dan. Si esa información está adulterada, ¿no lo estarían también sus conclusiones?

El dilema social

Otro de los conceptos que no muchos están dispuestos a admitir es el beneficio de estas fake news para muchos colectivos. Este hecho se expresa de una manera magistral en el documental de Netflix llamado The Social Dilemma (y de ahí el guiño del título de esta sección), dando a entender que la ingeniería detrás de muchas plataformas y redes sociales se basa en la maximización del beneficio mediante una captación de atención salvaje, independientemente de la veracidad y de los valores morales de la información compartida.

Se suele decir que la historia la escribe el ganador. En nuestro tiempo, podríamos actualizar esta cita y decir que la historia la escribe el que más dinero y, por ende, más poder, tiene. Y esto se ve muy claramente en la capacidad de monetizar campañas de aquellos con más recursos económicos, desequilibrando la balanza hacia un lado y creando una percepción sociológica errónea.

Por ejemplo, un estudio interno de Facebook descubrió que había más cuentas que publicaban contenido que se acercaba a la extrema derecha, cuando en general los estadounidenses se sitúan algo más a la izquierda del espectro político. Si esto es verdad, estaríamos uno de los mayores factores divisivos de nuestra sociedad actual, donde los intereses económicos son capaces de dividir a los ciudadanos de un país y donde «el otro bando» tiene menos poder para hacer frente a estos ataques.

Un internet libre

No olvidemos que las redes sociales no son organizaciones sin ánimo de lucro, todo lo contrario. Su subsistencia y su poder dependen de la capacidad de concentrar la atención de los usuarios a sus pantallas, haciendo que consuman una gran cantidad de publicidad en el proceso. Lamentablemente, muchas de esas fake news son una gran fuente de dinero y la difícilmente discernible barrera entre la libertad de expresión y la censura, y sumada la gran cantidad de información que se comparte a diario, hace que un control ético sea una labor de titanes.

Parece tan sencillo como incluir la inteligencia artificial en el chequeo constante del contenido que se comparte online, pero hay demasiados factores en juego y no se trata únicamente de dinero ni de las limitaciones propias de la IA. Hace muchos años, la promesa de la creación de internet nos acercaba a un horizonte de información libre. Lo que muchos no llegamos a vislumbrar por aquel entonces es que ese acceso a la información libre iba a ocultar monstruos tan horrendos en su interior.

Sin duda, el debate sobre la libertad de expresión en internet y las consecuencias de intentar controlar la información compartida seguirá durante muchos años.


Fuente:

Chu, H. (12 de junio de 2020). Automated fact-checking won’t stop the social media infodemic. Mashable. Obtenido de https://mashable.com/article/automated-fact-checking-misinformation

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