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Los niños programadores y su transformación de la realidad

Muchas veces desestimados por su edad y falta de experiencia, una nueva generación de niños y adolescentes utilizan sus habilidades en la programación para intentar cambiar el mundo que los rodea. Nacidos en una era en donde la computación forma parte de su vida diaria, algunos de ellos no se contentan con descargar una app o instalar un programa en sus computadoras: también se interesan por diseñar los suyos. Inquietos y curiosos por naturaleza, estos jóvenes programadores se destacan por crear nuevas aplicaciones tecnológicas que no solamente pueden lograr facilitarnos la vida, sino hasta preservarla.

 

La capacidad creativa e innovadora de los más jóvenes es una cuestión que la sociedad adulta generalmente pasa por alto. En el año 1968, el científico George Land condujo un estudio para medir los niveles de creatividad de 1.600 niños de entre cinco y seis años de edad. Utilizado originalmente para seleccionar a los ingenieros e investigadores más innovadores para ingresar a la NASA, los resultados de este test fueron sorprendentes. Mientras que a esa edad los niños contaban con un nivel de creatividad digno de un genio (98%), el puntaje de ellos al cumplir los diez años se redujo al 30%, mientras que al realizarlo nuevamente a sus 15 años de edad decreció hasta alcanzar sólo el 12%. El mismo examen se condujo en 200 mil personas que promediaban los 30 años de edad, los cuales apenas pudieron llegar al 2%…

 

Si tenemos en cuenta que este test se utiliza para determinar la habilidad de una persona para resolver un problema a través de ideas nuevas e innovadoras, sin dudas la creatividad de los niños y adolescentes no recibe la atención que se merece. Land asegura que esta progresiva reducción se debe a que las escuelas intentan fomentar en los alumnos la capacidad de desarrollar el pensamiento convergente y el divergente al mismo tiempo. Esto resulta en un conflicto que disminuye la fluidez de nuestra capacidad creativa, ya que el primero analiza las ideas a través de los procesos conscientes, mientras que el segundo lo hace con el subconsciente. Aquellos niños y adolescentes que –generalmente por iniciativa propia- se inclinan más por analizar la realidad utilizando el pensamiento divergente, son quienes se destacan por poseer un inusual talento creativo.

 

Actualmente, los jóvenes se relacionan con la tecnología a través de la utilización de software que llega a ellos como lo hace cualquier otro producto. Sin embargo, existe una minoría que disfruta el hecho de poder crear sus propias aplicaciones al programar el código base que éstas requieren para funcionar en cualquier sistema operativo. A veces considerados como nerds por sus compañeros de escuela, estos niños y adolescentes muchas veces terminan por desarrollar programas que resultan ser verdaderamente esenciales para el mundo moderno.

 

Generalmente, el interés de estos jóvenes por entender cómo funcionan los programas que utilizamos a diario deriva en la creación de nuevas aplicaciones que pueden llegar a sorprender hasta a los expertos más experimentados de Silicon Valley. Sucede que la meca de la industria tecnológica está dominada por personas que, tal como lo sugiere el estudio de George Land, ya pasaron la edad en donde su pico creativo se encontró en su punto más alto. Esto puede comprobarse en el gran nivel de imaginación y aguda percepción de la realidad que poseen los niños actuales.

 

Tal es el caso de Fiona Geary, una joven irlandesa que a los trece años de edad ya lleva ganados varios concursos de ciencias en su West Cork natal. Cuando contaba con tan sólo siete años creó un videojuego en donde el jugador debe ayudar a un alienígena a salvar a su planeta del cambio climático. Demostrando una gran sensibilidad humana, el año pasado Fiona programó una animación en donde se muestra el viaje que debió realizar un refugiado sirio para llegar hasta Irlanda. Actualmente, esta adolescente se encuentra trabajando en su sitio web, el cual ofrece la oportunidad de relajar nuestros sentidos constantemente bombardeados por mensajes de texto e información. Allí, el usuario puede calmarse haciendo clic en una bola de stress, realizar ejercicios de respiración o escribir aquellas cosas que lo estén angustiando.

 

El londinense Raphaël Wreford cree que la programación puede cambiar el mundo. Es difícil contradecirlo en una era en donde la Inteligencia Artificial ayuda a cirujanos a realizar operaciones de manera más eficiente, comanda robots que rescatan gente perdida en las montañas o ayuda a crear una vacuna para el Covid-19. Su proyecto para crear un videojuego especialmente diseñado para gente no vidente es una sólida prueba de que la programación puede generar cambios positivos en la realidad de otras personas.

 

Las motivaciones de Adarsh Ambati -un joven californiano de 15 años de edad- para interesarse seriamente en la programación comenzaron cuando, tiempo atrás, su madre debió ser hospitalizada por un bloqueo arterial en su corazón. Adarsh notó que su recuperación se complicaba debió a la gran cantidad de cables que se hallaban conectados a su cuerpo para monitorear sus signos vitales. Decidido a ayudarla, el muchacho trabajó durante nueve meses hasta que consiguió diseñar un aparato inalámbrico el cual, a través de una aplicación, les envía a los médicos el estado de salud del paciente. Si bien su pasión por la programación comenzó por motivos personales, Adarsh actualmente se encuentra desarrollando un dispersor ecológico para evitar el derroche de agua al regar el césped.

 

Si bien su uso de la computación no se caracteriza precisamente por generar una aplicación práctica para los demás, las habilidades del joven londinense Nico Papamichael resultan tan simpáticas como propias de su edad. Además de modificar una tarjeta de seguridad de su club de natación para encender la linterna de su iPhone, este precoz hacker de 13 años se divierte modificando el código de MineCraft para ganar puntos ilimitados o ser invencible… Por su parte, el proyecto de Elana Monaghan y Saibh Malcolm, dos jóvenes adolescentes de la ciudad irlandesa de Galway, se enfoca en crear una aplicación para que los estudiantes primarios elijan una escuela secundaria que se acomode a sus preferencias. Demostrando que la programación no la dominan solamente los varones, estas muchachas saben en primera persona lo importante que es para un adolescente ingresar a un colegio en donde se sientan lo más a gusto posibles.

 

Es importante reconocer el hecho de que la creatividad de estos jóvenes programadores ha recibido escasos estímulos por parte de los centros educativos a los que asisten. Si tenemos en cuenta que su innovador uso de la tecnología es producto exclusivamente de su interés natural por ella, resultaría muy interesante sabe hasta dónde llegaría su potencial si esta habilidad fuera más alentada dentro de sus colegios. Esto cobra aún más importancia debido al enfoque ecológico y humano que muchos de estos niños les otorgan a sus invenciones. Es indudable que, a diferencia de los adultos, sus motivaciones están lejos de buscar el rédito económico a través de la programación, sino más bien lograr un cambio positivo en el mundo que los rodea.

 

 

Fuentes

Coding the future: the tech kids solving life’s problems. (https://www.theguardian.com/)
Evidence that children become less creative over time (and how to fix it). (https://www.ideatovalue.com/)

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