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Tu calificación no es tu aprendizaje: la necesidad de un nuevo sistema educativo

Recibir una calificación de un 5 significa que necesitas mejorar en tus estudios, y recibir una calificación de un 3 directamente te incapacita para desempeñar las labores relacionadas con esa materia. ¿Es así de simple? No, no lo es, por mucho que así lo parezca.

Es indudable que hoy en día las calificaciones y las notas predisponen al estudiante a acceder a una u otra carrera, y cierran varias puertas que no estamos seguros de si realmente debieran haberse cerrado o no. Menos aun basándose en la incongruencia de un sistema educativo que, en muchas ocasiones, ni siquiera tiene en cuenta cuál es su verdadero propósito.

Por supuesto, no queremos denigrar la labor de aquellos profesores que lo dan todo por sus alumnos, sobre todo en estos tiempos tan complicados donde han tenido que adaptarse a una metodología muy diferente y hacer esfuerzos extraordinarios. Nuestro objetivo en este artículo es explorar si las calificaciones realmente reflejan la capacidad de un estudiante para seguir desarrollándose en esa materia y cuál sería una opción más apta.

El origen del sistema educativo

Las calificaciones y la forma de aplicarlas se basan principalmente en los pilares del sistema educativo y en el sentido de estas dentro de esta estructura. Para ello, es preciso conocer cuál es la procedencia de nuestro sistema educativo actual.

Aunque se podría pensar que la actual enseñanza se basa en una corriente ilustradora del siglo XVIII, en realidad surgió en Prusia (la actual parte oriental de Alemania) para enseñar a los trabajadores a ser lo más útiles posibles en la sociedad de la época.

Por tanto, el origen del sistema educativo no es tanto un afán por culturizar a las masas y enseñarles a ser críticos con las élites, sino más bien ofrecer un sistema estandarizado de enseñanza para que los jóvenes aprendieran las habilidades más demandadas en la Revolución Industrial. El humo de las fábricas llenaba el viejo continente y la mano de obra necesaria era ingente.

Se dice que la forma de impartir clase no ha cambiado mucho desde entonces, y no tenemos más que ver las fotografías de la época para darnos cuenta de ello. Aunque sí es cierto que difiere en países como Finlandia, donde se está modificando esta estandarización para ofrecer una educación más integral, sin materias y con la inteligencia emocional de por medio, aún prima una educación tradicional en gran parte del mundo.

Calificaciones, motivación e inteligencias

Visto el origen del sistema educativo, no cabe extrañar que muchos de los exámenes, trabajos, disertaciones y presentaciones no se basan realmente en lo que el alumno aprende, sino en lo que es capaz de memorizar. Al fin y al cabo, su objetivo tradicional ha sido crear ciudadanos «útiles».

Esto no es más que una generalización, por supuesto, pero solo hace falta ver la manera en la que los más pequeños aprenden, sobre todo a partir de la adolescencia. La materia se presenta normalmente en libros de texto o en fotocopias, donde el profesor expone lo que aparece en ellos, se estudia con un gran factor de memorización y se repite lo que se recuerda en el examen.

Los casos de alumnos que aseguran no haber aprendido nada más (o poco más) que a memorizar son más altos de los que se desearían escuchar. Sin embargo, el problema también reside en aquellos que se desmotivan naturalmente cuando las calificaciones que reciben son bajas o están directamente suspendidos, incluso después de haber aprendido lo que tienen que aprender.

También hacen acto de aparición aquellos profesores que son menos laxos con las explicaciones más «imaginativas» o elaboradas, aquellas donde el alumno se basa menos en repetir la información y escribe su propia visión desde el entendimiento más genuino. En palabras sencillas, hay profesores que solo permiten al alumno aprobar si repite todo como si fuera un loro.

Todo ello se suma a que realizar el mismo examen a todos los alumnos, donde cada uno dispone de una forma de inteligencia diferente, una forma de aprender diferente y una forma de procesar la información diferente, es simple y llanamente limitar el aprendizaje y no exprimir sus aptitudes innatas.

¿Cómo medir el aprendizaje?

Si queremos trascender un sistema educativo anticuado, debemos preguntarnos cómo sería posible superar una forma de calificar a los estudiantes de una manera tan poco certera. Sí, es cierto que en algunos oficios la memorización es realmente necesaria, pero no se observa una flexibilidad generalizada.

El primer paso tendría que originarse en el seno de la comunidad educativa. Las leyes de educación que emanan de los políticos están en ocasiones tan alejadas de la realidad que no permiten vislumbrar este cambio con claridad. Es difícil, pero es posible. La presión tiene que venir de todos los engranajes que mueven la maquinaria de la educación nacional.

El segundo paso consiste en dar la libertad necesaria al profesorado para comprender qué información es vital compartir con su alumnado y qué prácticas podrían ser más provechosas. El objetivo es entender lo que un alumno es capaz de aprender y no sólo memorizar. Establecer una serie de conversaciones o pruebas orales donde éste se expresase de manera relajada podría ser una buena idea. Si el niño se acostumbra a expresarse desde lo más joven de su infancia y a procesar la información de manera integral, tendremos un adulto con criterio.

El posible tercer paso sería reconvertir todo el sistema de calificaciones para reflejar lo que realmente el alumno ha sido capaz de procesar y crear, y no lo que ha sido capaz de repetir, introduciendo una herramienta de retroalimentación positiva. La retroalimentación actual se basa principalmente en lo que los estudiantes han hecho mal, pero ignora completamente el porqué.

Un ejemplo del deseo de trascender este sistema estandarizado en la educación proviene de la Unión Europea, quien ya ha advertido en numerosas ocasiones de la necesidad de desarrollar aún más la formación profesional y enseñar a los alumnos las habilidades concretas para las necesidades reales del futuro.

Alemania tiene un alto índice de este tipo de estudiantes de titulación superior, la cual se basa en la practicidad de sus materias antes que en una teoría en exceso. Es otro componente del éxito económico del país, pero este tipo de educación, a su vez, sigue teniendo un alto factor tradicional y estandarizado.

Sea como sea, la lección es clara: una educación de calidad nos beneficia a todos. La forma de aprender define una sociedad.


Fuentes
How to Make Sure Grades Are Meaningful and Useful to Students. (25 de noviembre de 2020). Edutopia. Obtenido de https://www.edutopia.org/article/how-make-sure-grades-are-meaningful-and-useful-students

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