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Una poderosa droga llamada Internet

A cualquiera de nosotros la sola vibración del teléfono móvil nos sobresalta. Todos sabemos que es casi imposible concentrarse por unas horas sin revisar las redes sociales. Estamos pendientes de los mensajes de WhatsApp, y si no los respondemos sólo obtenemos más mensajes. ¿Por qué entonces seguimos torturándonos con las nuevas tecnologías? La culpa es, según los científicos, de la dopamina digital.

Un simple ringtone. Una vibración. Una notificación que enciende el teléfono inteligente. Eso nos alcanza para desviar la atención de lo que estemos haciendo y revisar quién nos escribe, o qué nueva promoción o aviso ha requerido nuestra completa concentración.

Sin embargo, a veces ni siquiera es necesario que el teléfono suena o vibre. A todos nos ha ocurrido: sentimos una vibración o imaginamos un ringtone, pero revisamos el aparato y no hay nada. Ni llamadas ni mensajes ni notificaciones. ¿Por qué ocurre esto?

Es un efecto del cerebro que tiene nombre: síndrome del teléfono fantasma. Y es tan solo un ejemplo de cómo la tecnología está reconfigurando nuestras mentes. Se han realizado muchos estudios científicos sobre el fenómeno, entre ellos uno en el que participaron 300 estudiantes universitarios en la India. En ese experimento de 2015, el 75 por ciento de los estudiantes “sintieron” que su teléfono vibraba o “oyeron” que sonaba, aunque el dispositivo estaba apagado o ni siquiera en el bolsillo.

El estudio llegó a la conclusión de que el síndrome del teléfono fantasma es causado por la “neuroplasticidad”, es decir la capacidad del cerebro para cambiar a lo largo de la vida de una persona. El cerebro puede formar nuevas conexiones en respuesta a los cambios en el entorno, de modo que cuando los usuarios de teléfonos móviles experimentan sensaciones como la vibración sus cerebros se conectan a esas sensaciones.

Dicho de otro modo: la tecnología está cambiando la forma en que nuestros cerebros procesan la información.

¿Qué es la dopamina digital?

Cada vez que recibes una notificación por un mensaje de texto o alguna novedad en las redes sociales, tu cerebro produce pequeños estallidos de dopamina, conocido popularmente como el químico de la felicidad. La dopamina es un neurotransmisor, algo así como un mensajero químico que transmite información entre tus neuronas o células cerebrales.

Supongamos la siguiente situación: estás en tu oficina de trabajo con muchas tareas por hacer, pero al mismo tiempo aguardas un mensaje de tu pareja. Es un mensaje importante, por el motivo que quieras. Cuando te llega ese ansiado mensaje tu cuerpo libera dopamina, que se asocia con esa agradable sacudida que a veces acompaña al zumbido del teléfono.

Este es el motivo por el cual seguimos usando las redes sociales, y por lo cual no podemos irnos de ellas. No es una reacción casual: las mentes detrás de WhatsApp, Facebook, Instagram, Twitter y otros han estudiado el asunto de cómo engancharnos a la pantalla para, por supuesto, vendernos productos.

La dopamina activa “vías de recompensa” que se asocian con conductas que crean hábito, o incluso con el uso indebido de sustancias dañinas, es decir drogas. ¿El resultado? Un sinfín de personas preocupadas por el aumento de la gratificación instantánea relacionada con la tecnología y los picos de dopamina.

Un estudio de la Universidad de Harvard define a la dopamina digital como “una reacción a una cultura que fomenta un constante aluvión de comida chatarra, porno, redes sociales, drogas recreativas, compras en línea, e incluso el éxito profesional”. Es decir que la dopamina digital es un efecto concreto sobre el cuerpo humano cuya finalidad es un perfeccionamiento del marketing, o si se quiere de una cultura de consumo.

La desintoxicación digital

Dejar el teléfono móvil, o al menos disminuir su uso, es tan difícil como dejar una droga. El síndrome de abstinencia es intolerable para la amplia mayoría de las personas. ¿La solución? Bajar los niveles de dopamina digital a base una desintoxicación.

La idea detrás del “ayuno de dopamina” es que abstenerse de los estímulos disminuiría la sensibilidad a ellos, aumentando una recompensa posterior. El tiempo de vida cotidiana que gastamos para mirar pantallas y escuchar música es recompensado por la dopamina, es decir por la felicidad. Y es muy difícil alejarse de la felicidad, aunque sea provocada sin nuestro consentimiento.

Según especialistas que estudian los efectos de la abstinencia digital, la privación voluntaria del teléfono móvil puede hacer que la activación sensorial sea más intensa y placentera cuando se reanuda. Esa es la razón por la que muchos cuestionan los verdaderos beneficios de una desintoxicación: es imposible vivir en el mundo moderno y no tener redes sociales. O quizás no es imposible, pero para quienes entraron en el círculo vicioso es difícil que puedan abandonarlo por siempre.

Debido a que la dopamina está asociada con la anticipación de eventos positivos y buenas sensaciones, está comprobado que también ayuda a aprender. Al esperar algún tipo de recompensa, el cerebro bombea algo de dopamina. Si el zumbido del teléfono tiende a ser recompensado por esos textos, tu cerebro aprenderá a esperar cosas buenas de tu teléfono.

Según un estudio de 2016 publicado en la revista Brain and Nerve, dicho aprendizaje “puede desencadenar la compulsión de revisar el correo electrónico, junto con la ansiedad al no encontrar respuesta“. Esta compulsión no necesariamente se traduce en una adicción, aunque según el estudio: “si es una ‘adicción’ tiene que ver con cuánto impacta en la calidad de vida de uno y si uno es capaz de cambiar el comportamiento o no“.

Además, tratar de abordar el “ayuno” de dopamina puede crear una fuerte sensación de aislamiento. Si alguien sufre por su relación con el teléfono inteligente, lo mejor sería contactar a un psicólogo u otro tipo de especialista en la salud mental para llegar al fondo de lo que está ocurriendo.

El concepto de desintoxicación de dopamina digital es, de alguna manera, una forma demasiado simplificada de entender cómo funciona tu cerebro, y ni siquiera es válido para las personas cuyo trabajo y salud mental requieren actividades que involucran el uso de teléfonos inteligentes.

No hay salida, y lo único que en realidad podemos hacer es moderar el uso de las redes sociales, desactivar las notificaciones y ser inteligentes a la hora de utilizar las nuevas tecnologías. En el balance es probable que siempre perdamos, pero al menos debemos llevarnos algo a cambio y en especial recordar que el mundo no siempre fue así, que hay otros mundos posibles, donde la felicidad no está relacionada con lo comercial.


Fuentes
Digital dopamine: How tech is rewiring our brains, en https://www.futurithmic.com
Dopamine, Smartphones & You: A battle for your time, en http://sitn.hms.harvard.edu
Has dopamine got us hooked on tech?, en https://www.theguardian.com

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