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Los planes no son infalibles

Para lograr lo que uno se propone hace falta mucho más que tener los recursos y las capacidades. Eso no solo es válido para la vida empresarial, sino que también lo es para la personal y profesional ¿Cuál es la clave para lograrlo?

No hay clave que pueda garantizar plenamente el éxito de una acción; pero lo que sí se puede hacer es disminuir la incertidumbre de las cosas que ocurren en el camino y existe una herramienta magnífica para hacerlo, la panificación. Pero incluso con esa poderosa herramienta, un pequeño evento puede desencadenar sucesos que pueden poner en peligro el éxito deseado. Es bueno saber que los planes no son infalibles.

Aprender a planificar es fundamental para conquistar el éxito en todo lo que se hace, desde fijarse una meta como llegar temprano a una cita, hasta un gran objetivo como el sacar adelante a una empresa.

Un evento inesperado puede cambiarlo todo

El equipo de producción de una estación de radio, estableció hacer una expedición a una montaña con sus oyentes. El objetivo era hacer una expedición a la montaña para compartir una experiencia que combinara aventura y sensibilidad por la naturaleza. Comenzaría a las 5 y 30 de la mañana y a las 4 y 30 de la tarde todo debía estar concluido.

Los oyentes seleccionados debían ser personas comunes, sin ninguna preparación previa en actividades de montaña, la única limitación era ser mayor de edad. La participante con más adulta era Sofía y tenía 54 años, la edad promedio no superaba los 26 años.

Cada actividad planeada estaba cumpliéndose a cabalidad. Así llegaron a la base de la montaña Guayamurí, que tenía una altura de unos 700 metros sobre el nivel del mar, su interesante forma de volcán le daba al paisaje un componente dramático.

A las 5:30 minutos de la mañana estaban en el campamento base, recibieron sus mochilas y la hidratación para la jornada. Los 10 grupos iban encabezados por un líder del equipo de producción, que no tenía entrenamiento en aventuras de ese tipo; pero con ellos iban un paramédico y un rescatista del cuerpo de bomberos que apoyaba el evento. Para todos era un paseo divertido, todos con videograbadoras y teléfonos móviles hacían registros de la travesía.

Había un líder de la expedición, que era el gerente de la radio y un líder de los paramédicos y uno de rescate. Habían acordado que lo que tenía que ver con la parte técnica era asunto de los bomberos y las otras decisiones estaban a cargo del gerente.

El ascenso se hizo por un río con poca agua, aunque era un ascenso corto, como había participantes sin ningún tipo de habilidad o condición física para subir rocas o pendientes con cuerdas y técnicas de rapel, todos habían alcanzado la cima a medio día.

Todos celebraron la llegada, con fotos, risas y compartían los momentos difíciles y divertidos que tuvo el ascenso, mientras comían, tomaban un descanso y se preparaban para el descenso; pero las cosas estaban a punto de cambiar.

El primer grupo comenzó el descenso a la 1 y 30 de la tarde, la ruta para bajar no era por el río porque revestía mayor dificultad y como estaba planeado, se hizo por la ladera. La primera fase del descenso tenía una inclinación bastante pronunciada, por lo que había que bajar en parejas y con mucho cuidado.

Luego de las primeras 6 parejas se escuchó un fuerte grito, a ese le siguieron otros, muy fuertes y quien coordinaba el descenso, un rescatista, detuvo a los demás, nadie sabía que pasaba.

Uno de los paramédicos que había bajado subió muy ansioso, y dijo: _ una joven tiene fractura de fémur, le cayó una roca encima, el camino es muy inestable. Los dos días anteriores a la expedición había llovido mucho y las rocas se desprendían con mucha facilidad. Si alguien bajaba, lanzaría rocas a quienes iban debajo de él.

Ante la conmoción por los gritos que continuaban, el paramédico jefe, dada la potencialidad de gravedad de la lesión se apresuró en bajar. La arteria más grande del cuerpo es la femoral y si el hueso la había perforado, el peligro de muerte era inminente; pero se resbaló y al caer fue picado por un escorpión venenoso, sus gritos se sumaron a los de la joven lesionada y el caos comenzó a alterar los ánimos, el dolor lo tenía casi paralizado.

El jefe de rescate se comunicó vía radio con el campamento base para pedir ayuda, no se podía bajar hasta el lugar de la joven lesionada, había que rescatarla desde abajo; pero había que enviar un paramédico de los que estaban en la cima todavía y se hizo, él se encargaría de hacer lo más conveniente.

Mientras eso sucedía un grupo comenzó a formarse para tomar otro camino, surgió un líder dentro de los grupos y comenzó a sumar participantes en su aventura. El gerente logró convencerlos y les manifestó a todos que ahora el evento quedaba a cargo del jefe de rescate, por la seguridad de todos, ya eran las 3 de la tarde. En una montaña oscurece muy pronto y era urgente una decisión para bajar al resto que atrapado en la cima.

El experto en rescate decidió bajar por donde se subió, por el río, y se dio la orden de que las mujeres bajaran primero, cada una con asistencia de los rescatistas, porque había que bajar en rapel. En un momento de descontrol los hombres salieron como en una estampida y comenzaron a usar las cuerdas para bajar primero, apartando a las mujeres.

En el caos, se oían caer las rocas, algunas pendientes eran bastante pronunciadas para un inexperto. Los que estaban bajando gritaban, ¡pieeedraaaa!… mientras se escuchaba como caían las piedras, el eco que producían al golpear otras rocas era escalofriante.

Quienes estaban abajo buscaban donde cubrirse hasta que las rocas pasaran. Esto se repitió durante todo el descenso, que demoró hasta las 6 de la mañana del día siguiente. Comenzó a oscurecer, nadie había llevado linternas, porque era una actividad diurna; sin embargo, todos descendieron bajo la oscuridad y muy lentamente.

El gerente, un grupo de 10 jóvenes mujeres, el jefe de rescate y uno de los hombres que estaba paralizado por el pánico, se quedaron en plena oscuridad en el descenso más peligroso del trayecto, una pared de piedra de unos 30 metros. A esa hora, eran como las 6 de la tarde, ya la joven lesionada había sido rescatada y se encontraba rumbo a un hospital, así le hicieron saber por radio al jefe de rescate.

Al mismo tiempo, le giraron instrucciones para que se quedaran y pasaran la noche allí, se comunicarían cada hora. Era muy peligroso bajar en las condiciones en las que estaban. Algunas jóvenes, pudieron contactar a sus padres y entre llantos de angustia, les decían que estaban atrapadas en la montaña, había mucho miedo. Para ese momento ya la situación era noticia en los medios de comunicación del lugar.

Pero un llamado antes del tiempo acordado, cambió las cosas, se anunciaba una tormenta que había cambiado de dirección y se dirigiría hasta allá. No podían quedarse allí, no había opciones. Todos escucharon la mala noticia porque estaban sentados hombro a hombro porque el espacio era reducido. 

Entre llantos muchas jóvenes bajaron asistidas por el jefe de rescate, cada descenso demoraba 15 y 20 minutos; pero parecían horas. Ya con todos debajo de la peligrosa pared de roca, iniciaron el descenso al campamento, cada vez que alguien desprendía una roca, gritaba con fuerza, y su grito se iba replicando hasta que esta dejaba de sonar.

Cada grupo de 3 o de 4 que iba llegando al campamento base era celebrado con aplausos y sonrisas, eso sucedió hasta que llegaron los últimos.

Cuando levantó el sol ya todos estaban a salvo y la participante herida, que había sufrido lo que se presumía una fractura de fémur, terminó siendo una fractura de radio (uno de los dos huesos del antebrazo).

¿Por qué si había un plan y se contaban con los recursos todo se complicó? ¿Qué evento detonó el principio de un desenlace que pudo ser fatal para alguno de los participantes y acabar con el fracaso del plan? Un diagnóstico equivocado, hizo que todo tomara un nuevo rumbo. Pudieron haber levantado a la joven lesionada, porque podía caminar, el paramédico sabía la teoría; pero no tenía experiencia, se asustó y el descenso se paralizó.

A partir de ese momento y con una información errada, se tomaron decisiones ¿Qué hubiese pasado si el diagnóstico hubiese sido correcto? Se inmovilizaba a la lesionada, se le daba un calmante y en media hora hubiesen continuado el descenso tomando las previsiones para que no volviera a suceder una lesión por la misma causa.

En realidad, el evento pudo ser un desastre, tuvieron mucha suerte de que no hubiesen más lesionados o incluso pérdidas humanas.

Nadie puede predecir lo que ocurrirá en el futuro y la planificación es una mirada al futuro, que tiene como misión anticiparse a cualquier obstáculo para alcanzar el objetivo. Significa que la planificación no elimina el riesgo, lo reduce. Es imposible que todo salga como está planeado.

Es por eso tan importante, manejar información de calidad para tomar las mejores decisiones y establecer la mejor ruta para alcanzar la meta establecida. En el caso presentado no había un plan B para bajar.

Uno de los principios de la planificación es la flexibilidad, lo que obliga a adaptarse a las situaciones que se presenten en el camino a la meta; pero cuando no se cuenta con personal de experiencia, se está más expuesto a cometer errores que pueden incrementar costos, perder tiempo y oportunidades. Eso fue lo que sucedió en la expedición y es casi increíble que todo haya pasado por un evento menor.

A veces en la vida personal o empresarial, se subestima el impacto de las pequeñas cosas y eso sucede porque no ven la situación como un sistema, en el que todas las cosas están conectadas y si una falla puede afectarse otra.

 

En este escrito expreso algunas reflexiones y opiniones sobre “Cómo un pequeño detalle puede complicarlo todo, aun teniendo los recursos a mano”.

Fuentes consultadas: Administración, Joseph l. Massie y La estrategia del dragón, Karina Qian Gao.

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