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¿Qué hay detrás de las conductas poco éticas?

Es posible estar presente en momentos donde alguna persona realiza comentarios incorrectos o se comportan de manera poco idónea de acuerdo a la situación o contexto donde se encuentre. Por respeto, jerarquía o educación, los que están del otro lado de la balanza suelen seguir la corriente, sabiendo que no es correcto. Si estuvieras presente en un momento así, ¿le harías saber a la persona que desapruebas su lenguaje y comportamiento? ¿Intentarías dar un mejor ejemplo? ¿O prefieres permanecer en silencio?

Probablemente hemos estado en alguna situación incómoda donde alguien actúa de manera inadecuada, pero por tener cierta jerarquía en el grupo social donde nos encontramos, ese comportamiento inadecuado se deja pasar por alto o se torna cómico y no se objeta lo sucedido ¿eso es éticamente correcto?

El comportamiento ético es, sin duda, una decisión individual, pero cuando se trata de conductas sociales y colectivas, es fundamental propiciar mecanismos que permitan crear condiciones que por lo menos dificulten la falta de ética en las decisiones y comportamientos, creando consecuencias puntuales cuando se presenten, porque, cuando ocurren, especialmente en la conducta de personas públicas o con acceso a poder, las consecuencias pueden ser negativas para todos.

Ese tipo de escenas encierran tres dinámicas psicológicas que llevan a traspasar las líneas éticas. Primero, está la omnipotencia: cuando alguien se siente tan engrandecido y autorizado que cree que las reglas del comportamiento decente no se aplican a él. En segundo lugar, tenemos un entumecimiento cultural: cuando otros siguen el juego y gradualmente comienzan a aceptar y encarnar normas desviadas. Finalmente, vemos una negligencia justificada: cuando las personas no hablan sobre las infracciones éticas porque están pensando en recompensas más inmediatas, como mantenerse en una buena posición con los poderosos.

El artículo Unethical behavioral finance: why good people do bad things, de Ronald F. Duska, trata de comprender por qué personas que en otros contextos podríamos calificar como buenas, cometen actos incorrectos.

En este sentido, mencionan algunos factores que pueden llevar a un comportamiento poco ético, como, por ejemplo:

Débil fuerza de voluntad. La mayoría de las personas tiene un limitado recurso de fuerza de voluntad que, ante condiciones extremas, puede agotarse y provocar que los fundamentos del comportamiento ético se pierdan. Ello hace necesario que reconozcamos cuáles son los elementos que ejercen una tentación relevante sobre nuestra conducta y nos alejemos de ello, pero si, por el contrario, lo que pretendemos es vigilar la conducta de otras personas (por ejemplo, figuras de las esferas gubernamental y pública), es indispensable establecer marcos de conducta que limiten la posibilidad de exposición ante estas tentaciones.

La ignorancia. Existen momentos en los que la falta de información precisa o la existencia de áreas grises facilita la toma de ediciones poco éticas. Un elemento que puede incidir es el sesgo conocido como framing, que se refiere a que la forma en la que se nos presenta una decisión determina la orientación que damos a la misma, favoreciendo en muchos casos una conducta falta de ética.

Progresividad. En muchas ocasiones, las conductas poco éticas no inician siendo francamente tales. Típicamente inician como una pequeña infracción que paulatinamente va creciendo y degradando la ética de la conducta, que a partir de la repetición se hace hábito y se acrecienta.

Racionalización. Las personas tendemos a racionalizar conductas negativas tratando de justificarlas frente al resto, pero, sobre todo, con nosotros mismos. En el caso de la corrupción, la principal justificación es que todos los demás también lo hacen. También pueden encontrarse elementos de racionalización que aparentemente apelan a condiciones superiores que, en los hechos, son inexistentes. En la reciente decisión del gobierno estadounidense de bloquear el acceso de migrantes de siete países (una evidente violación de los derechos humanos) se aducen elevadas razones de seguridad. En este caso, la racionalización claramente pretende justificar un acto falto de ética.

Arrogancia. Este elemento se refiere a la incapacidad que mostramos para reconocer las fallas propias en nuestra conducta. Esa falta de objetividad típicamente nos lleva a ser capaces de distinguir el comportamiento poco ético en otras personas, pero no en nuestras acciones. De ahí la importancia del escrutinio y transparencia de la conducta, particularmente pública, que es la que permite evitar que en la obscuridad la arrogancia justifique y haga prevalecer las conductas poco éticas, como ocurre con excesiva frecuencia en el ejercicio público y político de nuestro país.

Docilidad. La apacibilidad de las personas puede llevarlas a someterse a comportamientos faltos de ética, sin otra justificación que una aparente directriz superior, que, en ocasiones, expresamente, pero, en otras, sólo a partir de una suposición, justifican dichas conductas negativas.

Todas estas características corresponden a comportamientos que en muchas ocasiones son de manera inconsciente en quienes lo practican, sin dejar de lado aquellos quienes lo hacen adrede para lograr un beneficio propio o sólo por creencia de superioridad.  

Inspirado en: The Psychology Behind Unethical Behavior on https://hbr.org/

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