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Mank: Luces y sombras de Hollywood

Muchas películas sobre el viejo Hollywood celebran la opulencia del sistema de estudios o se deleitan con las caricaturas de los magnates devoradores de puros que establecieron su tradición. ” Mank ” corta esas viejas castañas desde el interior. La seductora versión en blanco y negro de David Fincher del guionista de “Citizen Kane” Herman J. Mankiewicz (un mordaz y divertido Gary Oldman) presenta una fascinante meditación sobre una luminaria poco apreciada del cine estadounidense en su propio lenguaje anticuado.

Ambientado en un meticuloso telón de fondo de la década de 1930 que fusiona detalles históricos con el estilo y el tono de esa época, “Mank” no es un retroceso en absoluto. Fincher ha creado un psicodrama cerebral que recompensa a la audiencia cinéfila comprometida en su punto de mira, pero incluso cuando está fría al tacto, la película ofrece una mirada compleja y profunda a las estructuras de poder estadounidenses y el potencial de una chispa creativa que irrita sus cimientos.

Mank es un proyecto apasionante. El rápido y extenso drama de David Fincher sobre el legendario guionista de Hollywood Herman J. Mankiewicz y la creación de Citizen Kane fue escrito por el padre del director, Jack, quien murió en 2003 ( Mank está financiado por Netflix, colaborador de Mindhunter de Fincher , el servicio de transmisión que ha saltado al frente de muchos proyectos personales que se consideran demasiado riesgosos para los inversores convencionales).

El tema de Fincher, más o menos, es la génesis de “Citizen Kane”, o al menos la redacción del primer borrador del guión (llamado “Americano”) que servirá de base para la ópera prima de Orson Welles. El autor es Herman Mankiewicz (Gary Oldman), un veterano pirata del estudio con una pierna rota y un problema con la bebida. Acostado en una remota casa de huéspedes en el desierto, atendido por una fisioterapeuta alemana (Monika Gossmann) y una amanuense británica (Lily Collins), molestada por el productor John Houseman (Sam Troughton), Mankiewicz fuma, snarks y garabatos, un Ahab postrado en cama en persecución de la gran ballena blanca llamada William Randolph Hearst.

Hearst, el titán de los periódicos y el agente del poder político que fue el modelo de Charles Foster Kane, no era un extraño para Mankiewicz. Las secciones de flashback de la película relatan su asociación (Charles Dance interpreta a Hearst con majestuosa indiferencia) a principios y mediados de la década de 1930. (La escritura del guión de “Kane” tiene lugar en 1940). En esos días, Mankiewicz, originalmente contratado por Paramount, flota en la órbita de MGM, cruzando caminos y espadas retóricas con el jefe del estudio Louis B. Mayer (Arliss Howard) y su jefe de producción, Irving Thalberg (Ferdinand Kingsley).

Esos nombres están tan incrustados de leyenda como cualquiera de las películas estadounidenses, y Fincher confía en que aún se les adhiere algo de brillo e intriga. Los cinéfilos y los nerds literarios se deleitarán con el ajetreado desfile de caminatas y gritos. ¡Josef von Sternberg! ¡Ben Hecht! ¡George S. Kaufman! Joseph Mankiewicz! (Ese es el hermano menor de Herman, interpretado por Tom Pelphrey).

El propio Mank es un integrante complacido e indulgente de los grupos secundarios y los banquetes. Un borracho generalmente encantador y un jugador muy malo, es apreciado por su lengua afilada y su corazón blando. La actuación de Oldman puede ser una pieza complementaria a su personificación de Winston Churchill hace unos años en “Darkest Hour”. Ambos hombres son corpulentos bons vivants, amantes del licor y el tabaco, flanqueados por esposas sufridas (la maravillosamente astuta Tuppence Middleton es “Poor Sara” Mankiewicz) y secretarias inglesas interpretadas por actrices llamadas Lily. Y ambos se encuentran, en el fatídico año de 1940, luchando por completar un escrito de singular trascendencia. Una extraña coincidencia.

Coincidencias pertinentes

Puede que el guión de Jack Fincher, el difunto padre del cineasta, fuera escrito en los 90, pero en su estudio del fin de los años 30, su mirada global deja una lectura visionaria del momento por el que se atraviesa hoy, no solo en la industria del entretenimiento, sino en el hálito ideológico que recorre el mundo. Desde el conservadurismo de la industria, la recesión económica inminente, la visión de los nazis como algo ridículo a la propia figura de William Randolph Hearst, que como señala Mank, refleja los peligros de visibilizar y alentar a titanes, dandys y relaciones públicas de los medios hacia el poder ejecutivo, sean de la idea que sean.

Y es que, en ‘Mank’ resulta casi cómica la forma en la que se refleja inconscientemente el periplo electoral de Trump, en el bloque dedicado a las elecciones, que inspiraron al guionista para uno de los momentos claves. No sin ironía, observamos teorías conspiratorias sobre fraude electoral, cuando su estrategia estaba ya en ‘Ciudadano Kane’, y por eco pertinente en ‘Mank’, cuando en la propia redacción se especula qué portada elegir para abrir a toda página, si “Kane elegido” o, directamente “Fraude en las urnas”. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia…

Una definición profética de la era Trump, que tan solo es la historia repitiéndose a sí misma, pero que convierten al film de Fincher en un caleidoscopio temático que sirve también para comprender las dificultades de los estudios para devolver al público a las salas, tal y como se preguntan en diferentes comités creativos, mientras en el mundo real las plataformas anuncian que estrenarán los filmes de estudio en nuestra casa, una paradoja doble cuando Mank, uno de los filmes más importantes de un año famélico de grandes apuestas, se ha estrenado directamente en Netflix. Este 2020 nos ha mostrado de todo, y al parecer seguirá sorprendiendo hasta el último día.


Fuentes
https://www.screendaily.com/reviews/mank-review-netflix/5154332.article
https://www.nytimes.com/2020/12/03/movies/mank-review.html

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