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Benjamin Ferencz, en el nombre de la justicia

Ben Ferencz es un auténtico héroe moderno: es el último fiscal vivo de los juicios de Nuremberg, que se llevaron a cabo por los crímenes de guerra cometidos por los líderes nazis, y con noventa y nueve años ha trabajado sin descanso en defensa del derecho internacional y los derechos humanos. Sin embargo, tanto él como su familia fueron marcados para siempre por las atrocidades del nazismo.

Benjamin Ferencz tenía apenas veinte y siete años cuando fue fiscal de los juicios de Nuremberg. Era su primer caso, y debió enfrentarse al relato de los horrores más grandes de la Historia. Cualquiera que haya tenido contacto con el espanto del nazismo sabe que no podrá volver al mundo como lo veía antes.

En su sitio web, Ferencz dice: “Nuremberg me enseñó que crear un mundo de tolerancia y compasión sería una tarea larga y ardua. Y también aprendí que, si no nos dedicamos a desarrollar una ley mundial efectiva, la misma mentalidad cruel que hizo posible el Holocausto podría un día destruir a toda la raza humana”.

Ben Ferencz nació en realidad en Transilvania en 1920. Cuando tenía diez meses, su familia se mudó a Estados Unidos. Según cuenta, sus primeros recuerdos se relacionan su pequeño apartamento en el sótano de un distrito de Manhattan, llamado Hell’s Kitchen, es decir “La Cocina del Infierno”.

Fue a la universidad en la Escuela de Leyes de Harvard, donde se graduó en 1943. Mientras estaba en Harvard se unió al ejército y sirvió al General Patton. Su página web dice que se alistó en un “batallón de artillería antiaérea preparada para la invasión de Francia”.

Ferencz luchó en todas las campañas de Europa, y más tarde fue transferido a la División de Crímenes de Guerra del Ejército que fue el encargado de documentar las atrocidades nazis y de arrestar a los responsables.

Con palabras precisas, Ferencz narró lo que vio entonces: “Indeleblemente grabadas en mi memoria están las escenas que presencié mientras liberaba estos centros de muerte y destrucción. Campos como Buchenwald, Mauthausen y Dachau están vívidamente grabados en mi mente. Incluso hoy, cuando cierro los ojos, soy testigo de una visión mortal que nunca podré olvidar: los crematorios brillan con el fuego de la carne ardiente, los montones de cadáveres demacrados apilados como leña esperando a ser quemados…. Había mirado dentro del Infierno”.

Cuando la guerra concluyó, Ferencz recibió una baja honorable como Sargento de Infantería del Ejército. Sus planes eran regresar a Nueva York y trabajar como abogado. En cambio, se le pidió que se uniera a la mesa de la fiscalía en los juicios de crímenes de guerra de Nuremberg. Ferencz no era el fiscal a cargo de los nazis de más alto nivel, como Herman Goering. Sin embargo, los Estados Unidos decidieron responsabilizar a una mayor cantidad de nazis que sólo a los secuaces de más alto nivel de Hitler. Ahí es donde Ferencz cobró relevancia.

Los EE.UU. enviaron a Ferencz y a cincuenta investigadores a Berlín “para registrar las oficinas y archivos nazis”. En sus manos había pruebas abrumadoras del genocidio nazi por parte de médicos, abogados, jueces, generales, industriales y otros alemanes que desempeñaron un papel destacado en la organización o la perpetración de las brutalidades nazis.

Según se narra en la biografía de Ferencz: “sin piedad ni remordimiento, los escuadrones de la SS mataron a todos los hombres, mujeres y niños judíos que pudieron atrapar. Gitanos, funcionarios comunistas e intelectuales soviéticos sufrieron el mismo destino. Se calculó que más de un millón de personas fueron deliberadamente asesinadas por estos ‘grupos de acción’ especiales”.

Así, Ferencz fue nombrado “Fiscal Jefe de los Estados Unidos en el caso de los Einsatzgruppen”, procesando a 22 personas acusadas de asesinar a más de un millón de personas.

Más recientemente, Ferencz, que se mantiene activo en los asuntos públicos, criticó las políticas fronterizas del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, a quien acusó de cometer “un crimen contra la humanidad”.

El hijo del héroe

La cadena Al-Jazeera le dedicó una nota al hijo de Ben, Don Ferencz, donde cuenta su experiencia como niño durante los juicios. Él mismo nació en Nuremberg en 1952, y cuenta que su padre “estaba traumatizado por lo que vio allí, pero no responsabilizó a las generaciones posteriores de alemanes por los pecados de sus padres. Reconoció que los crímenes fueron cometidos por personas, no por naciones”.

Sin embargo, Ben fue tajante al relatarle lo vivido al pequeño Don: “mi padre nos dijo en términos inequívocos cómo habría sido para nosotros como niños judíos vivir en la Alemania de Hitler. Dijo que los nazis nos habrían aplastado la cabeza contra la pared y nos habrían tirado por la ventana. Nos contó todas estas historias; historias horribles que nunca deberías contar a un niño de esa edad. No entendí por qué lo hizo”.

A pesar de los relatos del horror, Don asegura que “al crecer, me sentí muy orgulloso de mi padre y del hecho de que fuera fiscal en Nuremberg. Lo idolatraba y recuerdo cómo, de niño, armé un álbum de recortes de artículos de periódico sobre él. Trató de enseñarnos a ser personas éticas, consideradas y reflexivas”.

Hace unos veinticinco años, Don creó la Fundación Planethood con el objetivo de “educar para sustituir la ley de la fuerza por la fuerza de la ley”, lo cual muestra hasta qué punto el legado de su padre tuvo un efecto en él.

“Cuando empecé a trabajar en la comunidad de la justicia penal internacional”, dijo a Al Jazeera, “tenía una tarjeta con el nombre de nuestra fundación y mi nombre en ella. Invariablemente las personas a las que les daba la tarjeta decían: “¿Es usted pariente de Ben Ferencz?” Tanto es así que cambié la tarjeta para que bajo mi nombre dijera: “¡Sí, soy su hijo!””.

Entre el 2005 y el 2017, Don se unió a la Corte Penal internacional y ayudó a crear un grupo de profesionales que trabajó contra las agresiones en The Global Institute for the Prevention of Aggression. Don también ha brindado conferencias por todo el mundo, desde México y Estados Unidos hasta la India y Sudáfrica, pasando por Alemania, China y Francia.


Fuentes
https://www.aljazeera.com/features/2020/11/22/the-prosecutors-son-the-living-legacy-of-nuremberg

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