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Nuestras vidas, manipuladas por el capitalismo de la vigilancia

Tres décadas atrás, la llegada de la Internet a nuestras vidas nos conectó a un mundo lleno de nuevas experiencias y posibilidades. Como sucede con toda herramienta creada por el hombre, ésta puede ser utilizada con objetivos que no necesariamente apuntan a beneficiar al bien común, sino a una minúscula elite que continuamente incrementa su poder. Hace décadas ya que la eminente profesora y autora Shoshana Zuboff nos viene advirtiendo acerca del potencial peligro que se origina de la unión entre el capitalismo y la tecnología: la constante manipulación de nuestras vidas.

 

A fines del año 1969, los creadores de ARPANET hicieron historia al conectar a dos computadoras a una red, un evento que luego ayudaría a crear las bases de la actual Internet. Apenas algunos años más tarde, la por entonces estudiante de psicología Shoshana Zuboff, comenzó a especular sobre las futuras implicancias que tendría aquella naciente tecnología en nuestra sociedad. Más precisamente, en la manera en que ésta les otorgaría a las grandes corporaciones los medios para vigilar cada uno de nuestros actos y, consecuentemente, cómo ellas sacarían provecho de este proceso.

 

Fue durante aquellas épocas como alumna de la prestigiosa Universidad de Harvard en donde conoció al gran teórico de la modificación conductual B. F. Skinner, reconocido por realizar experimentos de ingeniería social. Al observar cómo éste encerraba a palomas dentro de una caja para luego inducirlas a picotear botones a cambio de una recompensa, la joven Shoshana comenzó a augurar que esta manipulación algún día podría ser aplicada en seres humanos. Simplemente era necesario contar con la herramienta adecuada.

 

El 30 de abril del año 1993, la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN, por sus siglas en inglés) liberó masivamente su código para compartir datos entre computadoras, dando origen así a la Internet. Pero Zuboff no compartía el mismo entusiasmo de tecnócratas como Skinner, cuyos experimentos de comportamiento inducido especulaban con un futuro desarrollo de sociedades utópicas. Cinco años antes de este trascendental evento, la brillante profesora había anticipado en su libro La era de la máquina inteligente (1988) la manera en que la digitalización convierte a las actividades humanas y nuestro intercambio social en información.

 

Aquellos que, durante la década de los 90s, consideraban a las advertencias de Zuboff como infundada paranoia, ahora saben que la académica no podría haber estado más acertada. En su último libro, La era del capitalismo de la vigilancia (2018), la autora nos presenta la sombría estrategia de empresas como Google y Facebook para, no sólo predecir nuestro comportamiento, sino también para moldearlo según sus preferencias.

 

Históricamente, el ejercicio del poder se traducía en tácticas brutales como la esclavitud y el uso de la fuerza para imponer la obediencia en otros seres humanos. Pero en la actualidad, la técnica para dirigir el comportamiento de las masas ha encontrado en la tecnología un medio mucho más sutil y efectivo: la recopilación de datos. De acuerdo a Zuboff, el software de los dispositivos modernos le provee a un acotado número de empresas la posibilidad de utilizar y/o vender esa información con objetivos que están muy lejos de ser considerados altruistas.

 

A comienzos de este milenio, compañías de ecommerce como Amazon diseñaron algoritmos muy precisos para determinar nuestro comportamiento a la hora de adquirir un producto. Pero, si bien estas empresas argumentan que se sirven de estos programas simplemente para brindarnos una experiencia comercial más personalizada y eficiente, Zuboff argumenta que esta vigilancia de cada uno de nuestros movimientos en la red se utiliza de una manera más oscura y expansiva.

 

Actualmente, el uso indebido de nuestros datos personales por parte de las compañías tecnológicas más importantes del mundo es objeto de un acalorado debate. La reciente audiencia del Senado de los EEUU a las cinco empresas que conforman el Big Tech (Amazon, Apple, Google, Facebook y Microsoft) fue el primer llamado de atención a una pequeña elite monopólica que concentra el producto más valorado del nuevo milenio, es decir, la información privada.

 

En el año 1978, mientras trabajaba en el diario The Washington Post, Zuboff ingresó a la Galería Nacional de Arte y se topó con la serie Voltri-Bolton del escultor David Smith. La apariencia humanoide de este grupo de oxidadas piezas de metal -descartadas por difuntas fábricas- generó en la psicóloga la idea de que la computarización daría lugar a una nueva revolución industrial. Ésta vendría tan sólo unas décadas más adelante, cuando las grandes empresas comenzaron a utilizar a la Internet y la Inteligencia Artificial para monitorear nuestros intereses y comportamiento.

 

Zuboff sostiene en su aclamado último libro que, mientras el capitalismo industrial se dedica a explotar a la naturaleza, el capitalismo de la vigilancia hace lo propio con la naturaleza humana. Durante años el mercado financiero buscó nuevos productos para usufructuar económicamente, algo que finalmente encontró en la recopilación de nuestra información personal. Estas bases de datos se convirtieron en el commodity perfecto tanto del presente como del futuro: son absolutamente gratis y además pueden venderse como mercancía.

 

Sin embargo, Zuboff también reconoce que nuestra información privada puede ser utilizada para objetivos que exceden la mera ganancia económica, tal como la influencia ilegal de una elección presidencial. En el año 2018, la consultora Cambridge Analytica determinó que la campaña de Donald Trump se sirvió de datos de Facebook para disuadir psicológicamente a muchos afrodescendientes a no ejercer su voto. Esta cuestión le otorgó al magnate la victoria por sobre Hillary Clinton, cambiando así el destino de los EEUU y del mundo por los siguientes cuatro años.

 

El capitalismo tecnológico se encuentra presente en nuestras vidas de una manera tan sigilosa como eficiente. Nuestros celulares constantemente le envían a Google Maps nuestra ubicación precisa, sistemas de reconocimiento facial identifican nuestro estado de ánimo, algoritmos de ecommerce predicen nuestras preferencias de compra y, por supuesto, dispositivos como Alexa o Google Home tienen acceso privilegiado a la intimidad de nuestra vida hogareña.

 

Mientras tanto, los aliados de la industria tecnológica –principalmente aquellos radicados en Silicon Valley- intentan hacernos creer que las teorías de Zuboff son sólo “hipérbolas conspirativas”. Sin embargo, y a diferencia de ellos, esta brillante psicóloga no necesita convencernos de nada: basta realizar un somero análisis de la actitud ética que estas empresas han mantenido hasta nuestros días

 

Debido a los numerosos reportes desclasificados que demuestran la manera en que estas empresas han recopilado y utilizado nuestros datos durante años para influenciar –en mayor o menor medida- nuestras decisiones a la hora de adquirir productos, descargar aplicaciones, predecir nuestro comportamiento futuro o simplemente ganar dinero vendiendo esa información, queda claro que la “conspiración” es bien real.

 

 

Fuentes
Wu, T. (9 de Abril de 2020). Once your behavior is known, to the extent that it can be predicted, it—you—can also be manipulated. The New York Review. Obtenido de https://www.nybooks.com/
Kavenna, J. (4 de Octubre de 2019). Shoshana Zuboff: ‘Surveillance capitalism is an assault on human autonomy’. The Guardian. Obtenido de https://www.theguardian.com/

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