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El insólito caso de La isla de las Rosas: cuando la realidad supera a la ficción

La idea de micronación ha aparecido muchas veces a lo largo de la historia y también ha sido una constante en la literatura. Muchos de estos proyectos han sido utópicos o idealistas, en ocasiones han estado ligados a movimientos libertarios. La isla de las rosas ha sido uno de ellos, y Netflix ha puesto en el mapa un caso que muchos no conocían y que podría tomarse como un buen argumento para una película disparatada pero genial, y sin embrago se trata de un caso completamente verídico.

La historia comenzó en 1964 cuando Giorgio Rosa, ingeniero italiano recibió permiso del gobierno italiano de desarrollar nuevas técnicas de construcción de plataformas marítimas, en el Adriático. Construyó una plataforma de 400 metros cuadrados con un basamento de nueve columnas apoyas sobre el fondo marino, usando una técnica muy novedosa para la época. Una vez construida se instaló un restaurante, discoteca, oficina postal, otros establecimientos comerciales, se dice que también tuvo una estación de radio, sin embargo, su fundador negó este hecho en una entrevista posterior.

El 1 de mayo de 1968, se declaró la independencia del territorio. Este acto se consolidó con la emisión de sellos postales propios. En estos sellos se lee L.T. de la Insulo de la Rozoj, donde L.T. es una abreviación de Libera Teritorio, es decir el estado se designa en sus estampillas postales como” Territorio Libre de la Isla de las Rosas”.

La moneda que reflejan en los sellos postales es el Mill (o Milo en Esperanto). Sin embargo, no hay registros de que se hayan acuñado monedas o billetes de esta “divisa”.

El gobierno italiano considero que esta acción era una estrategia para evadir impuestos de los ingresos obtenidos por el turismo. El 25 de junio de 1968, 55 días luego de la declaración de independencia, las autoridades italianas (carabinieri y Guardia di Finanza) tomaron posesión de la isla artificial. El Consejo de Gobierno de la Isla protestó la acción. Para este momento los sellos postales del territorio fueron resellados con la frase “Milita itala okupado” (Ocupación militar italiana).

El 13 de febrero de 1969, la armada italiana finalizó la demolición de la isla artificial con explosivos. Luego el “gobierno en el exilio” produjo una emisión de sellos postales alusivos a la destrucción de la isla. Los sellos tienen la inscripción esperanto Respubliko Insulo Rozoj (República Esperantista de la Isla de las Rosas).

Hay al menos tres teorías sobre la destrucción de la micronación, por parte de las autoridades italianas. La primera, se consideró que la isla artificial con su actividad comercial era efectivamente italiana y se usaba para evitar el pago de impuestos. La segunda teoría es que un grupo de parlamentarios italianos de derecha consideraron el territorio de la isla como una amenaza a la seguridad de la OTAN. La tercera teoría es que un grupo de parlamentarios italianos de izquierda sugirieron que la isla era una plataforma para operaciones con la intención de desestabilizar Yugoslavia y Albania. Hay que recordar la tensa situación geopolítica de Europa y del mundo en el año 1968, en plena guerra fría.

Muchos autores consideran que fue la primera república esperantista de la historia, sin embargo, a principio del siglo XX se intentó fundar una república esperantista.

En el año 2009, se elaboró un documental en esperanto bien interesante sobre la historia de esta micronación, dirigida por Stefano Bisulli, Roberto Naccari y producido por Cinematica. Esta película está disponible en el canal de YouTube de sus productores.

Sobre la película de Netflix debo decir que con su glorioso sol y sus grandes pasiones, La isla de las rosas puede tener los adornos de Italia, pero encaja perfectamente en la tradición de la fantasía británica fantástica iniciada por Ealing Studios y llevada a cabo por gente como Bill Forsyth. La película de Sydney Sibilia basada en una historia real se centra en los desamparados idealistas que se enfrentan a una burocracia indiferente en busca de un sueño loco. Puede que no llegue a las alturas de un pasaporte a Pimlico, pero ofrece suficiente encanto y sentimiento ganadores para dejarse ver, por lo menos por un rato.

“Hay que correr riesgos para cambiar el mundo”, replica Giorgio, expresando alegremente el tema de la película en un diálogo. A partir de esta premisa leve pero descarada, el guion de Sibilia sigue líneas obvias pero agradables; Giorgio tiene que reunir a un variopinto y simpático grupo de inadaptados para ayudarlo: el también ingeniero Maurizio (Leonardo Lidi), el promotor del club Neumann (Tom Wlaschiha), la barista embarazada Franca (Violetta Zironi), que espera tener el primer bebé del naciente país. – y Pietro (Alberto Astorri), un soldador que acaba de cruzar la isla. Y, por supuesto, mientras la isla despega como destino de fiesta, Giorgio tiene que enfrentarse a la ira del humillado gobierno italiano, que busca acabar con su idilio a través de canales oficiales y extraoficiales (enviando agentes para infiltrarse en la isla, intimidando al padre de Giorgio, barcos de guerra). Se le dedica mucho tiempo en pantalla al tema burocrático, pero, aun así, Germano se convierte en un héroe ganador y la película está llena de un optimismo que es contagioso. A diferencia de su héroe, la película corre pocos riesgos, pero La isla de las rosas es un espacio colorido, encantador y entretenido en el que permanecer un par de horas. La comedia comienza con ritmo, pero a los pocos minutos pierde el encanto y la potencia iniciales, centrándose en aligerar la batalla del protagonista contra el sistema, sin tener en cuenta todo lo sucedía a fines de los años 60 del siglo pasado, desde los movimientos por los derechos civiles hasta la revolución sexual, aspectos que hubiesen ayudado a perfilar a este ingeniero que se ganó el mote de “príncipe de los anarquistas”. Aquí sólo queda como un hombre enamorado y despistado, como en cualquier comedia básica, que tiene un sueño y que se empeña en mantenerlo (amor incluido). Los diálogos son pobres, la mayoría lejos de la intención cómica que promete y sólo un par de veces consigue su objetivo. El final, además de previsible, es bastante cursi.

Sin embargo, la película de Netflix ha servido para sacar a flote una historia que de por si es encantadora y extraordinaria. Queda a gusto de cada quien averiguar por distintas fuentes sobre el tema. Desde el drama blando auspiciado por Netflix hasta joyas ocultas como el documental de YouTube. Quedan servidos.

 

Fuentes
https://www.diariouno.com.ar/espectaculos/la-increible-historia-la-isla-las-rosas-un-hecho-real-que-supera-la-pelicula-n752278
https://www.youtube.com/watch?v=ldMb8lbgNFk

 

 

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