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Lo mejor del peor año

El 2020 apestó, de eso no hay dudas. Pero al mismo tiempo será recordado por todos, y que marcará nuestro destino y el de la humanidad. ¿Podremos volver a la “normalidad”? ¿Qué es la “normalidad”? Todas las seguridades y todas nuestras verdades fueron puestas en entredicho por un virus que es, más allá de la salud, una excusa para enfrentarnos a nuestros miedos y nuestras salvaciones.

 

“Te odio, 2020”, “este año es el peor de la historia”, “ojalá termine pronto este 2020…” ¿Cuántas frases similares hemos leído en estos meses? Las vemos en las redes sociales, las escuchamos en los noticieros, las dicen nuestros vecinos. La culpa de todo la tiene el 2020, porque antes, ya sea en 2019, 2018, 2017, 2016, o cuando sea, las cosas eran mejores y por eso este año es el peor, ¿no?

 

Malas noticias: las cosas no estaban nada bien en el 2019, de hecho, el virus se llama COVID-19. Es de alguna manera graciosa la importancia que les damos a las fechas, el peso que les cargamos. Según esta lógica el 2021 debería ser distinto, probablemente mejor. Sin embargo, debemos ser conscientes de que el 2021 puede ser peor, pero no por culpa del 2021 sino del 2020, que a la vez fue producto del 2019, y así…

 

Cuando hablamos del 2020 como el peor año de la historia nos referimos a muchas cosas: una pandemia, la muerte y la destrucción económica causada por la pandemia; la mala gestión gubernamental de la pandemia; las formas en que la pandemia ha expuesto los fallos de nuestra sociedad; las formas en que nos ha separado de las rutinas que nos daban seguridad y de la gente que amamos, y en especial de nuestra ilusión de que el futuro está bajo control.

 

También hay que sumarle al 2020 varios otros traumas: el asesinato de George Floyd en Estados Unidos, los incendios forestales, la muerte de Diego Maradona en Argentina, Donald Trump… La lista sigue y sigue. Pero el 2020 no es el primer “peor año de la historia”. Durante largos años, gran parte de la humanidad vivió en las peores condiciones, sin agua potable, sin cloacas y sin medicina. Imagina, por ejemplo, sacarte las muelas sin anestesia.

 

Algunos historiadores dicen que el verdadero peor año fue el 536, cuando un volcán entró en erupción en Islandia y el sol se oscureció durante un año y medio, lo que llevó a una catastrófica ola de frío mundial. También se podría argumentar que el 1918, el año de la pandemia de gripe española, fue el peor, o que cualquiera de los años de la Gran Depresión, de 1929 a 1933, merece el infame título.

 

¿Debemos mencionar los años de la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto? ¿O el 2001? Si tienes alrededor de treinta y cinco años seguramente recordarás el desasosiego tras los atentados a las Torres Gemelas. El mundo se transformó en un infierno. Tal vez una de las grandes diferencias es que hoy existen las redes sociales, y eso nos ha llevado a estar más cerca de la queja y el desánimo. Vivimos en un presente continuo, por lo que hoy es siempre el peor tiempo porque no hay otra cosa que hoy.

 

Este año sin dudas ha sido mucho peor para algunos que para otros, pero nos ha conmovido a todos. Nuestra pérdida, pena y rabia es colectiva. Se ha profundizado por la constante invasión de los medios de comunicación que nos dicen que es un año horrible. Pero para la mayoría de la gente hay más de un tipo de “peor” año. Este año, sin embargo, lo público y lo privado parecen coincidir.

 

A veces cuando decimos “peor” lo que realmente queremos decir es extraño. Este es un año muy extraño y aterrador. Aun así, la mayoría de nosotros podemos mirar alrededor y encontrar placer y belleza: un amanecer, un atardecer, la luz de una tarde de agosto, una canción, un disco, una conversación, un libro, una película, una cena…

 

También es el año donde se descubrió una vacuna contra el coronavirus. ¿Nos damos cuenta de la importancia de esto? Un esfuerzo colaborativo que permitió en tiempo récord empezar el combate contra un virus nuevo. Eso solo ya debería hacernos dudar si este es el peor año de todos.

 

Además, el encierro nos permitió descubrir varias cosas en nuestra cotidianidad. Descubrimos por ejemplo que extrañamos a esa persona que dábamos por descontada, que nos gusta cocinar más de lo que pensábamos, que estar solos y en silencio no está nada mal, que las noticias muchas veces mienten, que hay grandes series, películas y libros todavía por descubrir…

 

Pensemos por un segundo en este año, pero sin Internet. Muchos no habrían tenido acceso a maratones de “The Office” o cualquier otra serie. Quizás tampoco hubiésemos podido escuchar esa canción que tanto nos conmovió en medio de la pandemia. Y ni hablar de las comunicaciones con seres queridos.

 

El 2020 nos vino a recordar que el mundo es peligroso y que nuestra vida es frágil. Eso siempre fue y será así. Como dice la canción: “nadie nos prometió un jardín de rosas”. Sin embargo, antes del 2020 muchos parecíamos vivir enfrascados en una sensación de seguridad y bienestar ficticio. Bien podría verse la historia de la humanidad como la lucha incansable contra la muerte. En ese sentido el 2020 fue un año más que humano.

 

 

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