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Ya no estoy aquí: drama refrescante y de una visión muy particular

Hay muchos temas complejos que se tratan con mucha ligereza en Ya no estoy aquí, una película tan hábil y bellamente hecha que es difícil creer que solo sea la segunda del director Fernando Frías de la Parra. La historia de un adolescente a la deriva, toca temas de identidad, pobreza, inmigración, política mundial, pero lo más conmovedor es la historia de un niño que solo quiere bailar.

Ulises (Juan Daniel García Treviño), de 17 años, está creciendo en un pueblo cerca de Monterrey, México. Comparte una casa muy pequeña con su madre y dos hermanos mucho menores. La mayor parte de sus días y noches los pasa bailando cumbia y matando el tiempo con su pandilla, los Terkos, de los cuales él es visiblemente el líder.

El género musical conocido como cumbia surgió a lo largo de la costa caribeña de Colombia durante la época de la trata de esclavos e hizo incursiones en América Central y del Sur en los siglos siguientes, aunque aparentemente explotó en la década de los sesentas. Hoy en día, algunos la llaman la madre de toda la música latina, y su forma puede variar mucho de una cultura a otra. Se acompaña de una danza circular de arrastre que incorpora dos pasos cortos y cerrados y gestos con las manos y giros elegantes que se aceleran gradualmente. Algunos historiadores sugieren que los escalones estrechos se deben a los grilletes que habrían estado en las piernas de los bailarines esclavizados, limitando su movimiento. Tal vez esa sea una de las razones por las que la música y sus movimientos a menudo se sienten tan embrujados, flotando entre la alegría y la melancolía.

Los Terkos son todos devotos de la cumbia, como parte de un fenómeno que se desarrolló en México, donde el ritmo musical que no es propio de la región, se popularizó y fue formando parte de la identidad de la gente. Sin embargo, no guarda el mismo estilo y ritmo que las cumbias tradicionales, es una extraña e increíble transformación que llegó en algún momento como parte del fenómeno globalización y que al mismo tiempo nos permite ver estas extrañas, pero sabrosas anomalías, un tipo de música que, en su versión elegida, mezcla pop lento con ritmos tradicionales. Vestidos con ropas holgadas y con el pelo recogido en estilos excéntricos, bailan en la calle agachados y dando vueltas. En un pueblo donde no hay mucho más que hacer, es algo que es de ellos.

La pandilla de Ulises se centra en poco más que la música, pero es una de varias pandillas en la ciudad y otras tienen objetivos más violentos. Un día, Ulises está accidentalmente en el lugar equivocado en el momento equivocado y se ve involucrado en un asesinato en grupo. Tiene que huir del país o morir. Se dirige a Nueva York, con una mochila llena de casi nada y apenas una palabra de inglés.

De la Parra mezcla sus líneas de tiempo para cruzarse entre Ulises en su pueblo natal y en las calles de Nueva York. En Monterrey está algo perdido, pero al menos está perdido con los demás, mientras que en Nueva York está solo, un inmigrante más, donde su estilo y su baile son motivos para burlarse de él o tratarlo como una novedad.

Interpretado con tranquila y confianza por Treviño, Ulises es un héroe fascinante. Dice poco, pero sabe quién es y no se compromete. Uno de los aspectos más interesantes de la película es ver cómo reaccionan los demás ante él. Incapaces de comunicarse verbalmente, algunos lo tratan con sospecha, algunos lo tratan como un idiota, otros lo ignoran por completo. Solo una, una niña llamada Lin (Angelina Chen), intenta conocerlo. Su historia podría ser sombría, pero el compromiso de Ulises de mantener quien es, incluso mientras se mueve a través de diferentes versiones de lo que es, le da algo de algo único a la historia. Y si uno se pone a analizarlo concienzudamente, la película tiene una maravillosa ironía. Los Terkos y todo el movimiento “Kolombiano” son posibles gracias a la globalización y a que elementos como la música pueden ahora mejor que antes traspasar fronteras, pero al mismo tiempo vemos lo arraigado de una costumbre, que incluso puede que no sea originaria, sino adoptada, pero aun así forjadora de identidad, y es esto lo que es más difícil de acoplar en una sociedad donde no hay espacio para lo particular, lo raro, lo único. Es hermoso, casi poético y trágico al mismo tiempo ver como el protagonista no puede encajar en su nueva realidad. Y no solo no puede, sino que en ultimo termino: ¡No quiere!

Y ver esa fidelidad por lo que cree, por lo que le apasiona, manteniendo su personalidad por encima de toda y tratándose con honestidad, es eso lo rico de ver. Desde hace mucho no se lucía un personaje como esté en el cine, que a mi parecer le hace mucho bien al cine latinoamericano, ya que no podremos negar que uno de nuestros fuertes es mostrar toda esa riqueza cultural que brota de nuestras complejas pero ricas realidades.

También hay que mencionar que el talento de De la Parra como director sugiere grandes cosas en el futuro. Por un lado, su película es asombrosamente atractiva, la cinematografía de Damian García está llena de color y textura. Si bien De la Parra se ocupa de temas políticos pesados, deja que la historia los explore y su narración es excelente, aunque si quiero ser pesado y no dejarme nada en el tintero, también debo admitir que todos los flashbacks de la película podrían haber estado más claros para el espectador. No es de las películas que puedes ver mientras revisas tu celular. Demanda tiempo y concentración, pero esos detalles son más que comprensibles para quien solo lleva 2 películas en su haber. Este largometraje es de las historias a la que podría volver repetidamente y encontrar innumerables cosas nuevas para admirar.


Fuentes
https://www.vulture.com/article/im-no-longer-here-movie-review-ya-no-estoy-aqu.html
https://www.rogerebert.com/reviews/im-no-longer-here-movie-review-2020
https://www.nytimes.com/2020/05/27/movies/im-no-longer-here-review.html

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