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El tiempo a través de las culturas

Un año termina y otro empieza, los días parecen cambiar de número, y basados en nuestro particular modo de medir el tiempo le agregamos encanto a los ciclos: “el viernes empiezo la dieta”, “el 2021 será un año distinto”, etcétera. El tiempo tiene la rara particularidad de mezclar ciencia con magia, pero en realidad es sólo una cuestión histórica y cultural.

Cuando termina un año el mundo parece celebrar al unísono: estallan los fuegos artificiales, la gente se reúne a desear un buen comienzo de ciclo, y todos parecemos felices frente al enigmático acontecimiento. Sin embargo, existen varios grupos que viven en otro año: los chinos y los judíos, por ejemplo. El tiempo no es sólo una cuestión subjetiva individual: también las sociedades difieren en el modo de entender la fuerza más intrigante del Universo.

Los pueblos prehistóricos registraron por primera vez las fases de la Luna hace unos 30.000 años, y el registro del tiempo no es otra cosa que la forma en la que la humanidad ha observado el cielo, donde ocurrieron los primeros eventos naturales reconocidos. Sin embargo, durante el transcurso del año hay otros eventos que indican cambios significativos en el medio ambiente: los vientos y las lluvias estacionales, la inundación de los ríos, el florecimiento de los árboles y las plantas, y los ciclos de cría o la migración de animales y aves. Todo eso condujo a crear divisiones naturales del año, y una mayor observación llevan al “descubrimiento” de las estaciones.

Culturas secuencias y culturas sincrónicas

Más allá de las formas de medirlo, el tiempo es una idea y una percepción, y por lo tanto no un objeto. Como tal, el tiempo es subjetivo y está abierto a la interpretación. Como construcción social, el tiempo permite a los miembros de una cultura coordinar las actividades.

Sin embargo, aunque las personas pueden contemplar el tiempo sobre la base del pasado, el presente y el futuro, cada una de esas etapas no tienen la misma importancia en todas las culturas. Por eso las llamadas culturas secuenciales consideran el tiempo como una cadena de acontecimientos que representan bloques de construcción iguales. Las actividades se colocan linealmente a lo largo de esa cadena, de manera lógica y eficiente.

El tiempo es la cuerda que mantiene estos eventos alineados. Para los miembros de las culturas secuenciales, mantenerse al día con el paso del tiempo es primordial para no llegar tarde y cumplir con las tareas planeadas. Es bajo estas pautas que el tiempo controla la vida de las personas. Para estas culturas, se puede decir que el tiempo es inflexible, inquebrantable e inelástico.

Por otro lado, las culturas sincrónicas ven al tiempo como inflexible y elástico. El tiempo representa una construcción en la que muchas actividades pueden ocurrir simultáneamente. No hay caminos claros para alcanzar las metas y realizar las actividades. Por lo tanto, los miembros de estas culturas pueden cambiar de actividad según sea necesario.

Esta noción de que el tiempo se ve y se percibe de manera diferente tiene importantes implicaciones para quienes viven en el extranjero: los que perciben el tiempo de manera secuencial encontrarán dificultades para ajustarse viviendo en países donde el tiempo es elástico o incluso circular y, por lo tanto, no se basa en acontecimientos consecutivos y cronológicamente adheridos.

Lo contrario también es cierto. Las personas de culturas sincrónicas necesitan ajustar su percepción del tiempo para navegar a través de las limitaciones de programación y tiempo que un país secuencial impone a los acontecimientos.

La cultura del reloj

Los países donde la puntualidad es importante, como Alemania, Suiza y Estados Unidos, viven bajo el dominio de la cultura del reloj. Por ejemplo, la frase norteamericana “el tiempo es dinero” nos indica claramente que el dinero está atado a las nociones de perder o ganar tiempo, y viceversa. El tiempo, por lo tanto, es un bien caro que debe ser usado sabiamente. Valores como el progreso, el éxito y los logros se basan en la adhesión al cumplimiento del tiempo. Las tareas académicas y profesionales se programan en el tiempo y obedecen a plazos estrictos.

Sin embargo, muchos países africanos, asiáticos e incluso europeos, como Italia o España, perciben el tiempo como algo más cíclico, regulado por la rotación de las lunas y las estaciones, y por ende son mucho más relajados. Por otro lado, los países antiguos como la India y Egipto, que existen desde hace miles de años, evalúan el tiempo de manera muy diferente. Ellos, a diferencia de los japoneses por ejemplo, no consideran los minutos, ni siquiera las horas o los días, como algo crítico.

Culturas con visiones únicas del tiempo

-La tribu Pirahã

Esta pequeña tribu de la selva amazónica tiene un lenguaje extremadamente limitado de zumbidos y silbidos. No usan números, letras o arte, ni tampoco tienen concepto del tiempo. Para ellos no hay tiempo pasado porque todo existe en el presente. Cuando el tiempo ya no se puede percibir, deja de existir. Esto explica por qué los Pirahã no quieren recordar de dónde vienen y por qué no cuentan historias.

-La tribu Hopi

La tribu india Hopi es conocida debido a su falta de tiempos verbales y la consiguiente omisión de cualquier concepción del tiempo. Lo más cercano que el lenguaje Hopi está a un sentido del tiempo son dos palabras: una que significa “más pronto” y otra que significa “más tarde”. La tribu Hopi vive, en su mayoría, en el noreste de Arizona, en Estados Unidos.

-Tribus nómadas de Afganistán e Irán

Estos pueblos no se sienten atados por el tiempo en ningún otro momento que no sea el de las estaciones. En la primavera, migran de los valles a las montañas, donde encontrarán pastizales más ricos y abundantes para sus animales. Cuando los días cálidos del verano han pasado, los nómadas regresan a los valles de los que vinieron. Este ciclo continúa a lo largo de toda su vida.

-Cultura Budista

Aunque nuestro sistema de meses es un concepto lunar, los budistas tienen un calendario lunar más estricto porque la luna siempre ha sido para ellos un objeto de maravilla y veneración. Los monjes budistas se reúnen para rezar dos veces en un mes lunar, al principio y al final del ciclo. El calendario budista consta de 12 meses. A lo largo del año, los días de cada mes se alternan de 29 a 30, lo que hace que cada mes sea más corto, en promedio, que los meses a los que están acostumbradas muchas otras sociedades modernas.


Fuentes
Time is Money, Right?, en https://www.communicaid.com
Cultural Perceptions of Time, en https://www.andersoninstitute.com

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