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Kurt Cobain… y la integridad artística de Neha Maqsood

Desde la existencia misma del capitalismo moderno, la integridad de muchos artistas ha sido cuestionada debido a la comercialización masiva de sus obras. Existe una gran división entre aquellos puristas que desdeñan el mercantilismo del arte y quienes justifican su promoción para que el artista pueda subsistir. La periodista y escritora pakistaní, Neha Maqsood, cree que ambas posturas pueden coexistir, ofreciendo como ejemplo al fallecido ícono del rock alternativo de los 90s, Kurt Cobain.

 

Antes de la llegada de Amazon, iTunes y las redes sociales, los artistas debían contentarse con compartir su arte con unos pocos, limitando sus posibilidades de ganar dinero en el proceso. Aún más significativamente, a la corriente bohemia que nació en París a mediados del siglo XIX ni siquiera le interesaba obtener rédito económico alguno por sus creaciones.

 

El objetivo principal de quienes integraban este movimiento –que luego siguió respetándose por una minoría de puristas- fue el de simplemente exteriorizar, a través del medio artístico de su preferencia, sus emociones personales. Pero, más allá del altruismo con el cual cada artista encare y valore a sus obras, no caben dudas de que la distribución y comercialización de éstas se relaciona casi intrínsecamente con el arte moderno.

 

Así lo cree Neha Maqsood, una periodista de origen pakistaní cuyo primer libro de poemas, Vulnerabilidad, ganó el Hellebore Poetry Scholarship Award de 2019-2020. Recientemente, esta joven escritora le extendió al mundo artístico un viejo –aunque no por ello desactualizado- cuestionamiento: ¿Puede el arte ser comercial sin que éste pierda su integridad?

 

De acuerdo a su visión, a pesar de que el arte y los negocios son vistos como entidades separadas dentro de la vida del artista, ambos deben coexistir para promover la capacidad creativa de éste. Es por ello que Maqsood afirma que la comercialización del trabajo artístico de una persona es lo que le generará las oportunidades necesarias para poder continuar creando nuevas obras.

 

Sin embargo, a partir del advenimiento de la internet, vivimos en un mundo en donde existe una infinidad de medios para la difusión del arte, lo cual ha generado un ambiente extremadamente competitivo. Este hecho puede contribuir a que los artistas, para subsistir económicamente, decidan crear obras que conformen a las tendencias más populares del momento.

 

Existen incontables casos de grandes artistas de siglos pasados que, durante el transcurso de sus vidas, jamás gozaron del reconocimiento creativo ni económico de sus obras. Paradójicamente, fue esta falta de presión comercial lo que eventualmente le otorgó al trabajo de estos incomprendidos y desestimados maestros de la pintura, la música y la escritura una mayor valoración.  

 

Maqsood también descubrió que existen casos en los cuales los deseos internos de algunos artistas por alcanzar la fama a veces se esconden detrás de una falsa postura anti-establishment. En este sentido, y luego de haber leído el libro de Danny Goldberg –manager de la banda de rock Nirvana-, Serve the Servant, ella se dio cuenta de que no existe necesariamente una incompatibilidad entre la integridad artística y el deseo individual de que determinada obra alcance una masiva popularidad.

 

Antes de la llegada del disco Nevermind (1991), el mundo del rock & roll estaba dominado por pomposas bandas que llenaban grandes estadios, pero que no generaban un gran impacto emocional en los adolescentes de la época. Las letras de Kurt Cobain consiguieron expresar el descontento nihilista de millones de jóvenes alrededor del mundo que desdeñaban las convenciones sociales que los rodeaban. Esto le generó a su banda un impensado éxito mundial que, aparentemente, resultó ser tan abrumador que llevó al músico de 27 años a quitarse la vida.

 

Pero, de acuerdo a Goldberg, la postura anti-comercial de Cobain no se condecía con las verdaderas ambiciones del artista, quien sigilosamente se esforzaba para que Nirvana se convierta en un fenómeno mundial. He aquí entonces en donde Masqood no encuentra una contradicción entre la integridad artística de un individuo y su deseo de que su obra sea difundida, gozando al mismo tiempo de una merecida retribución económica por su trabajo.

 

Aunque, de acuerdo a la interpretación de Maqsood, la principal motivación de un artista es la de producir sus obras apasionadamente, ella reconoce que la cuestión económica está muy vinculada a su profesión. Si bien existe una profunda diferencia ética entre los objetivos del mundo artístico y el financiero, en una sociedad capitalista como la nuestra es casi inevitable que el primero se relacione con el segundo.

 

Ante los constantes cuestionamientos que la escritora se hacía acerca con respecto a promover su trabajo en las redes sociales, ella comenzó a revisar mentalmente la carrera de los grandes maestros de la pintura. Es conocido el hecho de que Van Gogh sólo logró vender una de sus pinturas mientras estuvo con vida –Viñedo Rojo en Arles (1888)-, alcanzando la totalidad de sus cuadros una masiva trascendencia en las décadas posteriores a su fallecimiento.

 

Al igual que el artista holandés, el pintor griego Domenikos Theotokopoulos –mejor conocido como “El Greco”- fue un incomprendido de su época, desestimado tanto por los críticos de la pintura como por sus colegas. Según Maqsood, fue precisamente esta falta de masivo reconocimiento y presión lo que les otorga a este tipo de artistas la capacidad de enfocarse en crear trabajos que pueden considerarse como verdaderamente íntegros. Y, si bien muchas veces el reconocimiento estético y la valoración económica llega de manera póstuma, esto sólo logra engrandecer aún más el talento de estos artistas.

 

En cambio, en la actualidad, los artistas deben luchar para visibilizar sus obras en un mundo en donde la abundancia de nuevas propuestas continuamente invade la internet. Maqsood reconoce que es muy difícil subsistir en un medio tan competitivo como el actual, sobre todo ante el devastador golpe que sufrió el sector con la llegada del Covid-19. El cierre de galerías de arte, librerías y la cancelación de recitales al aire libre, todo ello contribuyó a que los ingresos de los artistas se vean reducidos al mínimo.

 

Esta es una situación que no sólo genera dificultades económicas, sino que también posee consecuencias psicológicas que afectan la capacidad creativa del artista. En este sentido, el dinero pasa a transformarse en una especie de mal necesario que muchas veces condiciona la honestidad conceptual de las obras. Sin embargo, y tal como el historiador y autor norteamericano Steven Pressfield afirmó alguna vez, el dinero “te compra otra temporada para crear”.

 

Maqsood comprendió que, cuando el artista decide exponer su obra al público masivo, lo hace para que su mensaje llegue a la mayor cantidad de personas posible. Su cuestionamiento acerca de que si, durante este proceso, se pierde la integridad del trabajo artístico, parece haberla resuelto al aceptar la relación que existe entre el arte y los negocios.

 

Aún así, aparentemente la escritora pakistaní parece no estar demasiado convencida acerca del frío pragmatismo de su análisis. Luego de haber creado cuentas en Instagram y Twitter para compartir sus poesías online, la joven decidió borrarlas de inmediato. Sin dudas, la lucha interna de Neha Maqsood para que sus obras no pierdan su integridad artística es tan comprensible como digna de admiración.

 

Fuentes
Maqsood, N. (19 de Noviembre de 2020). How Kurt Cobain convinced me of the commercialisation of art. Al Jazeera. Obtenido de https://www.aljazeera.com/

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