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La mujer invisible

El machismo o el patriarcado está presente en cada aspecto de nuestras vidas, pero en algunos ámbitos la injusticia es todavía más evidente. Tal es el caso de la literatura, o mejor dicho del canon literario, donde las autoras parecen no existir o son directamente rechazadas por el sólo hecho de ser mujeres.

 

Los editores suelen clasificar a la literatura femenina como una categoría menor de libros hechos por mujeres. Por supuesto que hay algo de cierto en esta afirmación, aunque dicho así podría decirse que al menos es una definición reduccionista. Lo que hace que la historia de la escritura femenina sea tan interesante es que en muchos sentidos es una nueva área de estudio. 

La tradición de la escritura femenina ha sido ignorada debido a la posición inferior que las mujeres han tenido en las sociedades dominadas por los hombres. Todavía hoy se pueden presenciar clases de literatura o leer antologías en las que las mujeres son superadas en número por los escritores masculinos, o incluso están totalmente ausentes.

 

Antes de la explosión feminista en varios puntos del mundo y de la introducción de los estudios académicos de la literatura femenina, las propias mujeres eran las únicas defensoras de sí mismas, de sus contemporáneas y de sus predecesoras. “A Vindication on the Rights of Women (1792)”, de Mary Wollstonecraft, es un tratado histórico que allanó el camino para que muchas mujeres después de ella no sólo publicaran sus obras, sino que también se comprometieran con el discurso crítico general en torno a la cuestión de la mujer en la literatura.

 

Desde ya, al vivir en un mundo dominado por hombres, en ocasiones eran ellos mismos quienes destacaban el aporte de las mujeres a la literatura. Algunos de los primeros registros sobre las contribuciones de las mujeres a la literatura fueron catálogos publicados en el siglo XVIII y escritos por hombres: “Feminead” (1754) de John Duncombe y “Memoirs of Several Ladies of Great Britain Who Have Been Celebrated for their Writing or Skill in the Learned Languages, Arts, and Sciences” (1752) de George Ballard son dos de esos escritos.

 

Sin embargo, la mayoría de las personas interesadas en leer y responder a las obras escritas por mujeres eran en realidad otras mujeres. Un ejemplo claro de esto es “The Female Advocate” (17749 de Mary Scott. El poema fue la primera publicación de Scott y es notable porque elogia a otras escritoras de la época, entre ellas la escritora infantil Sarah Fielding y Anna Laetitia Barbauld, una escritora cuyas opiniones políticas la llevaron finalmente a la lista negra después de que publicara un poema controversial sobre su desacuerdo con la participación del Imperio Británico en las guerras napoleónicas.

 

“A Room of One’s Own” (1929) de Virginia Woolf es a veces considerada una fuerza impulsora del movimiento feminista. Considerada por muchos como la obra maestra de Woolf, el largo ensayo se cuenta a través de un narrador ficticio y presenta un argumento sobre la necesidad de una “habitación” tanto metafórica como literal para la literatura femenina dentro de la tradición literaria. El libro también sirvió de inspiración para la revista “Room” (anteriormente titulada “Room of One’s Own”), lanzada en 1975 y cuyo objetivo específico era publicar y promover las obras de escritoras.

 

La segunda ola del feminismo en los años 70 y 80 provocó un resurgimiento en la consideración del lugar para las obras de las mujeres. Las universidades comenzaron a ofrecer cursos de historia y literatura de la mujer. Se fundaron imprentas que se dedicaron a publicar obras perdidas o ignoradas de mujeres. En los últimos años, se ha fomentado la exploración de la relación entre raza, género, religión y clase para demostrar aún más la importancia del reconocimiento del lugar que ocupan los grupos marginados en la literatura.

 

El rol de la crítica feminista

 

La crítica literaria feminista reconoce que la literatura refleja y da forma a los estereotipos y otros supuestos culturales. Así, la crítica literaria feminista examina cómo las obras literarias encarnan actitudes patriarcales o las socavan… y a veces ambas cosas suceden dentro de la misma obra.

 

La crítica literaria feminista puede aportar herramientas de otras disciplinas críticas, como el análisis histórico, la psicología, la lingüística, el análisis sociológico y el análisis económico. También puede estudiar la interseccionalidad, observando cómo se involucran determinados factores como la raza, la sexualidad, la capacidad física y la clase.

 

La crítica literaria feminista puede utilizar cualquiera de los siguientes métodos:

 

  • Desconstruir la forma en que los personajes femeninos son descritos en las novelas, historias, obras de teatro, biografías e historias, especialmente si el autor es hombre.
  • Deconstruir cómo el propio género influye en la forma de leer e interpretar un texto, y cómo el lector se identifica según el género sexual.
  • Desconstruir cómo las mujeres autógrafas y biógrafas de mujeres tratan a sus sujetos, y cómo los biógrafos tratan a las mujeres que son secundarias al sujeto principal.
  • Describir las relaciones entre el texto literario y las ideas sobre el poder y la sexualidad y el género.
  • Criticar el lenguaje patriarcal o de marginación de la mujer, como el uso “universal” de los pronombres masculinos “él” y “ella”.
  • Notar y desentrañar las diferencias en la forma en que los hombres y las mujeres escriben: un estilo, por ejemplo, en el que las mujeres utilizan un lenguaje más reflexivo y los hombres un lenguaje más directo.
  • La recuperación de escritoras poco conocidas o que han sido marginadas o infravaloradas, lo que a veces se denomina ampliar o criticar el canon, la lista habitual de autores y obras “importantes”.
  • Reclamar la “voz femenina” como una valiosa contribución a la literatura, incluso si antes era marginada o ignorada.
  • Analizar múltiples obras de un género como una visión general de un enfoque feminista de ese género: por ejemplo, ciencia ficción o ficción detectivesca.
  • Examinar cómo se describen en el texto las relaciones entre hombres y mujeres y los que asumen papeles masculinos y femeninos, incluidas las relaciones de poder.
  • Examinar el texto para encontrar formas en que el patriarcado es resistido o podría haber sido resistido.

 

 

 

 

 

La necesidad de una mirada feminista al canon literario es hoy es más urgente que nunca. Escritoras como Toni Morrison, Adrienne Rich y Margaret Atwood, cuyas obras ejemplifican la búsqueda de reconocimiento y activismo, demuestran que hay un lugar para este diálogo, que beneficia no sólo a las mujeres, sino a la tradición literaria en su conjunto.

 

 

Fuentes
http://www.femininecollective.com/a-feminist-literary-canon/
http://victorian-era.org/the-literary-canon.html
https://phdessay.com/feminism-in-literature/

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