Written by ciencia y tecnologia

Humanos, demasiado humanos

Nosotros, es decir los Homo Sapiens, creemos que nuestra característica principal es la inteligencia, pero en realidad es el egocentrismo. Los estudios científicos sobre el cuervo demuestran que es un animal casi tan inteligente como las personas: se reconoce a sí mismo, usa herramientas, puede engañar, jugar y hasta asesinar. Entonces, ¿eso dónde nos deja parados?

En la canción “La locomotora”, el grupo mexicano Café Tacuba canta la siguiente: “Si los simios hicieran música, si los reptiles cantaran bajo tu ventana coplas de su propia inspiración, entonces ¿dónde quedo yo?”. Es una pregunta por supuesto existencial que cuestiona nuestro lugar en el mundo. Los humanos somos educados para creernos por encima de todos los seres vivos del planeta, un inalienable derecho otorgado por nuestra supuesta inteligencia superior.

Sin embargo, no somos los únicos seres inteligentes y capaces de sentir dolor y alegría, de tener recuerdos y organizar funerales, o de usar herramientas. A pesar de tener un cerebro tan pequeño como un dedo pulgar, los cuervos son hoy clasificados por la ciencia cerca de los primates en términos de habilidades cognitivas. Características que suelen ser atribuidas a los humanos también les pertenecen a estas misteriosas aves, capaces de reconocerse, de calcular riesgos, de aprender, y hasta de tener tradiciones. Los primates somos diferentes, por supuesto, pero no tanto como nos gusta pensar. De hecho, los cuervos son capaces de reconocer y distinguir los rostros humanos.

Un estudio reciente incluso descubrió que los cuervos pueden recordar las dimensiones de las herramientas que necesitan para luego diseñarlas, en lo que se dio a llamar una “plantilla mental”. Esto es algo trascendente, dado que estas aves no actúan por mera imitación sino por una experimentación cuidada. Según el estudio, los cuervos poseen la habilidad de crear “una cultura de la fabricación de herramientas”, similar a cómo funciona la cultura humana: la información disponible se trasmite para construir nuevas herramientas.

¿Qué es realmente la inteligencia?

En general, la ciencia occidental ha subvalorado la inteligencia de los animales. Uno de los motivos es que, si consideramos a los animales como seres inteligentes, ya no sería tan sencillo experimentar con ellos de forma impune. Pero la principal razón se encuentra en un problema de categorización: se suelen clasificar las expresiones de intelecto según se parezcan o no a las humanas, dejando de lado una pregunta clave: ¿cuántos tipos de inteligencia existen? ¿Hay alguna más valiosa que otra? ¿Qué tan importante es la inteligencia a la hora de clasificar especies superiores o inferiores?

Algunos grupos culturales ya saben de la inteligencia de los cuervos hace mucho tiempo. En las sociedades no agrícolas, por ejemplo, los cuervos son a veces considerados seres sagrados. En cambio, las sociedades agrícolas ven a las aves como plagas y por lo tanto las desprecian. En el siglo XIX, los vietnamitas tenían cuervos semidomesticados por su extraordinaria inteligencia y capacidad de comunicación.

La memoria de los cuervos

Desde hace ya varios años, los científicos saben que los cuervos tienen una gran memoria, que además de reconocer un rostro humano, pueden transmitir esa información a su descendencia. Hoy también se sabe que estas aves reaccionan ante la muerte de uno de los suyos, aunque se desconocen los motivos. Por supuesto que el luto debería ser uno de ellos: los cuervos se aparean de por vida y perder a una pareja podría ser un momento doloroso, más si se tiene en cuenta que son animales altamente sociales.

Incluso hay registros de cuervos que colocan palos y otros objetos sobre los muertos para practicar una especie de funeral. Pero eso no es todo: cuando uno de ellos muere, el resto de los cuervos se reúnen para realizar un ritual. Durante el funeral los pájaros se juntan en los árboles, y a medida que pasan los minutos más cuervos acuden a la escena, emitiendo sonidos intensos.

La postura humana

A la mayoría de los humanos nos gustan los animales, y hasta nos pone contentos saber que son inteligentes y sociables. Los animales no provocan guerras, no fomentan la pobreza, no se explotan entre ellos, y sin embargo son inteligentes y sensibles a su entorno. También es cierto que los humanos nos preocupamos hoy más que nunca por ellos. En Europa, por ejemplo, ya no se realizan rituales de quema de gatos negros. Pero todavía nos queda mucho por aprender.

Más allá del vegetarianismo o el veganismo, la discusión principal no es si los animales tienen alma o si se nos parecen, sino cuánto pueden ayudarnos a sacar lo mejor de nosotros. El caso de las mascotas es ejemplar. En general las personas se vuelven mejores si tienen un gato o un perro. Es decir, no es importante defender a los cuervos por el solo hecho de su inteligencia, sino porque entendiendo su inteligencia somos capaces de mejorar.

Además de los cuervos, hay otros animales usualmente despreciados que son inteligentes. La paloma es un claro ejemplo. Aunque son molestas y suelen considerarse una plaga, son en verdad animales incomprendidos: las palomas no sólo recuerdan docenas de rutas para encontrar su camino a lugares familiares, sino que también pueden reconocer sus caras en un espejo.

Por otro lado, los cerdos son conocidos por sus habilidades sociales, pero no tanto por su facilidad para aprender. Incluso científicos de una universidad norteamericana lograron entrenar a un grupo de cerdos para jugar videojuegos, algo sólo logrado hasta entonces por primates. Los cerdos también tienen memoria y pueden recordar su propio nombre.

Todo esto nos lleva a preguntar otra vez por nuestro lugar en el planeta. ¿Estamos aquí para explotar, cuidar o respetar a los animales? Una pregunta trascendente que deberá tener una respuesta si queremos vivir en un mundo más armónico.


Fuentes
The Intelligent Crow: Exploring Human-Animal Relationships Cross-Culturally, en https://hraf.yale.edu
Crow Brains Reveal Secrets of Their Intelligence, en https://www.iflscience.com

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