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Sentirse culpable no arregla las cosas

Si algunos pensamientos conducen a sentimientos que hacen daño y para evitar el sufrimiento podemos usar otros que hagan bien ¿Por qué no hacerlo si es fácil?

Los pensamientos negativos son parte de la vida. Pretender eliminarlos es como suponer que el sol deja de existir cada noche porque no se puede ver. Esos pensamientos negativos pueden hacernos un daño tremendo, aprender a controlarlos puede mejorar nuestras vidas.

Culpa y vergüenza, son algunos de esos sentimientos y muchas veces hacen nuestras vidas un asco. Sin embargo, a diferencia de la vergüenza, la culpa puede llegar a funcionar como una motivación para realizar una tarea.

Por lo menos es lo que afirma la profesor de psicología y marketing, PhD. Art Markman. Él asegura que cuando una persona siente culpa, puede trabajar con más ahínco para tratar de compensar su falla, con una orientación adecuada, esa carga pesada, negativa, puede transformarse en un aprendizaje.

Pero ¿Qué puede pasar si no ocurre que el empleado se motive, sino que se lleve ese sentimiento negativo a casa, a cada parte de su vida?

Al no cumplir con una tarea y desarrollar un sentimiento de culpa, un empleado puede experimentar un efecto negativo, se lo llevaría a casa y eso le impediría estar  a gusto; pero también le podría producir ansiedad, o una desmejora en sus relaciones personales. También podría convertirse en una carga difícil de llevar, que se va haciendo más pesada con el tiempo.

¿Ha sentido alguna vez culpa? Seguramente sí y es algo que puede ser un tormento. Quizás no lo sepa; pero la culpa es un estado mental, es una creación de nuestra mente. Viajamos en la línea temporal al pasado y el dolor, cualquiera que sintamos, busca una culpa, que a su vez conlleva a un castigo y eso es exactamente lo que hacen las personas, castigarse con el sufrimiento por haber hecho algo que en sus creencias está mal, es un acto íntimo. Así la persona termina sintiéndose mal.

La culpa no admite reflexión, no busca la cusa que produjo el error, se enfoca en el castigo que debe pagar por  cometerlo. Se atormenta haciéndose preguntas sobre por qué no hizo lo correcto, por qué no dijo lo que debía decir, etc.

Es un estado mental que no ofrece espacio para ver el asunto con otra perspectiva, solo se ve un lado de la moneda. Tenerlo, sufrirlo, no ayudará a nadie, en cambio aprovechar la motivación de trabajar para enmendar lo ocurrido buscando las causas, eso sí puede traer mayores ganancias para todos.

Lo hecho, hecho está

Markman, apunta que es bueno ejercitar la autocompasión. Sugiere que piense en las cosas que ha hecho bien, no es una persona mala que deba castigarse por un incumplimiento ¿Para qué castigarse? ¿No le parece mejor buscar la causa del error y lograr realizar la tarea con éxito como lo ha hecho con otras?

Si el error lo paraliza, entonces ayudará concentrarse en los éxitos alcanzados. Ese orgullo, que es un sentimiento de soberbia, contario a la vergüenza, que infla lo bueno que ha hecho y que algunas veces ha sido reconocido por otros, puede ser usado para motivarse y comenzar un nuevo día en el trabajo. Si creamos estas sensaciones, ¿Por qué no usarlas en nuestro beneficio?

Aceptar lo ocurrido es importante, las personas se equivocan, incumplen y deben asumir sus responsabilidades por eso. Pero una cosa es aceptar un error y otra muy distinta imponerse un castigo por la falla ¿Qué es lo que hace falta cuando se comete un error, un castigo o enmendar el error?

Así que si no cumple con una tarea en el trabajo, por importante que esta sea, ¿Debería buscar las causas o debería atormentarse y castigarse?

Lo que no se quiere mostrar

Cuando no se quiere que otra persona vea algo en nosotros que no queremos que vea, eso es vergüenza, otro sentimiento negativo que puede afectarnos mucho. Entonces ocurre que se lucha para ser otra persona, no se muestra uno tal cual es. Ni el mismo avergonzado quiere verlo, es incapaz de verse frente a un espejo ¿Se ha sentido así alguna vez? Es horrible.

Juzgamos a otros; pero también nos juzgamos a nosotros mismos bajo las premisas de que lo que nos hace bien es bueno, es deseo y lo que no es malo, es miedo. Nuevamente es algo que solo está en nuestra mente, lo creamos nosotros.

¿Qué puede ocurrir cuando un trabajador siente vergüenza por no cumplir con sus asignaciones? De ninguna manera podría motivarse a mostrar algo que no quiere que vean. Siente que hizo algo malo y por ende él no es un buen trabajador ¿Qué cree que ocurrirá con sus trabajos pendientes? Siempre buscará una justificación para no presentarlos porque se avergüenza de su desempeño y no querrá exponerse.

Al igual que con la culpa, deberá aceptar sus debilidades reales y usar las fortalezas que tiene y que le han permitido en otras oportunidades alcanzar el éxito. Tener culpa o vergüenza no cambiará nada en el mundo real, solo sus acciones lo harán.

Pensar en sus fortalezas, en sus éxitos, en lo que le da orgullo, debe hacerse con tanto rigor  como un entrenamiento de un atleta olímpico. Por supuesto, que no se trata de eliminar la realidad, como los errores cometidos y sus consecuencias, más bien se trata de aprender a vivir con las fallas cometidas; pero también con las metas logradas.

Si los pensamientos que le hacen sentirse orgulloso, le hacen sentir bien y le brindan el ánimo para seguir adelante y hacer mejores cosas ¿Por qué darle prioridad a los pensamientos negativos?

Son muchas las personas raptadas por la culpa y la vergüenza, se pierden de lo que está sucediendo en realidad, se alejan de ello y la rumia los engulle. Se vuelven personas poco productivas, en el ámbito laboral, familiar y de relaciones.

Estos sentimientos negativos lo único real que tienen es que hacen que la persona se reduzca.


En este escrito expreso algunas reflexiones sobre la culpa y la vergüenza, sentimientos negativos que pueden hacernos mucho daño.

Inspirado en el artículo del Dr. Art Markman, titulado: “You’re Never Going to Be “Caught Up” at Work. Stop Feeling Guilty About It” y publicado el 19 de Julio de 2018 en hbr.org.

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