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La búsqueda de un artista: Conociendo a Brian Rea

Durante casi una década, Brian Rea, ilustrador de The New York Times, ha dibujado las imágenes que aparecen junto a la columna semanal Modern Love, ahora también un programa de televisión, que está dedicada a historias de todo el espectro del amor.

Las ilustraciones de Rea, que presentan un trabajo de líneas silencioso pero colorido, pueden sentirse como un hilo que une los ensayos en una sola narrativa aparentemente cohesiva: una historia lineal de amor y pérdida contada a través de una lente omnisciente.

A lo largo de su carrera, el artista de Los Ángeles, que anteriormente fue director de arte de la sección Opinión del periódico, ha producido libros, carteles, murales, proyectos de cine y moda para clientes de todo el mundo. Algunas de estas colaboraciones incluyen Apple, Marni, Google, The New Yorker, Airbnb, Penguin Books, Herman Miller, Malcolm Gladwell y Vanity Fair. Los intrincados dibujos y pinturas de Rea se han exhibido en París, Tokio, Los Ángeles, Ciudad de México, São Paulo, Seúl, Nueva York y Barcelona en la Fundación Joan Miró como parte de la muestra colectiva Murals. Más recientemente ha convertido sus ilustraciones en animaciones. También ha escrito e ilustrado dos libros, uno de los cuales, Death Wins a Goldfish, fue seleccionado recientemente para televisión.

Sin embargo, su éxito y su particular estilo no fue un camino fácil. El creció en medio de una familia donde no había artistas, sin embargo, eran extraordinarios cuenta cuentos y desde muy niño su cabeza se llenaba de imágenes y e historias pero sin saber qué hacer con ellas. Cuenta en una entrevista que su primer acercamiento al dibujo fue por medio de su abuelo, quien era un albañil que trabajaba haciendo paredes de cemento y piedra, pero que tenía en su cuarto un cuaderno de ilustraciones de cuando era joven. Brian cuenta que cuando descubrió en inusual tesoro quedo alucinado con lo que vio. Eran dibujos de anuncios de los años 30 y 40 que su abuelo había dibujado pero que nunca se los había mostrado a nadie. Para él fue como un cofre del tesoro que lo único que hizo fue avivar más su interés por plasar de alguna forma todas las historias, imágenes y personajes que rondaban su cabeza infantil. Ese fue su primer acercamiento al dibujo, ya que luego de descubrir las ilustraciones de su abuelo, él empezó a hacer lo mismo.

Con un espíritu siempre independiente, decidió cursar estudios en la academia que estuviera más alejada de su casa, ya que sabía que, si permanecía en casa, no se dedicaría al 100% a mejorar su arte.

Fueron muchos años en los que se dedicó a trabajar en lo suyo, pero no necesariamente en lo que a él le gustaba. De hecho, para ese entonces aún no estaba seguro de que era exactamente lo que quería hacer lo que quería contar o compartir.

Tuvo un primer intento de incursión en Nueva York, pero la experiencia fue algo desastrosa. Luego regresó a Baltimore, su ciudad natal, para seguir trabajando, pagando las cuentas a duras penas, pero siempre tozudo y decidido a salir a flote con su arte. Y aunque fuera un camino más difícil, se negó a trabajar en cualquier cosa. Siempre tuvo claro que o salía a flote con el dibujo o se hundiría en el intento. Ese tiempo en Baltimore le permitió enfocarse más en su estilo y cuestionarse sobre lo que deseaba hacer. Solía retratar escenas de la vida común y personajes curiosos que iba descubriendo en su barrio. Se dio cuenta que por ahí se encaminaban sus intereses. Compañeros y mentores lo motivaron a seguir por ese camino, siendo fiel a lo que le salía de adentro y lo hacía feliz. El comprendió que esa era la ruta hacia un florecimiento creativo genuino, siendo sincero y honesto con el mismo y compartiendo desde su visión del mundo. Luego de afianzarse en la técnica, consideró volver a Nueva York para intentarlo una vez más.

Él cuenta que quería contar historias más narrativas y basadas en emociones, y el dibujo era lo que esperaba que lo llevara allí. El gran desafío fue que en ese momento nadie estaba haciendo un trabajo así dentro de la comunidad de la ilustración.

Descubriendo un estilo y proceso propio

Brian cuenta que mientras estuvo en nueva York usaba en parte como catarsis personal, el hacer listas. Para lidiar con su día a día, emociones, frustraciones y miedos solía escribir largas listas con palabras que pudieran expresar sus emociones e ideas. En vez de contar cosas sobre su vida en forma de diario, le fue más efectivo simplemente hacer como notas, con palabras sueltas, sin necesariamente un orden lógico o narrativo, sino más bien solo como un medio para poder depositar todo lo que se le pasaba por la mente y el corazón de manera aleatoria, que es una representación más verosímil de lo que realmente le pasa a una persona en su vida diaria.

Esas listas se convirtieron en un punto de referencia para otros trabajos y sin querer queriendo fue apoderándose de un método para crear. Hizo un mural basado en él en Barcelona, y he pasado a hacer cuadros basados en la felicidad, el amor, la belleza y la ira, y todos esos otros temas, Sin duda una forma muy particular de contar historias.

Brian Rae es el ejemplo claro de un artista que se ha mantenido fiel, no a un estilo ni a una fórmula que le ha dado resultados, sino más bien al anhelo de su corazón. Se ha mantenido revisándose constantemente sobre lo que quiere contar, lo que lo hace feliz y le apasiona. Ha apostado el todo por el todo en ese camino y como siempre pasa con la gente sincera consigo mismo, ha tenido éxito. Más allá del dinero, la fama, el reconocimiento de sus pares o la acogida en masa de sus trabajos e ideas, para Rae siempre fue importante sentirse feliz haciendo lo que hace.

Un artista con mucho que decir y con tantísimas historias por desarrollar aún. De un estilo simple pero potente, ya que viene desde la verdad, el mejor lugar para cualquier artista.


Fuentes
https://www.creativereview.co.uk/brian-rea-new-york-times-modern-love/
https://www.youtube.com/watch?v=1Zn26aUYq-k
https://www.nytimes.com/2019/10/21/insider/brian-rea-modern-love-illustrator.html

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