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“Olympic Pride, American Prejudice” (Orgullo olímpico, prejuicio americano), Deborah Riley Draper, Blair Underwood y Travis Thrasher

La lucha contra la desigualdad está donde quiera que esta se encuentre y las pistas de atletismo, las piscinas y los campos deportivos también son campos para esa batalla.

En 1936 un grupo de 18 atletas afroamericanos aceptaron el desafío de la competencia entre las razas, lucharon en las canchas olímpicas alemanas, lo hicieron contra sus demonios internos y contra los que fuera de ellos estaban, al final ¿Qué obtuvieron?

El libro  de Deborah Riley Draper, Blair Underwood y Travis Thrasher titulado “Olympic Pride, American Prejudice” (Orgullo olímpico, prejuicio americano) es el mismo que el del documental que magistralmente produjo la propia Deborah y que trata sobre esos atletas negros que fueron a competir en las olimpiadas de 1936 en Alemania y el significado que esa experiencia tuvo para el mundo y la lucha contra el racismo.

El líder de ese país era en ese momento Adolf Hitler. Eran tiempos de una Alemania Nazi y Hitler esperaba usar estos juegos globales y tan reconocidos, para demostrar que la raza aria estaba por encima de todas las demás, tal y como él pregonaba.

De los 18 atletas, dos eran mujeres, las velocistas Tidye Pickett y Louise Stokes, ambas velocistas. Tidye fue la primera afroamericana que compitió en unos Juegos Olímpicos.

Cinco de los 18 van marcando el camino que recorre lo que vivieron los atletas para llegar a ir a las olimpiadas y lo que hicieron una vez que decidieron participar.

El libro coloca en manos del lector una realidad que aún hoy vivimos, el odio por los negros. Uno puede preguntarse ¿Por qué un atleta querría ir a una olimpiada a defender un país que los humilla, como lo hacía Estados Unidos con los afroamericanos? ¿Pudieron haber pensado que sería un gran escenario para demostrar que podían ser tan buenos o mejores que los blancos, que no eran personas de segunda clase? Si no iban, habiendo ganado competencias en su país, ¿Serían vistos como cobardes?

Los Juegos Olímpicos de 1936 tendrían una carga de racismo más global, uno en el que solo una raza era superior, la raza aria, la de los anfitriones alemanes. La competencia iba más allá de lo deportivo, trascendía lo político y tenía un alto impacto en lo social, así de grande, así de importante era aquel desafío.

Después de deliberar, las intenciones que tenían los atletas negros de boicotear los juegos quedaron atrás, y mucho de eso fue obra del entrenador Ralph Metcalfe. La disciplina y la pasión de los protagonistas, carga a la historia contada de una gran fuerza de voluntad para ir por encima de cualquier obstáculo que en su camino se presentara, la gloria podía ser de ellos y sucedió.

“Orgullo olímpico, prejuicio americano” es una emocionante historia de dolor, sacrificio y vejaciones que son derrotados por la voluntad, la pasión y la disciplina de atletas afroamericanos que fueron a las olimpiadas en 1936. Y si hoy, como en efecto lo es, la segregación es fuerte, en aquellos años lo era mucho peor. Pese a todo, mostraron al mundo lo que eran capaces de hacer.

Los juegos

Parque de Lustgarten de Berlín, primero de agosto del año 1936, Hitler está al frente de la ceremonia de apertura de Los Juegos Olímpicos número 19. El mundo tenía la mirada puesta en aquel líder que quería hacerse de un imperio; pero durante las dos semanas de competencias, el tema armamentista y sus aspiraciones de poder quedaron eclipsadas por unos juegos que según él, demostrarían al mundo que la raza a la que decía pertenecer, era superior a cualquier otra.

Con los ojos del mundo en Alemania, los atletas afroestadounidenses le dieron una gran lección a todos, incluyendo al líder alemán.

Pero destacó entre los 18, un hombre que por ser negro, era considerado como un ser inferior por el líder del país anfitrión de los juegos, se convirtió en el centro de atracción del mundo. Solo tenía 22 años y no solo había roto el record mundial en 200 metros planos, sino que se convirtió en el primer atleta en la historia de las olimpiadas modernas en ganar 4 medallas de oro en unos Juegos Olímpicos. Su nombre será recordado por siempre, era Jesse Owens, elantílope de Ébano”.

En la obra los detalles vienen de voces que estuvieron allí, que vivieron con intensidad cada momento, cada celebración y el sacrificio que eso les costó. Pero incluso así, su propio país no los aclamó como lo hizo el mundo ¿Por qué?

¿Puede más importante el prejuicio que el orgullo sano?

Owens, era un atleta afroamericano que como sus compañeros entrenó en la precariedad. Sus abuelos fueron esclavos, su padre tenía como oficio la recolección de algodón y eso en su país es un estigma social. No importaba cuanto hiciera por su país, este no valoró su esfuerzo ni el de sus compañeros.

El mismo Owen dejó saber que cuando llegó de Berlín, con sus cuatro medallas, ni siquiera pudo conseguir un buen trabajo ¿No fue suficiente lo que hizo? Era un héroe para los de su raza; pero parecía que no lo era para los de raza blanca. Ser negro minimizaba los logros.

Con una familia que mantener, se ganaba la vida corriendo contra caballos. Poco sabía sobre Hitler, aunque escuchaba sus historias y el desprecio que les tenía por ser negros.

¿Eran diferentes las cosas en Estados Unidos, su país? ¿El desprecio del hombre que era considerado un monstruo porque despreciaba a las demás razas, era diferente  al odio que sentían los blancos de Estados Unidos por los negros?

El libro “Orgullo olímpico, prejuicio americano” es una lectura conmovedora, emocionante y es sin duda un referente en materia de derechos humanos, especialmente en lo que a racismo se refiere. Es una historia de 16 hombres y 2 mujeres afroamericanas que tuvieron un sueño, trabajaron duro para alcanzarlo y lo hicieron posible.

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