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La relación entre la naturaleza y nuestro bienestar mental

Tras largos meses de permanecer encerrados en nuestros hogares, es inevitable que la población mundial haya experimentado fuertes sentimientos de angustia y ansiedad. Es interesante notar que, simultáneamente, existió un casi irrefrenable deseo –cuando las prohibiciones de las cuarentenas así lo permitieron- de visitar parques y otros escenarios naturales dentro de nuestras ciudades. Esta situación responde a un concepto avalado por numerosas investigaciones científicas: nuestra salud mental y espiritual se beneficia cuando nos contactamos con la naturaleza.

Más del 50% de la población mundial actualmente vive en áreas urbanas, es decir, aquellas ciudades en donde la naturaleza sólo puede apreciarse en un acotado número de parques. No es de extrañar, entonces, que las personas que habitan las grandes urbes poseen un nivel de stress mayor que los pobladores de áreas rurales, en donde pasan la mayor parte de sus vidas al aire libre, rodeados de árboles y plantas.

Es por esa razón que existen variados métodos de relajación que involucran la experiencia sonora de variados ambientes naturales. Desde sonidos de lluvia cayendo en un bosque, el hipnotizante ruido de las olas al romper apaciblemente en una costa o incluso el suave correr del viento, todos ellos nos producen una profunda sensación de descanso.

Aunque la ciencia sólo puede especular acerca de la verdadera razón por la cual la naturaleza provoca en nosotros una carga de energía positiva, muchos se preguntan si nuestro pasado no tiene algo que ver en ello. Los seres humanos no siempre nos hemos congregado en populosas urbes de cemento: nuestros antepasados vivieron y sintieron en ámbitos completamente naturales.

Durante miles de años, muchos de nuestros instintos más básicos –pero no por ello menos importantes- se emanciparon en bosques, montañas y desiertos. La lucha por la supervivencia moldeó nuestros sentidos hasta fundirlos con el entorno, respondiendo a estímulos como la disponibilidad de alimento o el acecho de depredadores. Es muy posible que esta ancestral relación permanezca escondida en nuestro inconsciente citadino, lista para recordarnos su esencia cada vez que transitamos un sendero natural.

A punto de cumplirse un año en que la pandemia de coronavirus obligó a millones de personas a acatar una estricta cuarentena, las consecuencias psicológicas de este prolongado encierro han sido preocupantes. Pero, mientras aquellos que acudieron a psiquiatras han buscado la solución en los psicofármacos, recientes estudios aseguran que algo tan simple como caminar en un parque o bosque tiene un impacto muy positivo en nuestro alicaído estado de ánimo.

Fuera de cualquier lógica o especulación, se han realizado estudios que demuestran el fuerte vínculo que existe entre el contacto con la naturaleza y el bienestar mental. En contraste, esta investigación –llevada adelante por la Universidad de Stanford- pudo establecer que las personas que viven en los grandes centros urbanos son propensas a experimentar la rumiación, es decir, la repetida concentración en pensamientos depresivos.

Este estudio demostró que, con sólo realizar una caminata de 90 minutos en un ambiente natural, podemos reducir nuestros niveles de rumiación, como así también la actividad neuronal de la corteza prefrontal subgenual (CPFsg). Traduciendo estos términos científicos al lenguaje común: acercarnos a la naturaleza nos ayuda a sentirnos mejor.

Existe una buena razón por la cual a la población de los países escandinavos permanentemente se la reconozca por poseer los niveles más altos de felicidad del mundo. Descartando de plano que la razón principal tenga algo que ver con una cuestión de crecimiento económico, deberíamos buscar el verdadero origen en una cuestión más abstracta y espiritual.

La economía de Suecia, por ejemplo, se encuentra en el puesto número 23 en cuanto a PBI y, sin embargo, ocupa el 7mo lugar del Reporte Mundial de la Felicidad realizado por las Naciones Unidas. ¿Por qué razón entonces, la población sueca goza de un espíritu más alegre y positivo que el resto de los países?

El origen bien puede hallarse en la manera en que éste y el resto de los países escandinavos deciden pasar su tiempo libre. Aún aquellos que habitan las grandes ciudades de esta región al norte de Europa, buscan cualquier excusa para alejarse del cemento y adentrarse en los senderos de algún bosque cercano.

Aún más importante es el hecho de que en Suecia se practica casi universalmente el Hemester, un término que básicamente se refiere a la elección de pasar las vacaciones visitando los numerosos lagos y montañas que caracterizan al paisaje de este país.

Teniendo en cuenta los probados beneficios que la naturaleza tiene sobre nuestro bienestar mental y espiritual, no resulta extraño que muchas personas que viven en las grandes urbes decidan vacacionar en lugares en donde abunda la vegetación. Muchos de ellos podrán argumentar que lo hacen para escapar del ruido y el caos de las ciudades, pero no sólo es tranquilidad lo que reciben en este cambio de escenario: el contacto con la naturaleza tiene el poder de influenciar positivamente a todo nuestro ser.

Otras investigaciones llevaron la cuestión todavía más lejos. Un estudio publicado en el año 2012 por el periódico académico Landscape and Urban Planning, determinó que la presencia de árboles en las grandes urbes tiende a reducir los niveles de crímenes cometidos en estas áreas. Sorprendentemente, el reporte indica que eventos como robos y tiroteos en lugares en donde se incrementó el número de árboles en un 10%, trajo como consecuencia una reducción del crimen en un 12%.

Por si fuera poco, experimentos de la Universidad de Berkeley dieron como resultado que, con sólo observar imágenes o videos de escenarios naturales, nuestra personalidad puede tornarse más apacible y generosa. En esta investigación, a un número determinado de individuos se los invitó a participar de juegos económicos, en los cuales éstos demostraron un mayor nivel de solidaridad y confianza.

A diferencia de ellos, aquellos participantes que no fueron expuestos a imaginería alguna de espacios naturales no experimentaron cambio empático alguno en cuanto a las decisiones que tomaron durante el juego.

Y ni siquiera debería hacer falta mencionar el hecho de que, aquellos pacientes cuyas camas son rodeadas por plantas y flores, consumen menos fármacos y se recuperan más rápido de sus enfermedades.

Resulta decepcionante que, aun reconociendo los efectos positivos que tiene el contacto con la naturaleza en cada aspecto de nuestras vidas, continuemos depredando y contaminando el medio ambiente de toda manera posible.

Quizás, si tomáramos consciencia de nuestra estrecha relación espiritual con la naturaleza, dejaríamos de verla como un simple conjunto de recursos que nos permiten sobrevivir. Si nos nutriéramos más de este vínculo especial, seguramente nos daríamos cuente de que Ella tiene la asombrosa capacidad de convertirnos en seres humanos más empáticos y felices.


Fuentes
Haylor, K. (20 de Noviembre de 2020). A Walk in the Park. The Naked Scientists. Obtenido de https://www.thenakedscientists.com/
Suttie, J. (2 de Marzo de 2016). How Nature Can Make You Kinder, Happier, and More Creative. Greater Good Magazine. Obtenido de https://greatergood.berkeley.edu/

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