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Matthieu Ricard: Ser feliz

Si te preguntas qué es la felicidad, investigadores de la Universidad de Wisconsin tienen una respuesta quizás no demasiado satisfactoria o poética, pero respuesta al fin: es un nivel de ondas gamma que la neurociencia puede medir. En ese sentido, determinaron que la persona más feliz del mundo es el monje tibetano Matthieu Ricard.

La pregunta sobre la felicidad es constante en la historia de la filosofía. De alguna manera, se trata del sentido de la vida, de encontrar una meta o un objetivo, o de simplemente disfrutar de lo cotidiano. La idea de felicidad se ha convertido en la Modernidad en una cuestión puramente subjetiva: cada uno tiene su manera de sentirse feliz y, en general, se busca en ámbitos privados, en ambientes familiares. Pero en verdad el contexto determina nuestra capacidad de ser felices.

El filósofo Herbert Marcuse lo explica de esta manera: “El individuo que pone su meta más alta, la felicidad, en los bienes materiales se hace esclavo de los hombres y las cosas. Renuncia a su libertad. La riqueza y el bienestar no llegan o persisten debido a su decisión autónoma, sino más bien a través de la fortuna cambiante de circunstancias opacas. El hombre somete así su existencia a un propósito situado fuera de él”. Al colocar la felicidad en los bienes materiales nos volvemos esclavos de la felicidad, lo cual es bastante contradictorio.

A la vez, cuando se dice que la felicidad se encuentra en cosas intangibles, en ideas o sensaciones, en lo efímero, se ignora el hecho de que nadie puede ser feliz en la pobreza más absoluta. Es decir, la felicidad está atada a los bienes, pero carecer de bienes no es igual a ser feliz. Como vemos, es un problema sumamente complejo que quizás no tenga solución… Excepto para los neurólogos de la Universidad de Wisconsin.

Para ellos, el monje tibetano y genetista molecular Matthieu Ricard es el hombre más feliz del mundo. Y no tienen dudas al respecto: dicen que el cerebro de este hombre de 74 años produce un nivel de ondas gamma, vinculadas a la conciencia, la atención, el aprendizaje y la memoria, nunca antes reportadas en la neurociencia. El monje, que también es confidente del Dalai Lama, asegura que el secreto de la felicidad está en la meditación y que cualquiera puede ser feliz si entrena su cerebro.

¿Quién es Ricard?

El neurocientífico Richard Davidson conectó el cráneo de Ricard con 256 sensores como parte de la investigación de cientos de practicantes avanzados de meditación. Los escáneres mostraron que cuando se medita sobre la compasión, el cerebro de Ricard produce un inaudito nivel de ondas gamma.

Los escáneres también mostraron una actividad excesiva en el córtex prefrontal izquierdo de su cerebro en comparación con su homólogo derecho, lo que le da una capacidad inusualmente grande para la felicidad y una menor propensión a la negatividad. La investigación del fenómeno, conocido como “neuroplasticidad”, está en sus inicios y Davidson ha estado a la vanguardia de experimentos pioneros junto con otros destacados científicos del mundo.

Por su parte, Ricard no siempre fue un monje. De hecho, creció entre la élite intelectual de París como hijo del célebre filósofo libertario francés Jean-François Revel y la pintora de acuarelas abstractas Yahne Le Toumelin. Cuando obtuvo su doctorado en genética celular en el Instituto Pasteur de París en 1972, ya había comenzado a viajar a Darjeeling en la India durante sus vacaciones.

Monje destacado del monasterio Shechen de Katmandú, Ricard divide su año entre la meditación aislada, la investigación científica y el acompañamiento del Dalai Lama como su asesor en viajes a países de habla francesa y conferencias científicas.

Se dirigió al Foro Económico Mundial de Davos en el momento más álgido de la crisis financiera en 2009 para decir a los jefes de Estado y a los líderes empresariales reunidos que era hora de abandonar la codicia en favor del “altruismo ilustrado”.

El verdadero problema de la felicidad

La meditación y la neurociencia son grandes herramientas, cada una en lo suyo. La meditación es, sin dudas, beneficiosa para el bienestar personal. Y la neurociencia ha hecho notables avances en beneficio de todos. Dicho esto, ¿puede ser la felicidad producto del sufrimiento de otros? El monje Ricard nació en Francia, en una familia adinerada, viaja por todo el mundo con el Dalai Lama y tiene tiempo para meditar por largas horas. Así por supuesto es más sencillo alcanzar la felicidad.

El problema de la felicidad es, precisamente, que como sociedad no logramos ponernos de acuerdo en qué demonio es. Hemos dejado ese tema para el ámbito privado, y desde allí es bastante difícil medir la felicidad. La neurociencia dice que puede hacerlo, pero ¿hasta qué punto es mensurable un concepto abstracto? Para que la felicidad deje de ser abstracta, deberíamos bajarla a la tierra. Y cuando eso sucede, nuestra idea de felicidad se desvanece en el aire.

Como bien señala Marcuse, la felicidad no debería ser un privilegio de pocos. Tampoco debería anclarse sólo en el presente o en lo privado. La felicidad debería ser una idea colectiva, una realización entre todos. Las enseñanzas budistas quizás algún día nos lleven a ese lugar, pero es cada vez más difícil en un mundo donde se multiplican los millones de personas que apenas cuentan con el sustento para sobrevivir.

En ese contexto, la pregunta no es de índole hedonista sino ética: ¿es importante ser feliz o una buena persona? Porque, hay que decirlo, muchas veces las buenas personas no son las más felices sino las que sufren por los demás. Al mismo tiempo, la idea de la felicidad asociada al sufrimiento no lleva a buenos resultados. Es, de hecho, otra contradicción. Para decirlo de otro modo: si Ricard es la persona más feliz del mundo, ¿cómo puede ser feliz mientras la mayoría de nosotros no tenemos el lujo siquiera de preguntarnos qué es la felicidad?


Fuentes
Matthieu Ricard: World’s Happiest Man on What Really Matters, en https://www.goodlifeproject.com
Is this the world’s happiest man?, en https://www.dailymail.co.uk/

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