Written by destacados, reflexiones

Cuando los sueños chocan con la realidad

Desde que entramos en la adolescencia, nuestra imaginación comienza a proyectarnos un futuro al cual muchas veces la realidad frena en seco. Por diferentes motivos, aquella ocupación que alguna vez soñamos comienza a alejarse de nuestro alcance, y eso es más común de lo que nosotros creemos. Sin embargo, al final del día somos nosotros mismos quienes debemos decidir si dejamos atrás nuestros sueños o nos esforzamos todo lo posible para que se conviertan en realidad.

A los jóvenes de todas las épocas se les enseña que, algún día, ellos “pueden convertirse en lo que ellos quieran”. Pero, si bien esta frase encierra una gran verdad, con el paso del tiempo, los vaivenes de la vida comienzan a descartar a algunas de aquellas grandilocuentes aspiraciones de nuestra adolescencia.

Desprovistas de la maduración necesaria para hacernos entender que ciertas carreras se hallan fuera de nuestro alcance, la mayoría de estas grandes expectativas se topan con una realidad que las rebajan a meros anhelos irrealizables. Sin embargo, también es cierto que muchas veces somos nosotros mismos quienes no les aportamos el esfuerzo necesario para que éstos se terminen concretando.

Eventualmente, maduramos lo suficiente como para comprender que debemos dejar atrás aquellos viejos sueños de convertirnos en presidentes, deportistas de elite o mega-estrellas de rock. Sin embargo, esto no quiere decir que no podamos alcanzar una satisfacción similar al encontrarle mayor significado a aquellos logros que se hallan dentro de nuestras posibilidades.

Es cierto que, aun manteniendo una correlación entre nuestras expectativas y la realidad, muchas veces estos objetivos pueden resultar ser muy difíciles de alcanzar. Entonces, ¿cómo convivir con la enorme frustración de ni siquiera poder cumplir con metas que sí son realizables pero que, sin embargo, se nos escapan de las manos?

El psicólogo y profesor de la Wharton School of Business, Stewart D. Friedman -un renombrado especialista en liderazgo-, asegura que lo importante es revisar nuestra escala de valores. Ante la dificultad de toparnos con una promoción de trabajo o un aumento salarial que nunca llega, el experto recomienda dirigir nuestra atención hacia aquellas cosas que forman parte de nuestra realidad.

Conocer nuestras fortalezas y limitaciones es un proceso de maduración fundamental para determinar si nuestras ambiciones cuentan con probabilidades de éxito. Muchas veces, aceptar el hecho de que tal vez no poseemos las cualidades necesarias para alcanzar el trabajo o el ascenso deseado puede resultar ser un duro golpe a nuestra autoestima. Aun así, elevarnos por sobre la desilusión y mejorar en lo que sí somos capaces de hacer forma parte de nuestro crecimiento como seres humanos.

Contentarnos con lo que tenemos –familia, amigos, nuestra salud y trabajo actual- puede servirnos para enfocarnos en todo aquello a lo que podemos afectar de manera positiva. Pero, si bien aceptar nuestra condición de vida nos otorgará un sentimiento de cómoda satisfacción, esto no significa que debamos abandonar nuestras ambiciones por crecer o, inclusive, seguir soñando.

De acuerdo al concepto de Grit -delineado por la psicóloga Angela Lee Duckworth-, cualquier objetivo que sea encarado con perseverancia y, sobre todo, mucha pasión, es posible de alcanzar. En este sentido, quizás la mayor razón de que no se hagan realidad las carreras que alguna vez soñamos durante nuestra juventud sea sólo una cuestión de falta de esfuerzo y motivación por parte nuestra.

Muchas de estas grandes aspiraciones pueden justificarse ser descartadas ante los inconvenientes que –inevitablemente- encontraremos en el camino. Pero, mientras algunos se alejan de sus sueños cuando el viento no está a su favor, otros consideran a estos obstáculos como una parte integral de la lucha por conseguir sus objetivos.

Si bien se tratan de la excepción y no la regla, abundan los ejemplos de personas que pudieron cumplir sus sueños, aun con una realidad que les resultaba ser permanentemente adversa.

Muchos argumentarían que un surfista con un solo brazo jamás podría llegar a competir de manera profesional. Sin embargo, esta discapacidad no desalentó a la surfista hawaiana Bethany Hamilton quien, dos años más tarde de haber perdido su brazo izquierdo en un ataque de tiburón, ganó la división femenina Explorer del NSSA National Championships.

Y, si la excusa es no contar con un título académico, nada mejor que el caso del norteamericano Benjamín Franklin. Por razones económicas, el bostoniano debió abandonar el colegio a los 10 años de edad y, aun así, continuó su educación leyendo ávidamente sobre –entre otras materias- ciencias y humanidades. Sin poseer diploma universitario alguno, eventualmente no sólo se convirtió en un prolífico inventor, sino que llegó a la presidencia de los EEUU.

Sobran ejemplos similares: Albert Einstein no conseguía trabajo como físico luego de su graduación, Vincent Van Gogh vendió una sola pintura durante toda su vida, Steven Spielberg fue rechazado tres veces de la escuela de cine y teatro de California…

Es importante reconocer la verdadera razón de que nuestros objetivos no se concreten. ¿Es por una cuestión externa e irremediable? ¿O se trata quizás de no contar con la destreza y la motivación necesarias para alcanzar el éxito? Independientemente de si la razón proviene de la realidad o se trata meramente de una excusa, lo cierto es que muchas personas permanentemente logran transformar sus sueños en realidad.

Sería interesante conocer el destino de todas aquellas personas que, ante las adversidades de la vida, han decidido abandonar la lucha por conseguir su trabajo soñado. Quizás sea justamente esta falta de obstáculos lo que impide que la generación Millenial desarrolle todo su potencial.

Tal como lo sugiere el terapeuta Tess Brigham, la principal preocupación de los jóvenes actuales es la enorme cantidad de posibilidades que se les abre en la vida. En el mundo moderno, el problema de los adolescentes para alcanzar sus objetivos es que ni siquiera pueden determinar cuáles son y, durante el proceso, se paralizan ante la incertidumbre.

Sin embargo, los Millenials cuentan con todas las herramientas para que sus ambiciones se concreten. Los jóvenes modernos pueden promocionar su arte en las redes sociales de manera instantánea, crear aplicaciones que les otorguen grandes sumas de dinero o hacer uso todo tipo de plataformas para perfeccionar sus habilidades.

Es por esta razón que, en última instancia, los únicos límites que tienen las nuevas generaciones para alcanzar sus metas son generados por ellos mismos. Y, si bien es necesario estar preparado para cuando las cosas no salen como nosotros las planeamos, esto sólo debería reforzar nuestra determinación por alcanzar nuestros objetivos.

En este sentido, las palabras del autor y químico británico, Douglas Hugh Everett, resultan ser tan inspiradoras como ciertas: “Hay algunas personas que viven en un mundo de sueños y hay otras que enfrentan la realidad; y luego están aquellos que convierten uno en el otro.”


Fuentes
Friedman, S. D. (1 de Abril de 2015). When You Realize You’ll Never Get Your Dream Job. Harvard Business Review. Obtenido de https://hbr.org/
Jacques, R. (6 de Diciembre de 2017). 16 Wildly Successful People Who Overcame Huge Obstacles To Get There. HuffPost. Obtenido de https://www.huffpost.com/

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