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Tratando el trauma con sensibilidad: Menos reacción y más receptividad

Castigar es más fácil que entender y los estudiantes más golpeados por la injusticia social, terminan frustrados, con rabia, por eso explotan en las escuelas. Es importante ser sensibles a los traumas que tienen para poder orientarlos.

El maestro es uno de los líderes fundamentales de una sociedad. Junto con el hogar, la escuela ayuda a construir a los ciudadanos. Lo que haga la escuela en materia de equidad racial,  resultará en un gran beneficio para la sociedad del futuro.

La pandemia ocasionada por la Covid 19 ha exacerbado la crisis racial en Estados Unidos, es un problema que pesa mucho en la vida de los niños y adolescentes no blancos. Los maestros como el resto del personal educativo, tienen la misión de lidiar con estudiantes cargados de conflictos socioemocionales que terminan explotando en los salones de clases o en otros espacios de los centros educativos, algunas veces con mucha violencia.

Hay un enfoque que permite a las escuelas enfrentar la situación y que está cobrando más adeptos y espacios en el sistema. Se trata de Prácticas Educativas Sensibles al Trauma (TREP).

 

La profesora Micere Keels, dirige el proyecto TREP en la Universidad de Chicago, en Estados Unidos y publicó el 20 de octubre de 2020 un artículo en www.ascd.org, con el título “Construyendo la equidad racial a través de la disciplina sensible al trauma”. En él, expresó su preocupación porque la mayoría de los educadores de las escuelas de Estados Unidos, no cuentan con las herramientas necesarias para darles respuesta a sus estudiantes en el plano psicológico y emocional, eso en un momento tan crítico como el de la pandemia de Covid 19, sin contar los antecedentes de traumas raciales producidos a lo largo de la historia reciente del país.

Al consultar a la profesora venezolana Evelyn Cortéz, especialista en educación inicial, manifestó que el proceso formativo del docente incluía psicología en diferentes niveles; pero señaló que es en el salón de clases y con talleres especializados en donde el docente desarrolla su capacidad para detectar las grietas emocionales de sus alumnos y desarrollar técnicas que les permitan ayudarlos desde un enfoque humano, en el que el maestro se debe colocar en los zapatos del estudiante para entender mejor lo que le sucede.

En cuanto a los traumas dijo que no eran muy diferentes a los de otros países, incluyendo los desarrollados. Conflictos familiares, pobreza, marginación, migración y ahora la pandemia que lleva estos problemas latentes a una nueva dimensión.

Sentenció que ningún estudiante es igual a otro y que por tanto el tratamiento que se le debe dar a cada caso es individual, además aseguró, de manera muy enfática, que incluso teniendo la formación, si no se tiene la vocación es muy difícil ser sensibles con los alumnos.

Al conocer la posición de la docente, salta a la vista lo complejo que puede ser tener el rol de docente ¿Cómo saber por qué un alumno tiene un comportamiento errático en el salón? ¿Qué es lo que produce en los estudiantes tanta rabia que explotan en violencia con sus compañeros de clases o contra el maestro?

Muchos maestros terminan reaccionando rápido a una agresión, es natural. Pero también tiene que ver con el tipo de agresión o mal comportamiento del estudiante, incluso con el estado de ánimo del propio maestro. Por eso es de suma importancia el fortalecimiento del educador en materia socioemocional, debe necesariamente entrenarse en el control de sus emociones, tal y como lo comenta la profesora Keels en su artículo.

Aprendiendo a tener control de sí mismo, el maestro o la maestra, podrá poner en marcha un plan de ayuda al estudiante, comenzando desde el mismo instante en el que se presenta la situación que requiere una acción disciplinaria; pero ¿Debe ser esta acción llevada por la emoción del momento? La verdad es que no es lo que mejor resulta según refiere Keels ¿La acción debe ser punitiva o es lo mejor darle un tratamiento con un enfoque sensible al trauma? No hay que confundir el acto de incumplimiento de una norma en la escuela hecha por un niño en condiciones normales, que aquel realizado en un estudiante con algún trauma.

Los maestros no son psicólogos, así lo refiere la profesora Cortéz. El maestro detecta un problema emocional o de conducta y luego de hacer una buena observación, que incluye ganarse la confianza del estudiante para tratar de conocer que lo está perturbando, implementará acciones, que por lo general consisten en actividades de grupo en las que se buscan reforzar aspectos positivos que puedan ayudar al estudiante con su problema, eso sí, sin hacerlo nunca personal. Nunca debe hacerse alusión en las actividades, ni a la persona, ni al problema.

Siempre hay que buscar una forma creativa de responder de manera positiva a un problema, sin que el afectado se sienta aludido. Eso es fundamental.

Cuando el docente ve rebasada su capacidad para atender el problema, refiere al alumno al psicólogo para que se encargue del caso. El psicólogo a su vez gira recomendaciones al docente para que haga en el salón lo que sea de mayor beneficio para el estudiante afectado y que vaya en la misma línea de trabajo que él como profesional del área haya considerado correcto.

Es una trabajo colaborativo, en equipo, que deben también acompañar el personal encargado de la seguridad del colegio, directivos y otros maestros, después de todo, la escuela es una comunidad y si se quiere que funcione mejor, todos deben hacer sinergia.

El foco de atención del artículo de la profesora Keels está en el racismo en Estados Unidos; pero ese mismo odio por el otro también existe en Latinoamérica y en otras partes del mundo, en el fondo, el efecto del odio por la raza, por ser pobre o por ser de otro país, crea la misma discriminación con las mismas consecuencias.

La pandemia acrecentará las frustraciones de los estudiantes, la pobreza y la recuperación será mucho más difícil y lenta para los más desfavorecidos.

Un trabajo realizado en 2008 por la Dra. Mónica Marsee, especialista en Bullyng y agresión y  profesora del departamento de psicología de Iowa State University, sobre las consecuencias ocasionadas por el devastador huracán Katrina que llegó a Estados Unidos en 2005, dejó claro que después de las crisis los niños más golpeados por la situación, que en el caso estadounidense fueron los negros, mostraban desobediencia en las escuelas. Los maestros respondieron a esas acciones con disciplina punitiva.

Por lo que es de esperar que suceda lo mismo con la crisis producida por la pandemia. Esto significa que si se quiere dar un trato adecuado, justo y más sensible al trauma que muchos estudiantes presentarán, hay que aplicar una disciplina que sea sensible, receptiva y no una reactiva y punitiva.


Fuentes
En este escrito expreso algunas reflexiones sobre el tema de la sensibilidad que deben tener los maestros ante el trauma que traen sus estudiantes a la escuela y que en ocasiones los hace explotar de rabia y frustración.
Inspirado en el artículo “Building Racial Equity Through Trauma-Responsive Discipline” escrito por Micere Keels y publicado en ascd.org, el 20 de octubre de 2020.
Fuentes: ascd.org y entrevista a la profesora Especialista Evelyn Cortéz.

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