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Twitter y Facebook expulsan a Trump de las redes sociales. Los límites de la libertad de expresión

Tanto Twitter como Facebook, dos de las redes sociales con más relevancia del planeta, han sido vistas por sus usuarios con un prisma diferente. Todo depende de la opinión que tuvieran sobre los recientes acontecimientos que envuelven a Donald Trump y la reciente escalada sucedida justo antes de la toma de poder de Joe Biden.

Estamos hablando de los límites de la libertad de expresión y la decisión de Twitter y Facebook de prohibir el acceso al anterior presidente de los Estados Unidos a sus plataformas. Para algunos, es una decisión lógica derivada del asalto al Capitolio y años de discurso de odio. Para otros, es una decisión que nunca debería haberse tomado —amparada en la libertad de expresión—, preocupados por las bases que asienta para el futuro, y también justificada porque Trump jamás animó a la violencia.

El límite de las redes sociales

No podemos olvidar que vivimos momentos de polarización sin precedentes, donde internet ha supuesto tanto una bendición como una maldición para el intercambio de ideas, información instantánea y opiniones que, en otros momentos de la historia, se quedaban en tu círculo de amigos, en el bar, en la oficina o en entornos mucho más pequeños.

Se cree que esto era algo impredecible, uno de esos sucesos que viajan a la par de la evolución de nuestras sociedades, como si se tratara de una anomalía en el sistema. Sin embargo, Hideo Kojima hizo una terrorífica predicción en el conocido videojuego Metal Gear Solid 2 hace más de dos décadas, cuando ni siquiera existía Facebook o el concepto de fake news no se había extendido como la pólvora. El declive de la información veraz que estamos viviendo, por lo tanto, no es tanto una anomalía, sino una consecuencia predecible.

La prohibición permanente de Trump en Twitter, Facebook —pero también Snapchat, Reddit, Twitch, Shopify, YouTube, Instagram, TikTok o Discord, entre otros (sea su cuenta, servidores en apoyo a Trump o hashtags relacionados con el asalto al Capitolio)—, establece un precedente inquietante.

Si nos encontramos «en un bando», las prohibiciones a aquellos que consideramos amenazas a nuestro grupo pueden parecernos más aceptables, porque confirman su peligrosidad, refuerzan nuestras convicciones o ideología, y justifican nuestras acciones. Si nos encontramos en el mismo bando donde ocurre esta limitación o prohibición, somos infinitamente más críticos con ello.

Aquí no estaríamos hablando de si Donald Trump incitó expresamente el asalto al Capitolio, sino de cuál sería la repercusión futura una vez sabemos que las redes sociales pueden prohibir lo que decimos, tengamos razón o no. Dicho de otras palabras, si la prohibición hoy es a Trump, ¿alguien puede asegurarte al 100 % que tu libertad de expresión no será coartada en el futuro? Es difícil de decirlo, y está abierto a debate.

Twitter escuda su decisión en los términos de servicio de la plataforma, que incluyen el rechazo a la incitación a la violencia o al odio. Cuando los manifestantes —o los insurrectos—, entraron en el Capitolio, Trump subió un vídeo a Twitter pidiendo que se fueran a casa pero, por otro lado, les manifestó su apoyo sin incluir sus acciones.

Su fundador, Jack Dorsey, lamentó la decisión porque contradice la visión que tuvieron tanto él como sus colegas de Silicon Valley cuando imaginaron un nuevo tipo de servicio de microblogging hace 15 años. Parece que ha primado el deseo de un internet abierto con controles de seguridad, por nimios que sean, a un internet «totalmente libre». Recordemos que Twitter es una empresa privada con sus propios intereses. Al igual que otras redes sociales, no es un servicio público ni una ONG.

El uso de la palabra y la confusa incitación al odio

Hay un límite extremadamente delgado entre el uso de la palabra crítica e implacable y la incitación al odio. Estrictamente, podemos considerar que, si un orador, escritor, periodista, político o cualquier otra persona no ha expresado claramente su deseo de hacer uso de la violencia o de que otros partidarios la hagan por él, no hay intencionalidad ninguna.

¿Es tan sencillo?

Una de las armas más efectivas para el conflicto siempre ha sido la palabra. Históricamente, la propaganda ya se practicaba en la Antigua Roma haciendo uso de ella, condicionando la opinión pública a favor del Emperador, creando un clima favorable para las campañas militares y creando desajustes en las relaciones de poder.

La oratoria, independientemente de la intencionalidad que haya detrás de ella, tiene unos claros efectos en los receptores. Sí, es posible que la intención del orador no sea la de provocar altercados violentos, pero el poder de su mensaje puede tener el efecto contrario en aquellos que lo que buscan es simplemente una excusa para cargar contra aquellos que no piensan como ellos, incluso si el mismo emisor del mensaje ha manifestado su negativa a la violencia. La teoría es una cosa, la práctica es otra.

El futuro de la libertad de expresión

No importa si estamos de acuerdo o no con la decisión del CEO de Twitter, o con la decisión de Mark Zuckerberg en Facebook. Y repetimos que tampoco se trata de si consideras que Trump ha incitado a la violencia o no. El hecho es que las redes sociales ya están limitando su contenido en la búsqueda de un «internet seguro». El bloqueo de algunas fake news y contenido ilegal puede parecer tener todo el sentido del mundo, pero ¿quién vigila a los vigilantes?

Hay casos que son muy ambiguos, y ya sabemos qué pasa cuando los seres humanos tenemos un poder que resulta irresistible tener a mano, sobre todo cuando podemos ejercer una influencia desmesurada en millones de personas. El peligro de limitar la libertad de expresión, por muy justo que nos parezca en un principio, y por muy justificado que pueda parecer en un primer momento, puede despertar monstruos que preferiríamos no haber despertado. El internet libre resulta un concepto mucho más complejo que nunca.


Fuentes
Dwoskin, E., & Tiku, N. (17 de enero de 2021). How Twitter, on the front lines of history, finally decided to ban Trump. The Washington Post. Obtenido de https://www.washingtonpost.com/technology/2021/01/16/how-twitter-banned-trump/
Fischer, S., & Gold, A. (11 de enero de 2021). All the platforms that have banned or restricted Trump so far. Axios. Obtenido de https://www.axios.com/platforms-social-media-ban-restrict-trump-d9e44f3c-8366-4ba9-a8a1-7f3114f920f1.html

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