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The Walking Dead, o cuando una serie se convierte en un muerto viviente

The Walking Dead vio la luz con su primera temporada el 31 de octubre del año 2010 en la cadena estadounidense AMC. La serie, basada en los famosos cómics de Robert Kirkman, Tony Moore y Charlie Adlard, ha tenido una longevidad considerable, y ya se ha confirmado que la undécima temporada será la última, acompañada por una película protagonizada por Andrew Lincoln, quien dejó la serie recientemente.

Las buenas críticas de la serie son abundantes, pero también hay un sector de aficionados que la dejaron de ver hace mucho tiempo, y también existen aquellos que siguen viéndola para atar todos los cabos sueltos. La verdad es que siempre es harto complicado hacer una serie con tantas temporadas sin perder la frescura de la misma.

¿Es The Walking Dead el ejemplo perfecto de una serie que se ha convertido en un muerto viviente? Este artículo contiene varios spoilers así que sugerimos cautela si no quieres leerlos.

La progresión de la serie

La primera década del siglo supuso una explosión en películas, videojuegos, cómics y novelas gráficas basadas en la temática zombi y en mundos postapocalípticos basados en ellos. Aunque esto se relajó ligeramente en la segunda década, gracias a ello tuvimos adaptaciones como The Walking Dead, la cual se estrenó en la noche de Halloween del año 2010.

La serie consiguió amasar una gran cantidad de fans, tanto de aquellos que no son grandes seguidores de la temática, como de aquellos que deseaban ver un capítulo más, descubriendo cuál es el origen del virus, qué ocurrirá con el grupo de supervivientes, y cómo pueden encontrar respuestas a todas las incógnitas que van surgiendo capítulo tras capítulo.

La primera temporada tiene todos los elementos de una película del estilo. Nos encontramos con el protagonista, Rick Grimes (Andrew Lincoln), que despierta después de un largo coma en el hospital para encontrarse con un mundo arrasado por un virus tremendamente infeccioso que convierte a aquellos que son mordidos en caminantes. Su prioridad es encontrar a su familia y llevarlos a un lugar seguro mientras intentamos responder, junto a él, todas las preguntas acerca de lo que ha ocurrido en ese tiempo en el hospital.

El primer choque argumental que tenemos en la serie, y que cambia por completo la premisa de The Walking Dead, es el principio de la segunda temporada, sobre todo teniendo en cuenta el final de la primera. A partir de ese momento, los acontecimientos parece que se centran más en el desarrollo de los personajes y en la dinámica de grupo que en la búsqueda de respuestas sobre el virus. De hecho, la segunda temporada es considerada una de las más aburridas de la serie.

Algunas temporadas parecen dejar de lado a los caminantes para centrarse exclusivamente en los personajes, sus historias de fondo, la relación con otros supervivientes y sus motivaciones. Los caminantes parecen ser simplemente una base argumental para justificar las acciones y la sociedad de los supervivientes.

Uno de los momentos álgidos ocurre cuando los supervivientes se dan cuenta de que todos ellos están infectados, de que el virus no es algo que se transmite exclusivamente si un caminante te infecta, sino que todos «vuelven» al morir, independientemente del contacto con alguno de ellos. Es ahí donde el título de la serie cobra aún más sentido, unido a la metáfora de Rick en el capítulo 10 de la quinta temporada sobre que ellos son los «muertos vivientes».

Un pobre desarrollo de personajes y un argumento sin dirección

En las temporadas más recientes, The Walking Dead ha perdido millones de espectadores y es una de las razones por las que la inversión en ella se torna complicada. Es más, es la razón de por qué la temporada 11 significará el final de una de las series más exitosas de la historia.

Ya no se buscan respuestas al origen del virus. Ya no se tiene esperanza de encontrar una cura. Han pasado demasiados años desde el apocalipsis zombi y el mundo es el que es. Lo único que queda para los supervivientes es intentar construir una sociedad próspera donde no falte un techo y comida. No hay otro objetivo claro más allá de la supervivencia y el espectador necesita algo más concreto.

Teniendo en cuenta esta situación, la serie intenta centrarse en el desarrollo de los personajes. Lo hace bien en cuanto a la discusión de la moral y la ética en un mundo sin ley, pero no tanto en hacernos sentir identificados con muchos de los personajes. Es más, los guionistas llenan episodios enteros con las vivencias de personajes que no llegan a cautivarnos ni a interesarnos del todo y que, en muchas ocasiones, acaban muriendo antes de conseguirlo.

Es difícil, porque The Walking Dead cuenta con un elenco enorme de personajes. Sabiendo esto, quizás los esfuerzos no deberían centrarse tanto en desarrollar a todos los personajes, dividiendo los esfuerzos entre un gran número, y quizás sí hacerlo mejor con aquellos que quedan desarrollados pobremente y que tienen una mayor relevancia en la historia.

Para algunos, la introducción del villano Negan supuso una nueva dirección de la serie, prometiendo una frescura que estaba perdiendo a pasos agigantados. Pronto se dieron cuenta de que Negan, interpretado por el magnífico actor Jeffrey Dean Morgan, no conseguiría resucitar a The Walking Dead como se esperaba. El anticlímax del final de la guerra con Negan, la salida de Rick Grimes y lo que para muchos supuso la introducción de villanos poco interesantes, los susurradores, acabaría por enterrar la serie.

The Walking Dead es un ejemplo de una serie que dispone de un gran potencial y que no necesita alargarse tantas temporadas para mantener el interés. Sin embargo, la tentación de alargar un argumento y unos personajes hasta el extremo provoca que la única sensación que tiene el espectador es que se está primando el dinero hasta el final, incluso a costa de echar tierra sobre un pasado glorioso utilizando pobres trucos argumentales y sin una clara dirección.

Es mejor dejar que una serie termine con menos temporadas y que permanezca en la cumbre antes que obligarla a ser un muerto viviente. Esperemos que Rick Grimes vuelva al grupo de supervivientes y otorgue a The Walking Dead el final que se merece.

 

 

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