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Hive: El film que fue sorpresa en el festival de Sundance

“Hive” es una película tranquila que va lentamente y sin prisas a donde te quiera llevar. La paleta de colores es un poco tenue, el trabajo de la cámara es relativamente sencillo. No hay una pieza novedosa o una actuación espectacular que se nos quede en el cerebro rondándolo mientras nos tomamos la taza de café o nos lavamos los dientes. Pero justo debajo de esas trampas silenciosas, hay un patetismo que se retuerce y que muerde el alma que a menudo está inspirado en historias de la vida real.

“Hive” no es una historia sobre un apicultor en la lejana y poco conocida Kosovo, que intenta incursionar tímidamente en la industria de los pimientos para untar. La guionista y directora Blerta Basholli simplemente se quedó sentada hasta que la idea se filtró del éter al guion en su debut como directora. “Hive” es cualquier cosa menos etérea: es terrenal, depresiva y excusando algunas libertades creativas, es una historia que se repite constantemente pero que por algún motivo nunca deja de tener validez. O sea, como quien dice: Drama Humano. De esos que nunca fallan y encontramos en grandes obras desde Edipo y el teatro griego hasta cualquier producción medianamente bien hecha a nuestra disposición en Netflix.

En 1999, una pequeña aldea en el suroeste de Kosovo con el nombre de Krusha e Madhe fue masacrada por la policía especial serbia al final de la guerra de Kosovo. Los hombres fueron asesinados o secuestrados, dejando la aldea en gran parte en manos de mujeres y niños. Una de esas mujeres es Fahrije, en “Hive” interpretada por Yllka Gashi (“Kukuni”). Al comienzo de la película, está rebuscando entre bolsas para cadáveres y ropa oscura. Sin embargo, no hay suerte. Como caracteriza a una mujer, Fahrije es una de las desafortunadas. No porque su marido no esté; son muchos o la mayoría de ellos los que no están después de todo. Los afortunados son los que, habiendo escuchado lo peor, ya no tienen que “sobresaltarse cada vez que llaman a la puerta”.

Con la organización benéfica local sufriendo una falta crónica de fondos y su colmenar solo goteando las más escasas gotas de miel (ella y su esposo eran apicultores de oficio; de ahí el nombre de la película), Fahrije se ve obligada a dejar el negocio. Para llegar a fin de mes, tanto para ella, como para su familia e incluso el pueblo, en realidad, Fahrije tiene que aprender a conducir. De esa manera tendrá más alternativas para encontrar un trabajo en la ciudad haciendo y vendiendo avjar, un condimento popular de los Balcanes.

Y por eso, se la declara puta. Repetidamente. Por los vagos que merodean por los cafés. Por otras mujeres. Por su propia hija. Los pequeños pueblos de los Balcanes no aman a una mujer emprendedora y sus prejuicios sobre ciertas cosas o situaciones puede llegar a sorprender a muchos.

Fahrije es el único y principal enfoque de “Hive”, a pesar de un nombre que sugiere comunidad. Se trata de comunidad, sin duda, de familia, de apoyarse unos en otros en tiempos difíciles, de solidaridad femenina, pero Fahrije es indiscutiblemente la niña de los ojos de la cámara. A menudo la rastrea a través de una escena, enfocándose en su rostro. Gashi, la mujer que interpreta a Fahrije, canaliza una gravedad tenue pero convincente, transmitiendo un dolor enmascarado y una tenacidad inquebrantable detrás de expresiones perpetuamente sombrías. Doloroso, pero de ninguna manera lacrimógeno: es una imagen de estoicismo y voluntad de perseverar.  

La naturaleza modesta de la película —los que no están impresionados podrían incluso llamarla banal— contradice su historicidad. Es la primera película que se lleva a casa los tres premios más importantes del Concurso Mundial de Cine Dramático: el Premio a la Dirección, el Premio del Público y el Gran Premio del Jurado. Una victoria para Kosovo (la patria de la película), una victoria para el talento de dirección emergente Basholli, una victoria para la estrella principal de la película Yllka Gashi y una victoria para Fahrije Huti y las mujeres de Krusha e Madhe.

De una manera que refleja su naturaleza modesta pero histórica, es la mezcla única de lo sombrío y la esperanza lo que hizo que “Hive” fuera tan popular en el Festival de Cine de Sundance de este año. Aunque la película no se filtró desde el éter, es cualquier cosa menos etérea: guerra, pérdida, normas de género restrictivas, estas son cosas cotidianas. No son invenciones de celuloide: fenómenos reales terrestres. Una realidad depresiva en una sociedad que sigue guardando costumbres sexistas y se alimenta de una ignorancia que al parecer a muchos no les incomoda y no tienen ningún problema con seguir perpetuando códigos de conducta a los que el mundo moderno ha dejado de ver con aprobación.

Pero este frente austero desmiente la corriente subterránea antes mencionada canalizada por Gashi, así como la muerte y la pérdida son ordalías terrestres, también lo son la resistencia y el compañerismo. La masacre ocurrió hace 22 años. Y a pesar de todo, una apicultora viuda ha tenido que tener aguante para en medio de sus contratiempos lanzar su propio negocio de condimentos de pimienta para apoyar a su comunidad y a sus seres queridos. La vida se parece más a estos escenarios sencillos y discretos que a una gran catástrofe en una urbe gigante o a una realidad distópica en un mundo similar, pero al mismo tiempo totalmente ajeno al nuestro. Los mayores dramas humano suceden así, mientras el tiempo pasa y todo se repite día a día.

No todo el mundo puede nacer en una tierra de leche y miel. “Hive” nos muestra cómo, cuando la vida te da pimientos, puedes hacer ajvar. Gran mérito para esta producción venida de Kosovo, a la que le sentará muy bien el reconocimiento y ojalá ayude a impulsar de manera más vigorosa su cine emergente.

 

Referencias:
https://www.indiewire.com/2021/02/hive-review-kosovo-drama-1234614434/
https://www.screendaily.com/reviews/hive-sundance-review/5156787.article
https://www.michigandaily.com/section/film/sundance-2021-hive-review

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