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Cultivar la confianza es un ejercicio social

El acto de confiar constituye una compleja relación entre las personas, en las que usualmente se intercambia información. La Real Academia de la Lengua Española define la confianza como la acción de depositar en alguien, sin más seguridad que la buena fe, un secreto o cualquier otra información confidencial u objeto de suma importancia personal. La medida en que una persona decide o no confiar en otra depende, exclusivamente, de su propio juicio, el cual conlleva un proceso interno y distinto en cada individuo.

El hecho de depositar confianza tiene también un sustento científico. Una investigación de la Universidad de Nueva York advierte que, a la hora de confiar, hay factores que influyen en el grado de confianza que se le otorga a una persona que apenas se conoce; si esta posee cualidades físicas de un conocido, especialmente con uno que se tiene un vínculo afectivo, es muy probable que haya una inclinación natural a confiar automáticamente en dicha persona por más que no se tenga una relación de largos años.

En contraposición, el portal La Mente es Maravillosa advierte que el cerebro humano está programado para percibir peligros o estímulos negativos y, por ende, la confianza está en decadencia. De hecho, se considera que se vive una cultura de la desconfianza, producto del individualismo y la competencia que tan arraigados están en la sociedad en la actualidad. Igualmente, cuando alguien cercano vulnera el grado de confianza que se le tiene, desencadena un dolor emocional en la persona que confió en él.

Por ello, se considera que la desconfianza es una conducta primitiva habitual en los seres humanos. Al experimentarla, el cerebro, al igual que en estadios de estrés, segrega cortisol y se activa el sistema límbico, encargado de regular reacciones fisiológicas y emocionales en el organismo, según Claudia Pradas, especialista de la Universidad Autónoma de Barcelona

Charles Feltman, autor de Thin Book of Trust, describe la confianza como un contrato afectivo entre una o más personas, donde, en la acción de confiar, las personas deciden que algo importante para ellos se vea afectado por acciones externas.

Brené Brown, afamada investigadora de la Universidad de Houston, estudiosa de estadios emocionales como el coraje y la vergüenza, considera que quienes confían en otras personas valoran las pequeñas acciones que les generan seguridad. Adicionalmente, estas aprecian la sensación de que las personas en quienes confían valoran el acto y reciben la información con sumo cuidado. Así mismo, la también escritora resalta la importancia de establecer los límites entre ambas partes para tener una relación más saludable. De esa manera, la confianza será mutua.

Por otro lado, la credibilidad de las personas también resulta concluyente cuando se califica a alguien como confiable o no, pues la tendencia es confiar en los individuos que cumplen frecuentemente con lo que manifiestan verbalmente. Sin embargo, la credibilidad percibida depende también del autoconocimiento de cada persona. En el ámbito laboral, existen trabajadores que reciben más carga de trabajo de la que realmente pueden atender eficiente y eficazmente, inclumpliendo con las expectativas al final. Por ende, tener conciencia de los límites propios está ligado a la capacidad de poseer una mayor fiabilidad.

La responsabilidad es otra virtud determinante para generar confianza. El reconocimiento de los propios errores y la completa intención de enmendarlos puede ser indicio suficiente de que se es merecedor de la confianza. No obstante, no todas las personas procesan la información de la misma manera y existen quienes tienen poca flexibilidad con los errores, ya sea porque es parte de su naturaleza o porque las consecuencias de un traspiés pueden ser graves.

Brown denomina fideicomiso falsificado a la sensación que, algunas veces, se experimenta al momento de discutir con alguien más un asunto que un tercero (que no participa de la conversación) ha confiado. Esta actitud es cuestionable puesto que uno de los principios de la confianza es, justamente, la retención de la información. En ese sentido, no resulta provechoso confiarle alguna intimidad a una persona que podría difundirla posteriormente sin el consentimiento del emisor.

La NBC News publicó un artículo sobre el acto de chismear, que suele calificarse negativamente. Este puede, según el artículo, ser positivo, negativo o neutral, dependiendo en realidad de lo que se haga con la información que se posee al divulgarla. Si la intención de la persona que comparte un chisme es advertir a otras para evitar que se ocasione un problema, se puede considerar que se hizo un uso beneficioso del chisme. Megan Robbins, asistente de profesor de psicología en la Universidad de California, comenta que el compartir información, incluso cuando se trata de la información de terceros, favorece la socialización.

Un elemento que puede afectar la interacción y que perjudica el proceso de la confianza es el acto de juzgar. Resulta complicado explicar el papel de quien recibe la confianza de otra persona puesto que depende, también, de la persona que confía. Algunos solo buscan ser escuchados y, otros, desean recibir algún tipo de guía sin sentirse juzgados de forma negativa o criticados. El tacto de quien es sujeto de confianza es vital para poder emitir alguna opinión sin ofender al otro.

De igual manera, una cuota de generosidad es necesaria para cultivar la confianza. Sea cual sea la equivocación o la culpa que se compartió como confidencia, es necesario poder valorar la intención original. Aún más importante, como afirma Brown, es ser generoso con uno mismo. Tomar conciencia sobre el por qué se siente culpa y qué salió mal, es también parte de la responsabilidad que se tiene para con uno mismo y su propia paz mental.

La autoconfianza juega un papel fundamental en las relaciones personales. No se puede esperar que alguien confíe en una persona que, a su vez, no confía en sus propias habilidades. Según el psicólogo Albert Bandura, se suele confundir la confianza en uno mismo con la autoestima o la autoeficacia. La primera está basada en la dosis de confianza interna que tiene un individuo de cara a la consecución de objetivos y metas; la segunda, en cambio, valora el grado de confianza que se tiene al momento de realizar alguna actividad específica.

El Manual de Oxford Para la Psicología Positiva contempla que hacer ejercicio y realizar un examen de honestidad interna, donde se identifiquen las virtudes y defectos propios, contribuye al desarrollo y mantenimiento de la confianza en uno mismo. Como parte de este proceso, es necesario salir de la zona de confort y asumir nuevos retos.

Relaciones tan profundas y personales como las que se establecen al momento de confiar en alguien, requieren del interés y compromiso de las partes involucradas para que sean fructíferas. El acto de confiar es humano, un ejercicio social presente en todas las culturas a lo largo del tiempo y, aún en medio de una cultura más individualista, relevante para la psiquis del ser humano.

 

Fuentes
Definición de confiar en https://dle.rae.es/confiar
¿En qué se basa nuestro cerebro para confiar o no en una persona que recién conocemos? en https://www.nacion.com/
Brené Brown on What it Really Means to Trust en https://www.mindful.org/
El camino hacia la autoconfianza en https://www.elpais.com.uy/domingo
La neurociencia de la desconfianza y el coste para nuestras relaciones en https://lamenteesmaravillosa.com/
Psychologists say gossiping is a social skill. Here’s how to know if you’re doing it right en https://www.nbcnews.com/better

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