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Gina Carano y la cultura de la cancelación

A estas alturas la mayoría de ustedes se habrán enterado del despido de Gina Carano, la luchadora devenida en actriz que daba vida a uno de los personajes en la serie The Mandalorian, perteneciente al universo Star Wars. Lucasfilm, productora de la ficción, ha informado en una nota de prensa que Carano “ya no es empleada y no hay planes de que lo sea en un futuro”, que es como se dicen las cosas en las empresas contemporáneas, con eufemismos temporales, pero evitando la palabra que designa su decisión: el lenguaje como medida de lo hipócrita.

La productora ha señalado el motivo de su despido: “sus post en redes sociales que denigran a la gente por su identidad cultural y religiosa son aborrecibles e inaceptables”. Se refieren a una publicación de Carano en la que hacía alusión a las persecuciones que los judíos soportaron por parte de la sociedad civil en la Alemania nazi. “¿Hay alguna diferencia con odiar a la gente por sus ideas políticas?”, preguntaba la actriz. Muchos usuarios de esas redes interpretaron que estaba realizando una comparación con la Norteamérica actual, sumida en el juicio parlamentario a Trump y por ende a sus seguidores. De ahí a los titulares. De ahí al despido. De ahí que una empresa tome decisiones que hace unos meses, o con un resultado electoral diferente, no hubiera tomado.

Carano ya despertó en noviembre las iras de algunos fans de la serie con sus críticas a lo “woke”, la denominación que reciben los individuos preocupados por la corrección política. La actriz coqueteó con las teorías del fraude electoral impulsadas por Trump, el uso de las mascarillas y, sobre todo, recibió duras críticas al escribir en su perfil de Twitter “beep/bop/boop/”, sonido típico de los androides de la saga galáctica, algo que fue interpretado como una burla hacia los pronombres que la comunidad LGBT usa para identificarse en redes sociales. “No tiene que ver con burlarse de las personas trans, sino con exponer la mentalidad intimidatoria de la mafia que se ha apoderado de las voces de muchas causas genuinas”, explicó Carano. 

Este tipo de episodios se han denominado como cultura de la cancelación, es decir, la denuncia de lo que alguien considera una ofensa identitaria con el objetivo de causar revuelo social y así perjudicar profesional y personalmente al considerado ofensor. ¿Existe esta cultura de la cancelación o es un poder en marcha contra los desmanes de los reaccionarios? ¿Son compatibles la libertad de expresión y lo políticamente correcto? ¿Por qué estos conflictos son típicamente estadounidenses, pero ya se han extendido por buena parte del mundo?

Se descubre que una figura pública hace algo cuestionable. Pudo ser un chiste de mal gusto, un comentario soez, una opinión contraria a la mayoría o trató mal a un individuo. Pero el punto es que hizo algo inmoral y, por lo tanto, se dejan de comprar sus productos o se hace un “linchamiento” digital en el cual la persona pierde todo prestigio y capacidad de hacer su profesión o negocios. Quienes son entendidos en este tema conocen a este fenómeno como política de destrucción personal.   Actualmente se está denominando bajo la categoría de cultura de cancelación, un fenómeno que está sorprendiendo a muchos. Se han visto varias situaciones con este tipo de fenómeno. Quieren cancelar a J.K. Rowling porque dice que las mujeres trans no son mujeres verdaderas. O se están destruyendo estatuas de próceres porque no se comportaron bajo los estándares civiles del siglo XXI.

Muchas de las teorías e ideologías dentro de las ciencias sociales y las humanidades tienden a propiciar el tipo de fenómenos que estamos observando actualmente. Además, hubo un desarrollo de teorías postmodernistas que eventualmente han calado en la sociedad (tampoco sorprende que ese tipo de teorías donde se intenta   eliminar meta narrativas solamente surgen desde una ideología particular, curiosamente desde un relativismo epistemológico que no da cabida a una crítica objetiva). A diferencia de otras ciencias donde el criticismo es parte del desarrollo del conocimiento, el criticismo dentro de las ciencias sociales y humanidades tiende a ser iconoclasta y trata de reemplazar el conocimiento adquirido hasta el presente. Dicho de otra forma, si las teorías contemporáneas fueron escritas por viejos blancos, machistas y heterosexuales, ¿por qué se deben tomar en serio? Y de esa forma se comienza a censurar ideas de otros tiempos y se reemplazan con ideologías de justicia social donde debatir algo razonablemente es igual a la permisión de ideas que no deben existir.

Censura, acoso, purga en diferentes grados, con coartada legal o utilizando presiones alegales, mediante la que un poder establecido trata de mantener su estado de las cosas perjudicando a terceros considerándolos elementos subversivos. Aunque hoy pervive, esta censura es típica del siglo XX, teniendo como protagonista ejecutor al Estado.

La cultura de la cancelación se desarrolla, usualmente, a través de las redes sociales y cuenta con dos elementos: una figura que emite un comentario considerado injurioso y unos guardianes que ponen sobre aviso a una comunidad del quebrantamiento de las normas. Unas normas que a diferencia de la censura no suelen estar escritas ni legisladas formalmente, sino que pertenecen a un consenso grupal tan efímero como cambiante y de escasa tradición. La función declarada es la protección de algún colectivo que se considere oprimido, pero el objetivo real es que el poder de presión sea lo suficientemente grande como para concitar la atención de los medios y lograr un punto de inflexión donde el señalado sea perjudicado –cancelado en una mala traducción–, es decir, despedido de su trabajo, acosado socialmente e impedido para seguir ejerciendo su labor.

Podríamos deducir que la cultura de la cancelación es positiva, a pesar de este aire a jauría humana, por tratarse de una especie de escudo social contra los desmanes racistas, homófobos o cualesquiera que sean las ofensas detectadas. Lo cierto es que una vez que alguien prueba el sabor del mando y la venganza, una sin más reglas que el éxito de la cancelación, todo empieza a resultar bastante desconcertante.

 

Referencias:
https://observador.cr/cultura-de-la-cancelacion-un-fenomeno-que-gana-fuerza-en-redes-sociales-y-costa-rica-no-es-la-excepcion/
https://www.bluradio.com/mundo/despido-de-la-actriz-gina-carano-de-the-mandalorian-desata-polemica-en-redes-sociales
https://www.lavanguardia.com/series/20210213/6245142/gina-carano-despedida-the-mandalorian-pelicula.html

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