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Henri Matisse y su visión de lo que el artista necesita para crear

Matisse (1869-1954) contribuyó con este artículo al Art News and Review del 6 de febrero de 1954 (que más tarde se convertiría en ArtReview) cuya portada incluía un informe sobre una exposición de arte infantil en Nueva Delhi y el autorretrato de un artista de un anónimo de once años. Matisse murió nueve meses después. A continuación citaremos algunos párrafos del artículo, pero pueden encontrarlo en su totalidad en: https://artreview.com/henri-matisse-love-origin-creation-1954-archive-looking-life-eyes-child/

La creación es la verdadera función del artista; donde no hay creación no hay arte. Pero sería un error atribuir este poder creativo a un talento innato. En el arte, el verdadero creador no es solo un ser dotado, sino un hombre que ha logrado organizar para su fin designado un complejo de actividades, de las cuales la obra de arte es el resultado.

Así, para el artista, la creación comienza con la visión. Ver es en sí mismo una operación creativa que requiere un esfuerzo. Todo lo que vemos en nuestra vida cotidiana está más o menos distorsionado por los hábitos adquiridos, y esto quizás sea más evidente en una época como la nuestra, en la que los carteles de cine y las revistas nos presentan cada día un aluvión de imágenes confeccionadas que son a la vista. ojo, cuáles son los prejuicios para la mente.

El esfuerzo necesario para ver las cosas sin distorsión requiere algo muy parecido al coraje; y esta valentía es fundamental para el artista, que tiene que mirar todo como si lo viera por primera vez: tiene que mirar la vida como cuando era niño y, si pierde esa facultad, no puede expresar él mismo de una manera original, es decir, personal.

Preguntarnos por cómo vemos significa también reflexionar sobre nuestra experiencia y nuestras propias ideas. Desatender en parte nuestros sentidos sería una forma de cerrarnos las puertas al mundo exterior. Nuestros ojos no solamente median una identificación de lo que vemos, sino que a través de ellos creamos una forma de pensar y por tanto de crear, con imágenes o con palabras, aquello que no solamente hemos visto sino también comprendido. Es por ello que la importancia del «ver», como hecho fundamental en la pintura y que merece una atención particular, ha provocado la revisión del término percepción visual desde el siglo XIX hasta hoy, tanto a partir de la voz de los propios artistas, como de la crítica del momento. Nuestro objetivo es obtener elementos de lectura que nos hablen de lo que vemos, tanto desde un punto de vista técnico como desde el comportamiento artístico que hizo posible la realización de una determinada obra de arte.

Si examinamos los cambios más importantes relativos a la percepción (en la tradición occidental), tenemos que hacer hincapié en al menos dos situaciones históricamente determinadas: el paso que marcó la distancia entre la imaginería medieval y el Renacimiento, y el paso entre éste y la Modernidad, época de la que, de manera sucinta, ofrecemos un recorrido por la subjetividad del observador y los procesos tanto psicológicos como ideológicos que dieron lugar, en los siglos XIX y XX, a una nueva forma de ver. Por supuesto, habría que añadir otro cambio importante: el que vive nuestra generación, y que tiene que ver con el desarrollo de técnicas info gráficas que, en los últimos diez años, ha tenido como consecuencia una relación distinta entre sujeto observador y representación.

Esa revisión puede ser útil para posicionar al espectador frente al arte contemporáneo actual y responder a cuestiones tales como: ¿qué es lo que se ve en una pintura y qué relación guarda con su identidad histórica?, ¿cuál fue la actitud del artista para provocar tal obra de arte?, y, como consecuencia, ¿cómo ha cambiado la actitud del observador ante la misma?

Sin embargo, Matisse habla de una mirada más pura, no tan pensada, no tan cerebral. Matisse propone ver todo como si fuera la primera vez, ver cómo ven los niños.

Debido a los hábitos mecánicos, en repetidas ocasiones haciendo lo mismo una y otra vez, se pierde la capacidad de mirar, se pierde la frescura para mirar. En realidad, se pierde la función de los ojos. Te conviertes básicamente en ciego, porque los ojos ya no son necesarios.

Dicen que no hay nada nuevo bajo el sol. En realidad, nada es viejo bajo el sol. Sólo los ojos se vuelven viejos, acostumbrados a las cosas, entonces no hay nada nuevo. Para los niños todo es nuevo: es por eso que todo les da emoción. Incluso una piedra de color en una playa puede ser sumamente excitante.

Me pregunto si ustedes han visto la pintura de Van Gogh de su zapato. Es una de las cosas más raras. No es sólo un zapato viejo, cansado, triste, como en el borde de la muerte. Es un zapato viejo, pero verlo, sentirlo, y darse un tiempo para percibirlo hará que sientas una vida larga y aburrida. Es tan triste imaginar y percibir un zapato roto que solo quiere ser quitado de la vida, cansado por completo, todos los nervios rotos, como un hombre viejo, un zapato viejo. Se trata de uno de los cuadros más originales de Van Gogh.

Mira la pintura de Van Gogh, y entonces verás lo que él podía ver en los zapatos. Todo está allí – una biografía completa de la persona que estaba usándolos. Pero, ¿cómo se ve? Para ser un pintor, un artista en general, uno tiene que recuperar la mirada del niño, la frescura. Se puede ver todo, las cosas más ordinarias, incluso.

Otro ejemplo es Cezanne, que ha pintado una silla, sólo una silla normal, y podríamos preguntarnos… ¿Por qué pintar una silla? No es necesario. Sin embargo, él trabajó en esa pintura durante meses. Es posible que no haya dejado un solo momento de verla. Una silla tiene su propio espíritu, su propia historia, sus propias miserias y felicidades. Se ha vivido. Se ha pasado por la vida. Tiene sus propias experiencias, los recuerdos. Y son justo estos lo que se revela en la pintura de Cézanne.

Para finalizar quiero recordar a un gran maestro de teatro al que le escuché decir mientras dirigía el ensayo de una de sus obras que la mayor pericia del actor no es la dicción, la interpretación o la presencia escénica, sino más bien el arte de repetir todas las funciones las mismas acciones y palabras y hacerlo diariamente como si fuera la primera vez que lo hace, eso, decía mi maestro es un talento misterioso que no comprendo y no poseo pero que todo buen actor y yo añadiría aquí la palabra “artista” debe tener. 

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