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El derecho a la historia de las mujeres de consuelo

Un artículo publicado por un profesor de Harvard que niega la existencia de la explotación sexual a la que fueron sometidas miles de mujeres, genera debate y controversia en el plano internacional.

Históricamente, mujeres de diversas partes del mundo han sido sometidas y obligadas a realizar actividades denigrantes en contra de su voluntad. Ya en la antigua Roma, como lo da a conocer El Español, las vejaciones sexuales contra la mujer, e incluso en perjuicio de niños y adolescentes, no constituían un delito. Por aquella época, el abuso por parte del amo hacia sus esclavas formaba parte de las actividades implícitas en el oficio del mantenimiento doméstico.

Según la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), sólo entre 2003 y 2016, 225.000 personas fueron víctimas de trata, de las cuales casi el 75% eran mujeres secuestradas para ser explotadas sexualmente. Tipificado actualmente como uno de los más graves delitos, la esclavitud sexual continúa siendo tema de discusión para los gobiernos de Corea del Sur y Japón.

Pero esta discusión no es solo relevante para asegurar la calidad de vida y la dignidad de los ciudadanos, sino que tienen un valor histórico. Debido al cúmulo de pruebas recopiladas, un grupo de investigadores estaría cerca de confirmar que el gobierno de este último no sólo habría encubierto delitos en contra de miles de mujeres, sino que hasta podrían haberlos financiado.

Un trabajo de la Universidad de Granada sostiene que el asunto en cuestión tiene sus orígenes en 1875, con la suscripción del tratado de Ganghwa. Este daría inicio a un proceso de colonización de tierras coreanas, maquillado en un acuerdo desigual donde, a cambio de la construcción de dos puertos y la apertura económica de Corea, el gobierno nipón establecería su hegemonía.

Para 1910, la península pasaría oficialmente a formar parte del imperio liderado por Mutsuhito. Una vez instaurado el nuevo gobierno, se abrió paso a un violento adoctrinamiento cultural, donde las formas tradicionales de educación, trabajo y sociedad en ciudades como Seúl tuvieron un giro radical.

En este contexto es que se instauran las denominadas casas de consuelo, nombre pudoroso para recintos que hacían las veces de burdeles. En dichos lugares, la milicia japonesa tenía plena libertad de someter sexualmente a las mujeres que eran llevadas hasta allí, quienes muchas veces terminaban en estos establecimientos precarios bajo el engaño de obtener trabajos dignos que les permitieran procurarse un mejor futuro.

Precisamente, ese fue el caso de Kimiko Kaneda, una octogenaria que reunió el suficiente valor para dar a conocer su historia antes de su muerte en 2005. Siendo aún adolescente, fue enviada a Seúl para realizar labores domésticas en la casa de una familia japonesa. Sin embargo, su destino fue otro completamente distinto: como mujer de consuelo, fue violada hasta por veinte hombres al día en un descanso militar. Recibiendo amenazas y hasta una puñalada por parte de un soldado, no pudo hacer más que resignarse a su nueva vida.

En 1939, en la ciudad china de Shanghái, la milicia japonesa instauró uno de los primeros centros de explotación sexual. Luego, esta modalidad se propagó por el resto de los territorios controlados por el gobierno nipón: Singapur, Taiwán, Unión de Myanmar (antes Birmania), Indonesia y Filipinas.

Sin embargo, con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, la situación de las también llamadas comfort women no hizo más que agravarse. Durante el conflicto bélico, y con el emperador japonés Hirohito a la cabeza, llegaron a ser más de 200.000 las mujeres forzadas a la prostitución, según afirma La Vanguardia. Muchas de ellas provenían de Corea y China, pero también de Filipinas, Indochina, Vietnam y otros países de Asia.

Aún así, en uno de sus artículos para un periódico japonés, J. Mark Ramseyer, profesor de estudios legales de la Universidad de Harvard, soslaya la cuestión de las mujeres consuelo. A pesar de los testimonios de quienes vivieron la experiencia y la evidencia recabada, Ramseyer declaró que se trata de un evento ficticio, llegando a afirmar incluso que muchas de ellas se enrolaban voluntariamente a cambio de sustanciosas sumas de dinero.

Elizabeth Redden, en un artículo para Inside Higher Ed, expone la preocupación internacional que lo escrito por Ramseyer ha ocasionado, poniendo la atención nuevamente sobre un asunto que hasta la actualidad no ha tenido una resolución definitiva. Medios internacionales se han mostrado en contra de la forma deliberada en que el autor formula los hechos, pintándolos como contratos económicos válidos y bien remunerados. The New York Times, además, abordó la forma en que el controversial artículo dio pie a una serie de críticas provenientes de distintas partes del mundo.

Para la profesora de historia de la Universidad de Connecticut, Alexis Dudden, lo hecho por Ramseyer alimenta la arraigada ideología japonesa de que las mujeres de consuelo nunca existieron puesto que la esclavitud sexual jamás tuvo lugar ni antes ni durante el conflicto armado. Del mismo modo, alegar que las mujeres consuelo estuvieron de acuerdo en recibir un trato indigno, humillante y condenable a cambio de dinero, es omitir una gran parte de los hechos que han marcado la historia de países como Corea y demás regiones aledañas a la península.

Jeannie Suk Gersen, profesora de leyes de la misma casa de estudios que el autor de Contracting for Sex in the Pacific War, considera que, de haber sido cierto que las víctimas aceptaban voluntariamente la actividad sexual, estas no habrían tenido la posibilidad de rescindir el contrato sino hasta que hubiesen tenido relaciones sexuales con miles de soldados. Aún entonces, ya se estaría incurriendo en un delito de esclavitud. 

Fue Elsevier, revista internacional de leyes y economía que hace también las veces de editorial, el que publicó el artículo en su plataforma digital en noviembre del año pasado. A pesar de que aún no ha sido impreso (se espera su revisión), han convenido mantener disponible la versión digital.

Como lo afirma la BBC, en 1993 el gobierno de Japón reconoció públicamente la participación de sus militares en el sistema de explotación sexual de las mujeres consuelo. Así mismo, en 2015 los gobiernos de Japón y Corea del Sur firmaron un acuerdo en el que el primero se comprometía a abonar la suma de 8,3 millones de dólares americanos, como una compensación económica para indemnizar a las mujeres que sobrevivieron a las atrocidades llevadas a cabo en tiempos de guerra.

No obstante, surge una pregunta imposible de evadir: ¿cuánto puede costar la dignidad de una mujer? ¿y el de una niña? NBC News informa que la mayoría de las mujeres de consuelo tenían entre 14 a 19 años, sin exceptuar que haya habido incluso víctimas más jóvenes. Es una interrogante cuya respuesta podría generar cuantiosos costos si se toma en cuenta que la situación podría constituir también una afrenta a toda una nación, lo cual podría avivar la tensión entre países con una vasta historia de por medio.

 

Fuentes
“Apuntes historiográficos sobre las “mujeres de consuelo” durante la ocupación japonesa de Corea (1910-1945)”. En https://dialnet.unirioja.es/
“Violentos, depravados y corruptos: por qué los romanos se creían unos “hijos de puta”. En https://www.elespanol.com/
“La trata de personas en el mundo, en datos y gráficos”. En https://www.epdata.es/
“Esclavas sexuales de la Segunda Guerra Mundial”. En https://www.lavanguardia.com/
“A Harvard Professor Called Wartime Sex Slaves ‘Prostitutes.’ One Pushed Back.” En https://www.insidehighered.com/
“Mujeres de consuelo”: las nuevas revelaciones sobre las esclavas sexuales reclutadas para el Ejército Imperial de Japón que tensan las relaciones con Corea del Sur”. En https://www.bbc.com/mundo
Who are the ‘comfort women,’ and why are U.S.-based memorials for them controversial? en https://www.nbcnews.com/

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