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Cruella y las nuevas villanas para una nueva era

Hay un momento en el primer tráiler de la película del live action de Cruella de Disney, cuando Emma Stone pronuncia con un terrible acento británico el: “Soy una mujer, escúchame rugir”. No se siente como algo que los fanáticos de Disney recordarán del icónico villano de 101 Dálmatas, Cruella de Vil, sino más bien, se asemeja al Joker de Jared Leto diciéndole a Batman: “Vivimos en una sociedad”.

Todo lo cual quiere decir que Disney puede haber encontrado su propio personaje tipo Joker en Cruella de Vil interpretado por Emma Stone… pero no necesariamente en el buen sentido.

Cruella está ambientada en el Londres de los setenta. Stone interpreta a la futura villana en una especie de historia sobre sus orígenes. Ella es una aspirante a diseñadora punk, y una estafadora, que intenta que las personas más ricas de la sociedad se fijen en ella y en sus diseños. A lo largo del proceso, se convierte en la infame Cruella de Vil. La forma en que Stone interpreta al villano también tiene indicios de Joker y Harley Quinn, inclinándose hacia la “locura” del personaje y realzando el dramatismo de todo.

Ahora, por supuesto, esto es solo un avance, y todos somos conscientes de que las películas no siempre están mejor representadas por sus avances. Cruella podría resultar una película asombrosa; solo tendremos que esperar y ver. Sin embargo, el historial de Disney con películas de live action es impredecible. Si bien Cruella está inspirada en 101 dálmatas, no es una adaptación directa. Disney probó la misma fórmula con Maléfica: mientras que la primera película funcionó bien, la continuación, Maléfica: Maestra del mal, tuvo un rendimiento inferior.

Cruella se estrenará el 28 de mayo. Actualmente, se estrenará en los cines, pero como señaló el CEO de Disney, Bob Chapek, las cosas podrían cambiar dependiendo de dónde se encuentre el mundo con la pandemia actual. Eso significa que existe la posibilidad de que Cruella termine en Disney Plus, ya sea en lugar de en los cines o junto con un estreno en cines. 

Dicho esto, hay cosas que me siguen llamando la atención en la era de los villanos redimidos o antihéroes.

Podríamos hablar de tradición, machismo, misoginia, política y hasta religión, pero en cambio hablaremos de Disney, porque si alguien sabía de brujas y princesas era el muy recordado Walt.

Blancanieves y los siete enanitos, de 1937, el primer largometraje animado en la historia del cine, fue responsabilidad suya y sirvió para establecer la ruta. Las princesas, decretó Walt, serían jóvenes, casi adolescentes, y deberían incluir en la corta lista de sus talentos la cocina, el planchado y el lavado de platos, la comunicación directa o indirecta con pájaros, roedores y otras especies animales, y la capacidad para dormir largas horas hasta ser despertadas por un beso de amor. Eso es todo lo que dicta este patrón puritano y algo flojo de perfección femenina.

Blanca nieves es la mujer ideal del patriarcado, una jovencita pasiva y obediente que no hace nada para salvarse a sí misma, aunque se encuentre frente a los más horrorosos peligros.

La falta de iniciativa y de carácter de estas candidatas a Miss Disney se traslada a lo físico. Cambia el color de pelo de Blancanieves, Cenicienta o Aurora, y todas podrían fácilmente ser encarnadas por alguna actriz con parálisis facial. Las brujas y villanas, en cambio, constituyen un variado y delicioso festín femenino.

Aparte de la edad (cuarentonas y cincuentonas) y su evidente maldad, a primera vista nada las une, ni siquiera sus intenciones. Úrsula busca almas perdidas en La sirenita, Maléfica busca revancha en La bella durmiente, lady Tremaine busca un marido apropiado para sus hijas en Cenicienta, y Cruella De Vil busca un abrigo de piel en Los 101 dálmatas. Algunas son atractivas, como la Reina Malvada de Blancanieves, y otras no, como la Reina de Corazones de Alicia en el país de las maravillas, un portento de mujer con debilidad por el cricket y la decapitación.

Todas son mujeres, claro, o al menos eso creemos. La certeza absoluta sobre este punto es imposible, porque Walt despojó a todas sus villanas de cualquier signo aparente de femineidad o sexualidad. Ni siquiera la madrastra de Blancanieves, tan vanidosa y siempre frente al espejo, es capaz de lanzar, aunque sea un suspiro de sensualidad y permanece durante toda la película enclaustrada en un traje negro de pies a cabeza, como una monja, una esposa ortodoxa, una de esas mujeres encadenadas al más oscuro destino por la decisión de un hombre que, ya sabemos, tiene poder absoluto sobre ellas. Un hombre que en este caso lleva el apellido Disney.

Pero toda buena historia tiene dos caras como mínimo. Si analizan las grandes obras, como Edipo, por ejemplo, la narrativa puede ser contada desde distintas miradas por cada uno de los personajes principales e incluso secundarios. Y como Disney anda ocupando el puesto de La bella durmiente por ahora (es escabroso si lo piensas demasiado), son sus herederos quienes tienen la casa sola y empiezan a hacer las cosas a su manera. En la ficción, cuando la cultura pop se centra en una mujer que cometió un crimen, es un cuento con moraleja o una de estas historias de rehabilitación, centrada en la idea de que el estado caído de la villana no es culpa suya y ciertamente no es permanente. 

De una manera extraña, estos villanos actualizados tienen menos agencia que sus encarnaciones iniciales. No cometen acciones malvadas porque quieran, incluso si el deseo es extremadamente insignificante; lo hacen porque han sido engañados o porque han sido tan agraviados que no tienen más remedio que la villanía, que es más una reafirmación de un estereotipo patriarcal dañino que una refutación del mismo. Y esto nos demuestra que el canon de la cultura popular y literaria tradicional está dominado por creadores masculinos, y muchos de sus mejores personajes femeninos son, de hecho, villanos. Si queremos interrogar esas historias tradicionales centrando el personaje femenino más interesante y convincente, ¿cómo deberíamos hacerlo?

Permitiendo que los personajes femeninos ejerzan su libertad eligiendo conscientemente hacer el mal y luego arrepentirse de ello. Va más acorde con el alma humana, con lo genuinamente verdadero, ya que el mal existe y es tan real como el bien en el que nos empeñamos en creer diariamente y el cual perseguimos con afán. Las dos son realidades de caminos muy distintos, pero igual de verdaderos y ricos en complejidad.   Y las películas son oportunidades para explorar esos caminos que en nuestro día a día no escogemos, pero que son por demás interesantes y por qué no enriquecedores. Todo suma en la experiencia de ser HUMANO.

 

Fuentes
https://electricliterature.com/please-just-let-women-be-villains/
https://responsejournal.net/issue/2018-11/article/%E2%80%98-not-who-you-are%E2%80%99-disney-transforms-female-monster
http://gomag.com/article/disney-villains-lesbianism/

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