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Estrés post traumático en Pandemia

El estrés postraumático puede aparecer tras la exposición a una o más situaciones que son concebidas por el individuo como altamente peligrosas o impactantes.

De hecho, el estrés postraumático también aparece ante eventos negativos y que además son inesperados. El virus, la alta tasa de contagios y mortalidad, el tener que estar encerrados en casa y el colapso sanitario, por el coronavirus, ha podido desarrollar esta patología.

Está claro que la actualidad que nos está tocando vivir está haciendo que todos nos replanteemos la forma de ver y hacer las cosas cada día.

El momento más álgido de la pandemia producida por COVID-19 con el incesante recuento de miles de fallecidos por este virus ha hecho mella en la salud mental de gran parte de la población y de las personas que han vivido más de cerca esa situación.

La tristeza, el desánimo, la fobia y los miedos, han formado parte de esos meses de confinamiento, en los que la incertidumbre por el presente y el futuro eran una constante diaria, y aún hoy día pueden estar presentes ya que los rebrotes siguen apareciendo y dando señales de alarma, ante un virus que es difícil de frenar.

Pero una vez pasado ese momento más crítico… ¿todo pasa? ¿la persona se recupera y puede afrontar la “nueva normalidad” sin secuelas en su salud mental?

Un tranquilo sábado, 27 de febrero de 2010, un terremoto seguido de un tsunami devastador arrasó una buena parte del sur de la casi interminable costa chilena. Más de dos millones de personas (el 10% de la población total) quedó directamente afectada por este suceso que apenas duró 4 minutos. Rápido y letal. ¿Cuáles son las consecuencias psicológicas de sucesos inesperados de esta naturaleza?

El caso de Chile puede ser ejemplar para obtener algunas respuestas científicas a esa pregunta. En un estudio publicado en 2015, centenares de personas afectadas por la tragedia varios meses más tarde evidenciaron dos claras trayectorias en los supervivientes.

Por un lado, había personas con síntomas persistentes de estrés postraumático (pesadillas, imágenes y pensamientos intruso, o conductas evasivas). Pero también había otro grupo de individuos que sentían que, a pesar de las dificultades, el suceso les había permitido de algún modo crecer psicológicamente (sentirse más eficaces, más cercanos a los demás, o apreciar más la vida).

Lo más revelador fue identificar que ambas trayectorias estaban ligadas a dos tipos opuestos de mentalidades (mindsets): hacerse preguntas de reproche o de inculpación de difícil respuesta (por ejemplo “¿por qué me ha pasado esto?, “¿por qué hemos sido castigados así?”) predecía una trayectoria mantenida de síntomas. Por el contrario, hacerse preguntas más constructivas (“¿qué puedo hacer para reconstruir mi casa?”, “¿cómo puedo ayudar a mis hijos en estas circunstancias”?) predecía menor malestar psicológico y una sensación de crecimiento personal.

Vale la pena señalar que el crecimiento postraumático no necesariamente hace que el evento en cuestión se sienta menos traumático. Las personas que experimentan un crecimiento postraumático aún pueden luchar con inmensos desafíos, incluido el trastorno de estrés postraumático (TEPT). Sin embargo, el crecimiento postraumático puede ayudar a alguien a replantearse o afrontar mejor las secuelas de una experiencia traumática.

Para experimentar un crecimiento postraumático, por lo general, alguien debe experimentar cambios en al menos una de las cinco áreas principales:

  • Relaciones mejoradas. Uno se vuelve más compasivo, más empático o tiene relaciones interpersonales más estrechas.
  • Más confianza en las fortalezas y habilidades de uno, especialmente cuando se trata de manejar circunstancias difíciles.
  • Nuevas prioridades y posibilidades de vida. Hay un cambio marcado en la forma en que alguien hacía las cosas anteriormente.
  • Mayor aprecio por la vida. Las personas disfrutan más de las “pequeñas cosas” que solían dar por sentadas.
  • Cambio espiritual o existencial. Las personas desarrollan una comprensión más profunda de lo que significa ser humano.

Si bien es imposible predecir cuántas personas experimentarán un crecimiento postraumático después de la pandemia de COVID-19 y las otras crisis que surgieron en 2020, algunas investigaciones sugieren que el cambio psicológico positivo es inevitable, al menos en parte de la población.

¿Es posible el crecimiento personal y colectivo?

¿Cómo reaccionaremos individual o colectivamente? Mirar hacia atrás, con la salvedad de las diferencias en el tipo de amenaza que hemos vivido, puede ser útil para encontrar una respuesta.

La situación de Europa inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial dejó rescoldos inimaginables de sufrimiento, pérdidas materiales, y rencores nacionales. De ese panorama surgieron instituciones políticas que han dado cobertura al mayor periodo prolongado de prosperidad, riqueza, y paz entre enemigos aparentemente irreconciliables.

Si institucional y colectivamente es factible que ocurran cambios positivos a medio o largo plazo, en lo personal puede suceder lo mismo. La investigación acumulada durante años revela que las experiencias de crecimiento personal tras experiencias traumáticas aparecen en más de la mitad de quienes las han padecido. No se trata por lo tanto de algo anecdótico ni trivial.

¿Sucederá lo mismo esta vez? Esta pandemia abre escenarios inexplorados científicamente en todos los ámbitos. Es muy probable que una mayoría de personas se sientan mejores en muchos aspectos (quizás, por ejemplo, más capaces de cuidar y dar afecto, o con mayor sensación de pertenencia a la comunidad). Pero también es plausible que esa percepción mejorada de uno mismo sea más difícil de alcanzar en quienes experimenten una combinación de consecuencias extraordinariamente graves (duelos complicados, pérdidas de trabajo, secuelas físicas).

Hemos vivido, en prácticamente todos los países, reacciones espontáneas de apoyo mutuo, de homenajes diarios desde los balcones, y de celebraciones que permiten dar un respiro emocional. Pero que también están cargadas de un gran simbolismo reparador.

De nuevo, las investigaciones citadas nos permiten augurar que este candoroso esfuerzo por alimentar emociones positivas colectivas puede que sea una semilla inteligente que tenga frutos futuros.

Lo que realmente es previsible es que todos nos vamos a equivocar en nuestras predicciones porque el futuro está aún por escribir y no podemos ejercer de adivinos. Lo único que está en nuestras manos es ayudar a construir algunas líneas importantes del guion de nuestras vidas en el que, por cierto, la ciencia puede ayudarnos a ser más precavidos y no anticipar ni escenarios basados en vanas ilusiones ni tampoco en catástrofes infundadas.

En la crisis hay y habrá sufrimiento. Pero seguramente también crecimiento, porque no son antitéticos. Y todo esto nos enseñará a conocer mejor cuáles son nuestras debilidades y fortalezas.


Fuentes
https://www.success.com/why-post-traumatic-growth-could-be-the-key-to-thriving-in-2021/
https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/17032085/
https://www.tandfonline.com/doi/abs/10.1080/17439761003630060
https://www.tandfonline.com/doi/full/10.3402/ejpt.v6.26557
https://www.discapnet.es/entrevista-estres-postraumatico-por-la-pandemia
https://www.copmadrid.org/wp/estres-post-traumatico-despues-del-covid-19-un-acercamiento/

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