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¿Están las universidades amenazando la libertad de expresión?

La libertad de expresión en las universidades está a debate, pero una interferencia para arreglarlo podría ser aún peor.

Uno de los temas más a la orden del día en referencia a la batalla cultural es la libertad de expresión en las universidades. Se dice que ellas son el origen de la libertad de expresión, de la generación de nuevas ideas enriquecedoras para la sociedad y el germen del progreso.

Ahora bien, en la actualidad estamos asistiendo a muchos fenómenos dentro de las universidades que, según muchos adultos, están poniendo en jaque algo tan importante para la sociedad como es la libre expresión de ideas. ¿Qué está pasando realmente? ¿Está ocurriendo o es propaganda que intenta desacreditar a los jóvenes progresistas?

La libertad de expresión en las universidades británicas

Según una encuesta de YouGov del año 2019, el 52 % de los británicos cree que la libertad de expresión está siendo amenazada en las universidades. Es más, el gobierno británico concuerda con ello y ha intentado a lo largo de los últimos años revertir este proceso interviniendo directamente en ella con diversas acciones. Entre ellas:

El empoderamiento de la oficina de estudiantes (el organismo encargado de regular la universidad).

Sanción a las universidades que estén coartando la libertad de expresión.

La primera de estas cuestiones es la más relevante para lo que estamos tratando aquí, porque Gavin Williamson, el secretario de estado para la educación, quiere dar un paso más e instalar la figura del «campeón de la libertad de expresión académica» en la oficina de estudiantes. Su función sería investigar cualquier atisbo de censura que pueda aparecer en las universidades y extender el requerimiento legal que cubre la libertad de expresión de los centros a los sindicatos de estudiantes.

Los críticos con esta nueva medida creen que este tipo de propuestas están más encaminadas a hacer un uso interesado del pánico que existe actualmente con este problema, más que para proteger la libertad de expresión en los centros de educación. Ya podemos imaginar lo que las voces disidentes comentan: el gobierno quiere controlar lo que es libertad de expresión y lo que no, decir lo que es censurable y lo que no, e imponer un concepto de ella por la fuerza, cosa que va en contra de su misma naturaleza.

Polarización social

Como toda reacción en la polarización social vigente hoy en día, nos encontramos con dos bandos diferenciados: aquellos que defienden que las nuevas ideas progresistas son fruto de una crítica a un sistema injusto y totalmente legítimas, y aquellos que aseguran que estas nuevas ideas son peligrosas, en el sentido de que utilizan un lenguaje que puede sonar compasivo y honesto en nombre de la justicia social, pero que no admite una opinión en contra, llevando a la censura en nombre del bien común.

Llevándolo más allá, estas ideas originadas en las universidades y que tocan temas delicados que suelen ser difíciles de debatir, incluye el aborto, la religión, los derechos de la comunidad LGTBI, los derechos territoriales de los nativos, la colonización, el cambio climático, el capitalismo contra el socialismo y un sinfín de temas controvertidos que pueden despertar pasiones.

En relación con el último punto, aquellos que quieren desafiar el statu quo consideran que sus reivindicaciones anticapitalistas están totalmente justificadas por la sangría del paro juvenil en muchos países occidentales y la timidez con la que se aborda la lucha contra el cambio climático. Este deseo de alcanzar el bien común también se relaciona en algunos casos con el socialismo, despertando la reticencia de las derechas y los sectores más tradicionales de la sociedad, que ven cómo las ideas de este se extienden sin freno por las universidades.

Al final, algunos de estos jóvenes, apoyen estas ideas o no, justifican sus acciones y su rechazo a la absoluta libertad de expresión de sus sociedades con el pretexto de alcanzar un bien superior que satisfaga las necesidades de los sectores más vulnerables y acaben con la opresión.

Por el lado contrario, los sectores que defienden el libre mercado, los liberales y otras capas más tradicionales, justifican que hay que intervenir las ideas que están germinando en las universidades porque pueden amenazar estructuras que consideran que funcionan de manera óptima, ya sea la familia, la institución religiosa, el capitalismo, la jerarquía de la autoridad, etcétera.

Identificar cuál es el verdadero problema es también un problema

¿Quién está amenazando la libertad de expresión? ¿De dónde viene el problema más urgente, de los estudiantes en las universidades o del gobierno y los dirigentes?

Según un estudio del Comité Conjunto de Derechos Humanos del parlamento británico, que preguntó sobre la libertad de expresión en las universidades en 2018, concluyó que no existía una crisis realmente importante en los campus.

No obstante, el Comité también afirmó que existen algunos temas que necesitan ser estudiados. Por ejemplo, el rol de la Comisión de Caridad que supervisa los sindicatos estudiantiles porque son, de hecho, organizaciones benéficas. El Comité instruyó a la Comisión de Caridad para desistir en la estricta monitorización de las actividades de los sindicatos estudiantiles, ya que estaba desalentando a los sindicatos a invitar a «oradores controvertidos».

Visto lo visto, parece que esta figura del campeón de la libre expresión puede ser igualmente controvertida, cuya decisión proviene directamente del gobierno. En una sociedad polarizada, es un hecho que cualquier interferencia para modificar o alentar cambios en las decisiones que atañen a la libertad de expresión en las universidades puede ser más visto como un ataque o como un oportunismo más que por un deseo genuino de arreglar algo.

La solución puede estar en intentar inculcar a los más jóvenes —y a los no tan jóvenes— la necesidad de debatir con aquellos que tengan ideas diametralmente opuestas a la suyas. Hay que enfatizar la necesidad de volver a encontrarnos, de hablar, de admitir sin problema que podemos estar en desacuerdo con otra persona pero que eso no tiene que significar en ninguna enemistad. Quizás solo de esta manera consigamos frenar esta polarización que parece no tener límites.


Fuentes
Scott-Baumann, A. (17 de febrero de 2021). The Guardian. A new ‘free speech champion’ may end up doing the opposite. Obtenido de https://www.theguardian.com/commentisfree/2021/feb/17/free-speech-champion-universities-campus

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