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El Grito de Munch y un secreto que demoró más de un siglo en ser develado

En el año 2012, una versión al pastel de El Grito fue vendida por la casa de subastas neoyorquina Sotheby´s en casi U$D120 millones de dólares. Al igual que su colega holandés de una sola oreja, a Edvard Munch le llegó la fama y la riqueza varios años después de que su cuerpo partió de este mundo.

Lo que inicialmente fue considerado como un insensible acto de vandalismo, ahora se sabe que responde a las acciones propias de una persona que padecía una angustiante enfermedad mental. Nos estamos refiriendo a la misteriosa frase que se halla impresa sobre la tela de El Grito, por lejos, la pintura más famosa del artista noruego Edvard Munch. Esas crípticas palabras resultan ser una penosa reafirmación sobre la distorsión de la realidad que sufría el pintor escandinavo y que, gracias a la tecnología, pudo determinarse que él mismo fue el encargado de plasmarlas sobre su famoso lienzo.

 

Muchos aseguran que, después de la Mona Lisa de Leonardo Da Vinci, la pintura El Grito del pintor noruego Edvard Munch (1863-1944) es la representación más famosa de la figura humana en Occidente. Extraña, surrealista y dolorosamente autobiográfica… pero humana, al fin.

 

A pesar de que el movimiento Expresionista se originó fundamentalmente en Alemania a principios del siglo XX, Munch es ampliamente considerado como su fundador. Este estilo artístico, que se destaca por una percepción más abstracta de la realidad, buscaba rebelarse contra el Impresionismo francés, más adepto éste a una escuela de pintura formal y analítica.

 

Y, aunque su cuadro más famoso difícilmente pueda catalogarse como la descripción de un atardecer “normal”, esta es la esencia misma del Expresionismo: retratar el aspecto interno y emocional de una escena u objeto sin que importe demasiado reproducir fielmente su apariencia externa.

 

La fuente de inspiración para crear El Grito provino de una experiencia tan extraña como aterradora. Durante un paseo en su juventud junto a dos amigos, Edvard atestiguó cómo los rostros de ambos se trasformaban, adquiriendo una fuerte coloración blanco-amarillenta. Mientras ellos siguieron caminando y, en propias palabras de Munch, “…yo permanecí allí, temblando de ansiedad – y percibí un interminable grito que atravesaba la naturaleza”.

 

Quedando sus dos acompañantes detrás suyo y en el reino del mundo normal, el personaje principal –evidentemente, el propio Munch- toma su rostro con ambas manos, preso de una angustia que el pintor noruego plasmó para la eternidad. Así como la Mona Lisa representa la serenidad y el autocontrol, El Grito define a una era moderna plagada de ansiedad e incertidumbre. Pero esta obra siempre escondió algo más de lo que dejaban traslucir sus coloridas y caóticas pinceladas.

 

Escrito con lápiz y en letras pequeñas, en la esquina superior izquierda de su cuadro más famoso puede leerse la siguiente frase: “Solo podría haber sido pintado por un loco”.

 

Durante más de un siglo -117 años, más precisamente- el enigma sobre quién fue el autor de este agraviante mensaje generó las más variadas especulaciones por parte de los historiadores del arte.

 

Teniendo en cuenta el fuerte y polémico impacto que tuvo El Grito desde que fue presentado en 1895 en su Oslo natal, muchos pensaron que aquel mensaje se trataba de la rencorosa vendetta de algún colega o crítico de arte más inclinado hacia la pintura clásica. Otros, que se trató de un simple acto de vandalismo por parte de algún desconocido transgresor.

 

Lo cierto es que, gracias al uso de cámaras infrarrojas, el personal del Museo Nacional de Oslo logró determinar con precisión que la letra pertenecía al propio autor de la obra. Tal como lo afirma el curador del museo, Mai Britt Muleng, se pudo llegar a esta inequívoca conclusión luego de que “fue posible comparar sistemáticamente la escritura a mano, la cual es idéntica a la de Munch” con cartas y notas redactadas por el artista noruego.

 

No deja de generar tristeza esta franca aceptación de su frágil condición mental, la cual acompañó al genial pintor a lo largo de toda su vida. Su madre murió cuando él apenas tenía 5 años de edad, dejándolo a cargo de un padre que sufría una profunda depresión psicótica, producto de la pérdida de su esposa. Cuando Edvard tenía 13 años, falleció su hermana mayor, Sophie, de la misma afección que su madre: tuberculosis.

 

Canalizar su sufrimiento a través de la pintura formaba, según admitía el propio Munch, parte de su vida y de su arte. Alguna vez él escribió que “sin mi ansiedad y mi enfermedad, soy como un bote al que le faltan los remos…”. Lo que hace tan especial a El Grito es el hecho de que el artista supo que había llegado demasiado lejos, decidiendo abandonar a partir de entonces ese neurótico estilo que lo hacía acordar demasiado a sí mismo.

 

Que finalmente se haya podido identificar al autor de la enigmática frase escrita en El Grito le brinda aún más lógica al estado mental de Munch: él estaba bien consciente de los horrores que genera la locura. Y, más allá de que fue durante la experiencia de aquel funesto atardecer cuando este hecho se hizo más claro que nunca, el artista siempre sospechó que la enfermedad mental lo acechaba de manera congénita.

 

Con un padre que añoraba el paso hacia el “otro mundo” y una hermana –Laura- que debió pasar gran parte de su vida en instituciones mentales, Munch sentía que la demencia era tan inescapable para él como lo era utilizar al arte para descargar sus miedos y ansiedades. Tras sufrir un brote psicótico en otoño de 1908, el pintor ingresó por su cuenta a un manicomio de las afueras de Copenhagen en donde pudo recuperar gran parte de su control emocional.

 

Tras su salida y posterior regreso a Oslo, Munch comenzó otra etapa artística, mucho menos oscura y tortuosa a la que lo caracterizó hasta entonces. Alejado del mundo exterior, sus últimos 27 años de vida los dedicó a crear un voluminoso conjunto de pinturas, dibujos y grabados en total soledad. Nunca se casó ni tuvo hijos: salvo sus trabajos artísticos, a quienes consideraba como tales y no soportaba separarse de ellos.

 

Comparado muchas veces –en cuanto a estilo artístico, percepción del mundo y forma de vida- con el genial Vincent Van Gogh, resulta irónico que su pintura más épica sea la única de entre su voluminoso portfolio que poseyó esa psicodélica y arrebatada imaginería. Quizás sea precisamente por ello que la fama mundial de El Grito haya pasado a la historia del arte y la cultura, ya que se trata de una gema que su creador decidió no repetir jamás.

 

Haber escrito sobre su propio cuadro es un acto tan inusual como lo es el hecho de que éste sea el único trabajo suyo que el mundo decidió recordar de entre sus más de 1.000 pinturas, 4.500 dibujos y 15.400 impresiones. Estas obras quedaron sepultadas bajo el enigmático autorretrato de un artista tan genial como atormentado.

 

Fuentes
Dönges, J. (5 de Marzo de 2021). The Famed Painting The Scream Holds a Hidden Message. Scientific American. Obtenido de https://www.scientificamerican.com/
Edvard Munch Paintings, Biography and Quotes. (s.f.). Edvard Munch Official Website. Obtenido de https://www.edvardmunch.org/
Edvard Munch wrote ‘madman’ graffiti on Scream painting, scans show. (22 de Febrero de 2021). BBC. Obtenido de https://www.bbc.com/

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