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Un camino repleto de buenas intenciones

A los artistas consagrados se les suele preguntar por consejos a los aspirantes a artistas. Y si bien muchos de estos consejos son útiles, también es cierto que no hay fórmulas mágicas en el arte. Por lo tanto, las palabras de los escritores, pintores, músicos y demás terminan por convertirse en verdades anquilosadas.

Abelardo Castillo fue un gran escritor argentino, especialista en cuentos, aunque también recordado por sus obras de teatro y novelas. Castillo, además, dictaba sus propios cursos para aspirantes a escritores y solía dar consejos para artistas en general. En uno de sus libros al respecto cuenta que, cuando era un adolescente, fue a visitar a un escritor de su pueblo que él admiraba. Luego de intercambiar unas palabras, el joven Castillo le mostró uno de sus escritos. El escritor lo leyó con detenimiento, miró a los ojos a Castillo y le dijo que no le había gustado. Molesto, Castillo le preguntó por qué. El escritor le dijo que estaba mal escrito y señaló algunos errores. Castillo le dijo que no eran errores, que era su estilo. La respuesta del escritor le daría a Castillo una lección que nunca olvidaría: “antes de tener estilo hay que saber escribir”.

La anécdota es, sin dudas, simpática e incluso aleccionadora. Un artista debe encontrar su voz antes que sus pretensiones. Cualquiera que se haya siquiera animado a pisar en las barrosas aguas del arte sabe que es necesario una guía, un profesor o un colega que lo ayude a no perderse en el camino, un Virgilio para Dante. Sin embargo, los consejos que pueden ser útiles para un novel artista suelen molestar cuando es uno quien está en posición de dar consejos. Para decirlo de una forma menos complicada: el aprendiz debe “matar” a su profesor, y por lo tanto esos sabios consejos terminan por convertirse en herramientas inútiles, y hasta en mentiras sonoras, pero mentiras al fin.

En el mundo de la escritura, por ejemplo, se suele decir que un escritor debe leer mucho, o que debe estar incontables horas frente a la computadora para trabajar sus textos. Y también que la estructura de un cuento debe ser pensada antes de sentarse a escribir. Todas verdades parciales, es decir no-verdades. Tampoco son mentiras, sino meros frutos de la experiencia particular. ¿Un escritor debe leer mucho? La mayoría de los escritores lo hace, aunque algunos no. ¿Eso determina una relación causa-efecto con la calidad de la escritura? Por supuesto que no: se puede leer mucho y no saber contar siquiera una broma.

Lo mismo podría aplicarse al resto de los mencionados consejos: para un artista el tiempo de práctica es fundamental, aunque también es cierto que algunas personas se llevan mejor con la idea de “musa inspiradora”. ¿Existen las musas? Tal vez sí, tal vez no. Podríamos seguir de este modo con casi cualquier consejo, porque después de todo el camino al arte, el sendero que lleva a convertirse en un gran artista, está repleto de buenas intenciones que tapan la verdad de Perogrullo ya mencionada: en el arte no hay atajos ni consejos reveladores. Es un camino inhóspito, solitario, exigente y rara vez gratificante.

¿Suena a una profesión horrible? No solamente suena, lo es en muchos aspectos. Ser artista no se trata de obtener algo a cambio, sino de una necesidad imperiosa. ¿Esto puede tomarse como un consejo? Quizás, pero sólo para colocar en nuestra propia ensalada de ideas y experiencias, y luego condimentarlo con un poco de polémica.

Un libro de consejos

“Sigue tu corazón”, “confía en tu instinto”, “debes encontrar tu voz”, “mantente fiel a tu mirada”. El único consejo que serviría es olvidarse de esos consejos. Seguir al corazón no sirve más que para perderse. El arte se puede enseñar y aprender, pero no a través de palabras encerradas en frases sino con la práctica. De hecho, la teoría del arte no enseña a escribir o pintar, para eso existen los talleres. Y la palabra talleres viene, por supuesto, del trabajo duro y puro.

Sin embargo, hay libros que compilan enseñanzas de artistas que pueden servir, al menos para reflexionar al respecto. Uno de ellos es “Launching Your Art Career: A Practical Guide for Artists”, de Alix Sloan.

Sloan se tomó el trabajo de consultar a más de 40 artistas para compilar una guía que, según dice la autora, no cae en los típicos lugares comunes. El libro trata sobre cómo hacer arte, establecer contactos, hacer ventas y ganar dinero. Aquí hay algunos de los consejos prácticos para artistas emergentes.

-Acepta el trabajo: según Noah Antieau, un comerciante de arte, el artista no debe rechazar trabajos. “No seas uno de esos típicos de la escuela de arte que se considera por encima de la idea del arte como mercancía. Acepta el trabajo comercial. Acepta el trabajo de diseño. Haz el cartel de la banda por 20 dólares. Haz lo que sea necesario para poder llamarte un artista activo. Es un título noble, independientemente de los detalles”.

-Sé amable: “Tus mejores contactos son tus compañeros. Mantén el contacto con ellos. Sé curioso. Visita los estudios de otros artistas y añade a tu lista de correo a personas con ideas afines.”, dice Cara Enteles, artista.

-Es sólo un trabajo más: “Cuando hablo con los artistas más jóvenes insisto en que hacer, exponer y vender arte en una galería comercial es como cualquier otro trabajo en el que uno espera tener éxito. Significa trabajar duro, cumplir los plazos y confiar en que tus compañeros también hagan bien su trabajo”. Palabras de William Baczek, también comerciante de arte.

-¡Más, más, más!: “Alimenta tu producción con tantos libros, conferencias, películas, ocio y descanso como puedas manejar, y en algunos casos con más de lo que puedas manejar” (Didier William, artista).

-No te pongas demasiado cómodo: “Es posible que tengas que buscar un empleo que pague mientras haces esto. NO consigas un trabajo creativo. Consigue un trabajo en el que no te sientas cómodo. Guarda toda tu creatividad para tu propia práctica artística” (Martha Rich, artista).


Fuentes
https://www.alixsloan.com

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