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El racismo empaña el legado de Roald Dahl

Hay escritores que gozan de una pluma tan prolija que su vasto reconocimiento se prolonga aun después de su muerte. Muchos de ellos, aclamados por sus importantes legados literarios, no pudieron alcanzar el éxito en su vida personal, donde los problemas no podían resolverse con prosa.

El consagrado Hemingway, autor del célebre EL Viejo y El Mar, no pudo dejar de lado intimidades tan profundamente oscuras, que laceraban su ya alicaída vida personal. Según El País, se sumió en la dipsomanía tras la muerte de su padre, culpandose por ello. Paralelamente, la animadversión que tenía para con su progenitora fue acicate para tomar la fatal decisión de quitarse la vida. Años antes, el suicidio rondaba sus pensamientos. Las cartas enviadas a personas de su entorno así lo confirman.

Books, una revista francesa especializada en reseñas sobre libros y sus autores, elaboró un ensayo en el que se pone en conocimiento la controversial vida privada de diversos escritores. Entre la extensa lista de nombres figuran literatos de la talla de Jorge Luis Borges y Leon Tolstoi. En este compilado, se exponen las vivencias personales de los autores, que relatan conflictos familiares, problemas mentales y chispazos de egolatría. Otros escritores más contemporáneos, como Phillip Larkin, están tristemente relacionados con casos de infidelidad y adulterio.

Sin embargo, el reciente caso de Roald Dahl, puesto en boca de la opinión pública por la revista Time, resulta bastante particular. El escritor, muy conocido por sus libros para niños, goza de gran prestigio en el mundo de la literatura. Después de su muerte en 1990, algunas de sus principales obras, una vez consumado su éxito en el ámbito literario, fueron adaptadas a producciones que se han convertido en clásicos del cine y la televisión. Matilda, aquella risueña niña con poderes asombrosos, o Willie Wonka, dueño de una compañía de golosinas en Charlie y la Fábrica de Chocolate,  son probablemente dos de sus personajes de ficción más populares.

Su legado no ha perdido continuidad. Warner Bros confirmó que desarrollará una nueva producción, que llevará nuevamente a Wonka a la pantalla grande en el 2023. Así mismo, la gigante del streaming Netflix ha abonado a las cuentas de la Roald Dahl Story Company jugosas y millonarias cantidades de dinero, por la concesión de los derechos de autor de dieciséis de sus obras, para así reproducirlas e incluirlas dentro de su lista de creaciones.

 

Por todo lo expuesto anteriormente, resulta impactante que una mente que haya creado historias que impactaron positivamente tantas infancias, sea vinculada al racismo y la discriminación. De ascendencia inglesa, Dahl había confesado su postura antisemita antes de morir. 

 

En el 2018, se había planteado la idea de conmemorar el centenario del natalicio de Dahl con una moneda que llevara su rostro, pero la petición fue denegada por la Royal Mint inglesa precisamente por la relación del autor con las políticas antisemitas. La vicepresidenta de la Junta de Diputados Judíos Británicos, Amanda Bowman, consideró oportuna la posición tomada pues, a despecho de sus obras, no se debe olvidar que detrás de un prominente escritor se encontraba una persona con ideas segregativas, que no se adaptan a las demandas del contexto actual.

 

A raíz de ello y teniendo en cuenta la puesta en marcha de próximas producciones, la familia de Dahl, a través del sitio web de la compañía que ahora manejan, emitió un comunicado oficial extendiendo sus disculpas por las actitudes y declaraciones que dejara en vida el escritor. En el pronunciamiento, reconocen la dimensión que sus declaraciones tuvieron, consecuencias que se experimentan hasta la actualidad. También se hace hincapié en que dicha postura racial no refleja al hombre bueno y juicioso que conocieron los familiares.

 

En su libro Roald Dahl: Biography, Jeremy Treglown expone las dos versiones del autor: por un lado, amoroso y leal con su familia; por el otro, un ser irreconocible que profesaba un injustificado sesgo racial. Durante su vida, vivió en África y participó como piloto en la Segunda Guerra Mundial, y luego encalló en Estados Unidos. Fue enviado a trabajar en una embajada y ahí dio inicio a su producción literaria.

 

Fue en ese país donde, entre otras declaraciones, concebiría ideas en contra de la raza judía, en base a algunas observaciones y al contexto histórico bélico de la época. En una ocasión, incluso denunció la injerencia de personas de ascendencia judía en las principales instituciones financieras americanas. Tras la invasión israelí del Líbano en 1982, Dahl acuspo a los principales medios de comunicación de no cubrir el conflicto armado porque estaba dirigido por los propios judíos.

 

Es comprensible entonces que, partiendo de las convicciones que manifestaba, se puedan detectar elementos racistas dentro de sus obras más famosas. En el caso de Charlie y la fábrica de Chocolate, la descripción original del libro señala que los oompa-loompas, diminutos hombrecillos que trabajaban en la producción de golosinas, venía de África y eran traídos en cajas, como si se tratasen de objetos de escaso valor.

 

Ellos habían sido rescatados del hambre y la miseria en su lugar de origen, y llevados a Inglaterra como mercancía de contrabando. Es aquí donde se avizora una clara perspectiva colonialista y, aunque el relato no deja de ser ficticio, produce gran controversia al tratarse de un cuento infantil.

 

En The Witches, se llega a apreciar también una visión negativa de las mujeres, por lo que dicho libro fue prohibido en las bibliotecas británicas en 1983 y objeto de debate en la Asociación Estadounidense de Bibliotecas en 1990. Al respecto, la BBC advierte que publicaciones como James y el Melocotón Gigante, libro de Dahl que, a simple vista, suena ligero e inofensivo, cuentan historias que podrían auscultar elementos de sesgo y misoginia. En dicho libro, por ejemplo, un niño carente de padres vive con sus tías y su hermana mayor, quienes le propinan sendas palizas y lo dejan sin alimento. Cuando él crece, cobra venganza y emprende el camino hacia una nueva vida.

 

Por otro lado, también hay especialistas en diversas materias relacionadas, como la docente infantil Maria Nikolajeva, que consideran que el persuasivo accionar de Willie Wonka, que llevaba a los infantes a su fábrica con la promesa de dulces, puede catalogarse como inmoral. El Diario, a fines del año pasado, afirmó que la familia de Dahl emitió un nuevo comunicado donde consideraban la posición antisemita del escritor como un hecho hasta hoy incomprensible.

 

La literatura infantil no está exenta de la polémica y, aún más en la actualidad, no deja de ser vehículo de discusión de problemáticas relevantes. Quizás lo que mayor sorpresa provoque sea el discurso segregativo que puede entreverse en algunos de los relatos de Dahl, que no tienen lugar en un mundo donde se profesa la inclusión.

 

Fuentes:
¿Por qué se suicidó Hemingway? en https://www.elpais.com.co/
La vida privada de los escritores en https://elcultural.com/
What to Know About Children’s Author Roald Dahl’s Controversial Legacy en https://time.com/
La familia de Roald Dahl se disculpa por el “incomprensible” antisemitismo del escritor en https://www.eldiario.es/

 

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