ENTREVISTA

PAMELA MARRUFFO

Empecé mi marca de línea ejecutiva, línea casual, hace unos 6 años aproximadamente y empecé a diseñar porque me resulta sencillo dibujar.

La diseñadora y empresaria, Pamella Marruffo, nos brinda una visión a color del mundo de la moda, en el que viene ganando terreno desde hace 4 años con 3 marcas diferentes. Una de sus marcas lleva su nombre, y con ella introduce propuestas excepcionales de alta costura que prometen revolucionar el mercado de vestidos de novias.

¿Cómo empezaste tu propia marca?

Empecé mi marca de línea ejecutiva, línea casual, hace unos 6 años aproximadamente y empecé a diseñar porque me resulta sencillo dibujar. Me gusta el tema de moda y el tema de stylist, incluso antes de estudiar la carrera de diseño de modas internacional tenía la facilidad para dibujar y no me había dado cuenta antes. Y creé una marca y resultó venderse muy bien. Primero la vendía en la oficina donde trabajaba, luego en tiendas multimarca en Lima, luego en provincias.

Hace cuatro años, renuncié a una empresa de seguros y hace cuatro años decidí poner un show room. Decidí pensar un poco más lejos, hacer algo más grande, confiada. Me guié por mis instintos más que por un plan de negocios, a pesar de que mi primera carrera es administración de empresas y mi segunda carrera es negocios internacionales, y me dije que por qué tener solo un show room. ¿Por qué no tener un atelier?

Pensé en sacar una segunda marca y así nace la que lleva mi nombre, que es de alta costura, centrada en vestidos de fiesta. Tuvo pegada rápidamente porque no hacía lo tradicional y empezó a salir en revistas como Club, en El Comercio, y luego empecé a hacer vestidos de novia, tanto civil como religioso. Esto me ayudó a crecer rápidamente los dos primeros años. Hace un año lancé mi tercera marca, Red Flower Atelier.

Como me involucré en el mundo de bodas, comencé a relacionarme con más gente del medio, como fotógrafos, videógrafos, maquilladoras, las empresas que crean los ramos, y más. Así, pude reunir a un

¿Qué es lo que más te gusta del mundo de la moda?

Me gusta cambiar vidas, me gusta inspirar, me encanta cumplir sueños de mujeres, especialmente de novias. Verlas llorar de emoción cuando reciben sus vestidos, aquellos que creé con mucho cariño y dedicación, eso me llena de alegría. Me gusta verlas tan bellas, especialmente porque algunas de las mujeres que me visitan no tienen plena confianza en sí mismas.

Yo no tengo una boutique, así que no creo vestidos en masa. Tengo algunos de colecciones pasadas pero, la mayoría de veces, creo diseños exclusivos para mis clientas.

Cuando ya ellas pasan a la tercera prueba, a probarse el vestido completamente diseñado, veo en sus rostros ese cambio. Veo cómo su amor propio de alguna manera crece porque ahí, ahí en ese momento, se sienten las mujeres más bellas del mundo. Y lo son, y me hace muy feliz ser parte de esa revelación y poder presenciar cuando lo descubren.

 

¿Cuáles son tus principales mercados?

En principio, empecé en Lima. Luego, empecé a incursionar en Arequipa. Me conocen poco en Tacna aún pero tengo mucha llegada en Trujillo y Chiclayo y, en menor grado, Piura. Mi primera marca, Revelación, es la que abrió las puertas de estas otras ciudades. Pero mi marca de novias, la que lleva mi nombre, es la que afianzó mi presencia en estos mercados. Le puse mucho punche a esa marca porque es la más rentable y la que más satisfacción personal me brinda. Hoy en día, mi fuerte es el tema de bodas.

 

Con respecto a tu marca de vestidos de novia, ¿qué es lo que la caracteriza?

Definitivamente, que yo estoy detrás de la marca, soy la diseñadora. Soy el tipo de persona que no se guía por lo convencional, no necesito estar llena de información y darle relevancia a las tendencias. Cada novia es especial y yo le doy su lugar. Apuesto por las mujeres decididas, intrépidas, versátiles, que creen en representar quienes son a través de su estilo. Y yo quiero que reflejen su esencia a través de su estilo porque también creo en ellas.

Esto se demuestra a través de mis colecciones editoriales. Los proyectos que he venido haciendo desde hace cuatro años hasta la fecha demuestran el lado único de cada novia, eso que las diferencia. Si bien he hecho vestidos ultra sirena, de princesa, trajes completamente bordados, mi marca muestra mucho más que los clásicos: también hay vestidos bohemios, con drama, rústicos pero chic. Mi fuerte es combinar la elegancia con lo sensual, sin quitarle su cuota de prioridad a la comodidad.

Trato de diversificar mi mercado, siempre pensando en que no existe un “one size fits all” en el mundo de la moda, sino en la variedad de mujeres que existe. Quiero ofrecer algo diferente y ofrecer vestidos ya listos o pret a porter para las novias que son apresuradas y no tienen tiempo que perder, vestidos por tallas que se amolden a las curvas de cada mujer, diseños que expresen su mundo interior.

¿El mercado de vestidos de novia es muy competitivo?

Sí, es muy competitivo. Hay diseñadoras que tienen muchos años en actividad, algunas más de 20 años y yo solo tengo 4, que tienen atelier o boutique, como la marca Norka. Sin embargo, también están las marcas más jóvenes, a cargo de emprendedoras muy jóvenes, penetrando el mercado con lo que yo veo como una ventaja. Son personas que han salido del colegio hace poco y se han inscrito en un instituto y ya están posicionándose de a pocos con propuestas muy originales, cosas que no aprendes en una escuela. Así que hay presión por ambos extremos.

Yo considero que estoy en el medio. Quiero sacar ventaja de que, a comparación de las marcas más jóvenes, tengo 4 años de experiencia y una amplia educación formal en el ámbito de los negocios; mientras, me diferencio con respecto a las marcas más antiguas en que no tengo miedo de salir del molde y explorar propuestas originales.

¿Qué es lo que prefieren las novias limeñas?

Creo que las novias limeñas, incluso, hablando en general, del país, aún son tradicionales y buscan un vestido clásico. Quizá suene un poco incoherente con mi propuesta, pero es la realidad. Es por eso que mi marca es un poco de nicho. 

Creo que el mercado estadounidense y el peruano guardan cierta similitud puesto que comparten la preferencia por los vestidos de corte más tradicional. Sin embargo, en varios países europeos, también en Canadá, las mujeres son más arriesgadas. Están más dispuestas a usar vestidos dramáticos o, por el contrario, sencillos de tela lisa pero con accesorios llamativos que causen un efecto disruptivo. La mujer peruana tiende a optar más por el glamour si, por ejemplo, va a casarse en una catedral de noche, y pide una cola de dos metros para que acompañe el impacto de su entrada y camino hacia el altar.

Ocurre que muchas veces las novias quieren vestidos con mucha pedrería, una gran cola y que sean el centro de la atención; pero no siempre tienen el presupuesto para ello. Cuando esto ocurre, la opción de un vestido liso y bien estructurado, que acompañe su figura, es ideal. Los accesorios cuestan menos y pueden levantar el look, sin quitarle protagonismo a la novia. No todos los vestidos tienen que tener pedrería ni siluetas clásicas, no enfatizan todos los tipos de cuerpo tampoco, hay más opciones que pueden considerarse.

¿Cómo impactó el COVID a tu negocio?

Tuve que cerrar el atelier desde el 16 de marzo hasta julio, como muchos otros negocios. Esperar a que se reactive fue complicado. Como mi rubro es bodas, moda, entonces todo se postergó. El golpe en esos meses fue duro también porque todas las novias tuvieron que modificar sus fechas.

Al principio, me confié porque pensé que todos íbamos a cuidarnos y listo, a los dos meses todo iba a pasar; obviamente, el resultado fue otro. Y, gracias a Dios… iba a decir por suerte pero no creo en la suerte… justo antes de entrar en cuarentena, lancé una colección para la marca Revelación, mi línea casual. Se vendió todo en plena cuarentena. Eso equilibró un poco mi economía, ayudó a compensar en cierta parte los gastos del atelier (Red Flower) así como de mi otra marca (bodas).

De aquí en adelante, el sector se está reactivando. De hecho, mucha gente se está casando pero por bodas civiles. Lo que es boda religiosa, se ha postergado para 2021. Considero que esto es espectacular para mí pero, al mismo tiempo, me doy cuenta del gran reto que me espera: nos van a faltar manos para hacer tantos vestidos. 

¿Qué decisiones has tomado o contemplado para revitalizar tu negocio?

He decidido mantener mis proyectos, los que ya había previsto para este año. Muchas colegas, amigas, cerraron o cambiaron de rubro. Muchas me dijeron que no siga con esto pero decidí no ceder. Me dedico a diseñar vestidos para mujeres decididas, capaces y fuertes: tengo que predicar con el ejemplo. Decidí continuar y organizar una sesión editorial en cuarentena, desde casa, con amigos profesionales y una pareja de novios.

Quiero brindar más, ser más completa. Creo que tengo la oportunidad ahora ya que, mientras muchas otras profesionales en mi industria se han rendido, yo me he mantenido. Si prevalesco en medio de estos momentos, voy a asegurar una mejor posición para mi marca de aquí en adelante.

¿Cuáles son las nuevas tendencias en vestidos de novia?

Usualmente, cuando de tendencias se trata, lo que pasó unos meses atrás o el año pasado en Europa viene aquí. Se vienen los vestidos lisos, sobrios, distinguidos, fachosos, pero que a pocas mujeres les quedan. Tienen que tener unas curvas muy marcadas, caderas muy redonditas, quiebre fino en la espalda. El enfoque principal han de ser los accesorios, los tocados, el calzado.

¿Cómo ha cambiado el mercado de bodas?

Algunas diseñadoras han decidido cambiar de giro, otras, han optado por darse un descanso, incluso de las redes sociales de su marca y no actualizar contenido. Otras personas recién se han reactivado desde hace un mes a la fecha.

Con respecto al catering, los organizadores que hacen La Hora Loca, las wedding planners, creo que se llevan la parte más complicada. Una de mis amigas, antes wedding planner y organizadora, tuvo que abandonar esta actividad para dedicarse a los arreglos florales para altares y a los bouquets para novias.

Otra empresa, muy conocida a nivel nacional, que casi manejaba el mercado a nivel monopolio debido a su increíble ejecución, es la de un amigo mío, Gonzalo de Ingenio. Ingenio se dedicaba a realizar grandes espectáculos muy puntuales: hacían todo tipo de Horas Locas, con temáticas muy variadas. Pero, claro, como ya no hay bodas con fiesta, por ende, tampoco hay Hora Loca. Entonces, ellos también han cambiado de rubro y ahora dictan clases de salsa y bachata, algo muy diferente a su giro original.

¿Cuáles son tus planes a futuro?

A mediano plazo, tengo planes para el próximo año. Me contactan mucho del norte por lo que quiero abrir más sedes. Tengo la posibilidad de movilizarme hacia el norte. Había pensado en hacerlo en enero pero creo que es más posible que lo haga en marzo. Seguiré creciendo y enriqueciendo mi marca, con el objetivo de que trascienda mi propia vida. Mi objetivo es que, incluso cuando yo ya no esté, mi marca continúe haciendo felices a muchas mujeres.

Tengo otro gran proyecto que parece que es muy fácil de realizar para otras colegas pero a mí me cuesta un poco más: y es el de mostrarme. Yo no he dado la cara a mi marca. Siempre creí que esas fotos geniales, donde salen mis novias con mis, sus, vestidos en sus bodas, es lo que la gente buscaba: pero también entiendo que, por un tema de marketing, debo salir yo a transmitir. No es suficiente con dejar videos o escritos para que otras personas digan lo que yo quiero decir. Son mis ideas, mi nombre es la marca, presentarme formalmente es parte de mi próximo proyecto.

Esos dos son mis planes más próximos. Por supuesto, también planeo seguir creciendo. Voy a lanzar nuevas colecciones, como casacas jean bordadas para novias, velos, desfiles privados grabados en mi atelier, y más. No es parte de mi personalidad hablar sobre cosas que aún no he hecho, y por ende esto es muy especial para mí: ahora que he compartido mis planes con otros, es un compromiso para mí cumplir con todo lo que he declarado. 

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